Categoría: Arqueología light

Celtas: antes muertos que sencillos

Celtas: antes muertos que sencillos

Tanto si te animas a vestirte de astur, castrexo o cántabro para alguna recreación histórica, o si te lías la manta a la cabeza y te da por escribir una novela de las Guerras Astur-cántabras, como yo, al final descubres que a nuestros ancestros les gustaba lucirse, y sabían cómo hacerlo. Y es que los celtas podían ser algo espartanos para algunas cosas si los comparamos con los romanos ( vestidos, telas, decoración de la casa, etc.) pero eso sí : para salir a la calle, antes muertos que sencillos.

Nada de «fofisanos»

Tanto ellos como ellas se preocupaban mucho de su imagen personal. Estar en forma era algo elemental y de hecho, Estrabón nos comenta en su obra de Geografía I que estaba mal visto en los hombres lucir barriguita cervecera. Era signo de debilidad y falta de disciplina. No debía ser muy práctico a la hora de desenvainar la espada de antenas, más que nada porque si la circunferencia de la barriga era importante, la espada quedaba fuera del campo de visión (estoy exagerando, jeje)

El último que me llamó gordo acabó con las sandalias a 10 km del cuerpo.

Pelazo al viento

También estaba de moda llevar pelazo, con independecia del sexo. Ya sabéis, donde esté una melena al viento del norte, que se quite lo demás. Ellas acostumbraban a trenzarlo, y se cree que en función de su estado civil llevaban el recogido de una u otra manera. Ellos, por su parte, se ponían una cinta para ir a guerrear, por esto de que la magia de su melena no era muy práctica en combate. ¿O sí? No consigo encontrar dónde lo escuché o leí (la memoria de madre de mellizas brilla por su ausencia), pero creo que los lusitanos iban desnudos a combate, agitando su cabello trenzado para impresionar al enemigo. (Por favor, ¿alguien me puede ayudar con esto? juro que lo leí en alguna parte, no lo soñé)

Pelazo al viento. (Brave, de Disney Pixar)

Si el cuerpo no acompaña…

Supongo que como ahora, no todos cumplían con los cánones de belleza corporal de la época. Si esa barriguita cervecera no se va ni con cien abdominales al día o en lugar de pelazo, se le veía el cartón, un celta siempre podía desviar la atención con complementos varios. Para ello, los más pudientes contaban con algunos recursos. Toma nota:

Para ellas

  • Pendientes y arracadas
Pendientes no aptos para orejas sensibles.
Pieza del Tesorillo de Arrabalde, Zamora

Unos buenos pendientes siempre ayudan. Si además son de oro, mejor que mejor: dan brillo al rostro y pegan con todo. Si además pesaban medio kilo cada uno, te hacían efecto lifting. Sólo presentan una salvedad: como los lleves a diario acabarás pisándote los lóbulos.

Para ellos

  • Cinturones

Un cinturón marca la diferencia. Piénsalo: si la curva de la felicidad se niega a enderezarse, lo más sensato es lucirla con un buen cinturón chapado en oro y repujado con esmero para deslumbrar a todos esos envidiosos que te miran.

Este Tesorillo de Arrabalde me está dando mucho juego. Se parece a una rana, ¿verdad?

Unisex

Bueno, aquí te incluyo complementos que creo que podrían apañar a ambos sexos. Los torques, las fíbulas, diademas ceremoniales, etc.

  • Torques

Los torques, son signo de poder social, político y de poderío económico. Además se especula que según la tribu, se decoraban con detalles muy característicos de cada tribu o clan, de manera que es posible que pudieran saber de quien eres por la forma de tu torque. Eso sí, te aviso: los torques hay que ganárselos, ¿eh? Son una distinción de honor, debes estar a la altura. Te recomiendo que visites la web de Celtica hispana, donde se profundiza un poco más sobre este maravilloso complemento.

Torques, pieza de la orfebrería castreña, perteneciente al conjunto denominado Joyas de Ribadeo.
  • Fíbulas

Este es un elemento indispensable para él y para ella. Sin las fíbulas no eran capaces de sujetar las telas de su atuendo apropiadamente y mantenerlas en el sitio. (Los botones no llegaron hasta la edad media). Solían ponérselas al hombro. Hay infinidad de modelos, dependiendo de la época histórica, pero los que más me gustan son los de Caballito (he visto otras fíbulas zoomorfas, con forma de lagarto, pero las de caballito son mucho más populares: el caballo es signo de estatus social elevado, sólo las clases altas iban a caballo), de Torrecilla, quizás las más sencillas en su elaboración, y cómo no, las fíbulas de Omega, pero creo que estas últimas se ponen de moda tras la conquista romana (Otra vez mi memoria pega chispazos… )

Si quieres ver cómo se ponen, te pongo un ejemplo con fíbula de Omega o anular:

Un ejemplo de cómo poner la fíbula. El paisano está clavado como una estaca, no sea que la jefa le haga un piercing nuevo en el pezón.
  • Anillos

Es una pieza de adorno para todo el mundo, lo que sospecho es que no es tan fácil encontrarlos en buen estado, ya que son piezas de metal muy finas.

  • Diademas

Hay una diadema muy especial, que desconozco cómo quedaría puesta, pero eso seguro que se llevaba el protagonismo y lo del pelazo quedaba en segundo plano. Está a la altura del caldero de Gundestrup, y algún día, la veré con mis propios ojos, (bueno, los cachos que quedan de ella)

Se trata de la Diadema de Moñes, y es un complemento para ocasiones muy muy especiales. Algo ideal para ir a sacrificios, funerales, rituales de iniciación, etc… No es para ir a comprar el pan. No me seas ostentos@

Se encuentra en el Museo arqueológico nacional. Se halló en Moñes, conejo de Piloña
  • Brazaletes

Más chic, no se puede ser. Unos buenos brazaletes, ya sean de oro o de plata, estilizan la figura y ocultan manchas y brazos peludos. Y si tienen forma zoomorfa, te dotan además de protección extra para tus eventos más importantes. De nuevo recurro al tesorillo de Arrabalde, que de tesorillo nada. Ya me gustaría a mí encontrarme con una sola pieza del tesorillo.

¿Ves las cabezas de serpiente a 3 vueltas desde los extremos?

Fíjate en el repujado y el trabajo que tiene la pieza. Es para quedarse embobado mirándolo.


¿Vamos de compras?

Sujeta la visa, que nos conocemos…

Actualmente hay muchos artesanos que se dedican a reproducir las piezas halladas en los yacimientos arqueológicos. Torques, fíbulas, brazaletes, y demás están ahora al alcance de todo el mundo con sólo un clic y una visa.

Hasta los museos arqueológicos hacen negocio, ¿qué te pensabas tú?

Pero recuerda, no te excedas, de lo contrario te pasarás al bando íbero, que eran muy de excesos. (Es bromita, jejeje)

La última reflexión

Los complementos dan mucho juego, tanto en novelas como en recreaciones históricas. Conocerlos da información muy interesante y si sabes jugar con ellos, nadie notará que esta operación bikini no llegó a buen puerto, o que se te ven las ideas en una recreación… Sólo quería cerrar el post con una reflexión un poquito más seria: hay una constante en el arte céltico de todas las naciones celtas, y en la orfebrería se deja notar con claridad: las formas, sobre todo en las figuras zoomorfas, tienen una estética muy característica: las extremidades suelen ser esbeltas y estilizadas, mientras que los cuerpos suelen ser más rechonchitos. Fíjate la próxima vez que te asomes a un museo.

¿Y tu? ¿vas a ir como los celtas: antes muerto que sencillo? ¿o lo dejas para otro año? Qué harías si te encuentras con un tesorillo como el que se encontraron en Arrabalde?


Imagen principal obtenida de «Misskekas.blogspot.com«

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Arde Lucus. Crónicas de un cazador de Leyendas

Arde Lucus. Crónicas de un cazador de Leyendas

Fran Rivas estuvo allí y captó la esencia del «encuentro» entre Galaicos y Romanos.

Este viernes toca hablar de Lugo (Lucus Augusta) y de cómo la ciudad se vuelca en la recreación de uno de los episodios más decisivos de su historia: su fundación.

Según la wikipedia, Lugo es el asentamiento urbano más antiguo de Galicia, y fue fundado cuando los romanos se apostaron junto al castro galaico que había allí antes de la invasión. Es decir, en el 25 a.C., en plenas Guerras Astur-Cántabras, montaron el campamento a los pies del castro. Dicho campamento fue ganando importancia con el paso de los años y a partir del año 50 d.C. muchos de los galaicos de castros contiguos se desplazaron a Lucus, que ahora ya era Augusta (ya sabes, los romanos fueron excelentes ingenieros, estrategas y marketing managers: Augusto se metió a todos en el bolsillo adoptando el papel del dios Lug).

Marié, no mezcles churras con merinas

¡Ah! Quizás no lo sabías. Pues te lo aclaro: Lucus viene de la palabra LUG, el nombre del dios celta, al que presuntamente venerarían los galaicos del castro junto al cual se apostaron los romanos. Una forma de ser el influencer más brutal de la época entre los castreños (una vez ganada la guerra) era conseguir que te siguieran con un juramento de fidelidad o Devotio. Nada mejor que asumir las cualidades del dios Lug (no olvidemos que el emperador tenía estatus divino) para convertirse en su jefe supremo.

Por cierto, este Augusto hizo lo mismo en Lyon, Francia. En tiempos de los galos se llamaba Lugodunon y el resto de la historia acaba más o menos igual).

«Pa tí», divino César Augusto, Lug para los de Gallaecia.

Los cazadores de leyendas están por doquier…

Pues sí. Castellón pilla un poco lejos de Lugo y la verdad es que como tengo mucho morro, pedí por favor que si algún cazador de leyendas se personaba en Arde Lucus, me hiciera un reportaje a todo color y me contara la experiencia. Fran Rivas se prestó voluntario, y aquí os dejo algunas de las instantáneas del evento.

Desfile Arde Lucus
Lugo se vuelca con las celebraciones de Arde Lucus

La verdad es que me hizo mucha ilusión que se prestase a ser mis ojos en Lugo, porque me hizo pensar que en realidad los norteños estamos conectados y al final, el amor por nuestro pasado prerromano nos une de alguna manera.

Es que cuando hacemos piña, me toca la fibra. Soy así.

Pero antes, déjame contarte qué es Arde Lucus y porqué es tan especial

Desde el 2002, el casco antiguo de Lugo se transforma por unos días en un hervidero de gente que rememora, a los pies de las murallas romanas, su pasado ancestral. Se trata pues del mayor festival de recreacionismo histórico de Galicia por varios motivos.

La ciudad se lo toma muy en serio, y desde el ayuntamiento, los colegios, asociaciones o clubs deportivos; todos arriman el hombro para que la experiencia recreacionista tenga el éxito que ha ido acuñando a lo largo de estos años. Y es que la fiesta ha adquirido el distintivo de Fiesta de Interés turístico Nacional. Se nota que invierten aproximadamente 250.000 € en patrocinar el evento.

Cuando uno va al Arde Lucus, no es extraño que se tope con todo tipo de sorpresas por las calles. Esos días, los legionarios, los clanes celtas y algún que otro ser mitológico campan a sus anchas por las calles de Lugo.

La oferta de ocio se distribuye en cuatro sectores

Si te desplazas por la ciudad, podrás ver cómo la fiesta se concentra en cuatro puntos clave:

  • Macellum: se trata del mercado ambientado en la época de galaicos y romanos. Allí podrás encontrar un sinfín de productos artesanales, curiosidades, ambientación en vivo… No te deja indiferente.
  • Castra de LUCUS AUGUSTI: es el punto neurálgico del bando romano. Allí podrás respirar el ambiente de un campamento romano y codearte con algún centurión, ¡quién sabe!
  • CIRCUS: Si hay más de un romano, da por sentado que habrá circo. Arde Lucus no iba a ser menos, y en fín, los gladiadores lo dan todo en la arena, pero cuentan que en realidad, es el público del circo el verdadero protagonista…
  • Asentamiento Galaico: los galaicos te recibirán con los brazos abiertos en su campamento de Trebas galaicas. Descubrirás cómo era la Gallaecia antes de la llegada de los romanos.

La guinda del pastel

Las bodas y los bautizos son motivo de alegría (bueno, casi siempre); Y eso es así, ahora y hace dos mil años. Qué mejor manera de aprovechar el viaje en el tiempo de Lucus Augusta para celebrar las bodas de plata como los romanos o realizar un bautizo al modo celta? En Arde Lucus es posible.

Ritual boda celta
Foto extraída de El País

Detalles del desfile

Fran pudo grabar algunos extractos del desfile, y la verdad es que da una idea de lo currados que estaban los atuendos de uno y otro bando. Espero que con esta iniciativa se incentive el amor por la cultura durante mucho tiempo.

Legionarios en Arde Lucus 2019
Patricias en Arde Lucus 2019

Si pinchas aquí verás el último video, que por problemas técnicos, no puedo incrustar como el resto. En él se ve desfilar al grupo de Astures de Astorga, asociación invitada al evento.

El recreacionismo histórico y la conservación de la memoria

Para acabar, quería reflexionar sobre algo que parece baladí, pero que encierra una de las claves para saber de dónde venimos y hacia donde queremos ir. Puede que el recreacionismo histórico sea, para mucha gente, una payasada o una excusa para pasarlo bien y frikear. Pero en el fondo, la intención de aquel que se lo toma en serio, es honrar a sus antepasados y compartir el orgullo de ser su descendiente con muchos otros. El sentimiento de unidad se palpa en el ambiente, y ¿qué quieres que te diga? ¿a caso no es uno de los sentimientos más bonitos que puede experimentar el ser humano? Con estas iniciativas, los participantes comparten una memoria colectiva y gracias a ello, se valora mucho más la trayectoria de su pueblo.

Dicen que para saber a dónde quieres llegar, primero tienes que saber de dónde partes.

Anónimo

¿YA sabes de dónde partes tú? ¿Cuánto sabes de tus ancestros? ¿Te animarías a participar en una recreación histórica?

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Y si quieres ser un cazador de leyendas como Fran, contacta conmigo.

(Foto principal de Dani Vázquez)

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Crónica de una digestión en la Campa Torres

Crónica de una digestión en la Campa Torres

El verano pasado me propuse aprovechar de verdad las vacaciones y personarme en castros y yacimientos arqueológicos para ambientar mi novela, Las Nieblas del Tsuna. ¿Porqué? ¿No era suficiente con visitar la web? Pues mira, no. Las sensaciones que te transmiten estos emplazamientos no te lo cuentan las guías ni las webs ni los libros. Es una experiencia única e intransferible. Así que cogí al pariento del brazo y salimos de ruta desde Mallo de Luna. (cabe puntualizar que luego me tocó ir con él de Scape Rooms a Avilés, Ourense y demás… no me salió gratis)

Al final visité el castro de Santa Tegra, en Galicia en una escapada de fin de semana, y el de Noega (justo al lado de Gijón) otro finde. De ambos me llevo recuerdos maravillosos, pero en esta entrada te contaré porqué debes visitar el castro de Noega, en la Campa Torres, Gijón. El de Santa Tegra tendrá su propia entrada más adelante. De hecho pienso hacer un ranking cuando tenga visitados unos cuantos, no «sus preocupéis».

Comenzamos la aventura en Gijón

Bueno, pues después de ponernos las botas en Gigia (nombre que dieron los romanos a su asentamiento de Gijón), decidimos que era el momento de bajar la comida paseando por el museo de la Campa Torres.

Al principio pensé que el GPS del móvil se había escacharrado. Conforme nos alejábamos del casco urbano, las calles comenzaron a estrecharse y a empinarse, y pronto nos vimos subiendo curvas en horquilla a lo Carlos Sainz.

Mapa de la ruta a La Campa Torres por el puerto
Por cierto, comimos en Pomares, y estuvo muy bueno todo.

Al llegar a nuestro destino, me quedé patidifusa. No podía apartar la vista de los enormes depósitos de gas que presidían el saliente costero de La Campa Torres, y la nariz me recordaba que lo que había ahí dentro no era precisamente inerte. Pero en fin, lo que iba a descubrir en el yacimiento arqueológico eclipsaría la presencia de esas burbujas llenas de peligro.

Depósitos de Gas de la Campa Torres
El guardia del museo se cubrió de gloria cuando dijo que hace poco pillaron a uno con una mochila llena de explosivos

Una vez le dimos la espalda deliberadamente a las bombonas, comenzamos a vislumbrar lo que sería uno de los asentamientos astures transmontanos más importantes: el Castro de Noega. Tras dejar atrás la recepción del museo, con nuestros folletos en mano, tomamos el camino cuesta arriba ( y yo con aquella panzada de Pomares, que me las vi y me las deseé) que nos llevaría al asentamiento astur.

Lo primero que nos encontramos fueron las estructuras de la muralla que cortaba el único acceso al castro por tierra, ya que se encontraba situado en una pequeña península.

Castro de Noega vista aérea
Vista aérea del castro de Noega. Las murallas no salen, estarían en la parte inferior derecha de la foto.

Se trataba de una muralla hecha a «módulos» que se encajaba y jugaba con los cambios de nivel del terreno. Parece ser que las hacían a «cachos» porque así evitaban arrastrar el derrumbe en toda la estructura durante los asedios. Después, aluciné con la profundidad del foso, hecho con forma de V, que en algunos puntos alcanzaba los cuatro metros. Desde luego se habían tomado muchas molestias para proteger adecuadamente su pueblo, nadie se lo podía negar. Cuesta ponerse en situación de asedios y ataques cuando una no ha conocido la guerra, y estas murallas son el recuerdo de cómo se las gastaban en la edad del Hierro.

Muro del Castro de Noega
No, no es el muro de Adriano. Es la muralla modular del castro de Noega

A medida que seguíamos un caminito de piedra donde nos iban indicando qué es lo que teníamos delante, nos dimos cuenta de la verdadera dimensión del castro. La explanada era enorme, y a lo lejos vimos el edificio del museo, totalmente integrado en el conjunto natural del parque. Tan integrado, que está cubierto en su totalidad por un manto de pradera, como las casas de los Hobbits. Ese detalle me encantó.

El viento era una constante indiscutible a cada paso que dábamos, y aunque era verano y no llovió, me hice una idea de lo duro que debía ser vivir allí en invierno, en pleno temporal, con mar arbolada. No pude evitar pensar que debía valer la pena mantenerse apostados allí, en aquel apéndice inexpugnable. Poco a poco íbamos dejando atrás la muralla y mi ansia iba en aumento. Quería ver con mis ojos, sentir en mi piel y escuchar lo mismo que los astures de Noega, y ya quedaba menos.

El castro era una mezcla de restos astures y romanos

No me hizo falta saber mucho de arqueología para apreciar que había dos tipos de estructuras bien diferenciadas. Por un lado, las romanas: con su planta rectangular, dispuestas de manera ordenada, creo recordar. Por el otro, las bases circulares, similares a las que vi en Santa Tegra, pero mucho menos visibles. Claro, una vez absorbido por el Imperio Romano, el castro comenzó a transformarse a tenor de las costumbres del conquistador. Me llamó también mucho la atención la cantidad de pozos que había excavados. Algunos conservaban los escalones para bajar a por el agua, que al parecer, en caso de asedio, debía escasear en el asentamiento.

Ya cerquita del museo, había una casa castreña, esta vez bien reconstruida. Pero fuimos un poco desafortunados y no pudimos verla por dentro, ya que el día anterior habían hecho una recreación histórica y tenían allí guardados todos los enseres del evento. Así, que decidimos entrar en el museo. La guía fue de lo más amable y como fuimos a horas intempestivas (la hora de la siesta, y yo con mi panzada de la sidrería Pomares), la tuvimos para nosotros solos.

El museo: una caja de sorpresas

En el museo te explican de manera muy amena, con vídeos y recreaciones, cómo era la vida de los ástures. En él se encuentran piezas halladas en el castro que revelan la actividad metalúrgica de los cilúrnigos, o lo que es lo mismo, los «caldereros», que es como se llamaba este clan de ástures lugones. Vimos también que había piezas de cerámica, enseres, fíbulas en buen estado, piezas de origen extranjero que indicaban un comercio con el exterior bastante intenso, etc.

museo arqueológico de la campa Torres
Un rincón del museo

Como era de esperar, los romanos también dejaron su impronta con objetos varios, entre los que destaca una inscripción en piedra bastante grande en la que se dedican alabanzas y glorias a Cesar Augusto, cómo no. Al margen de este monolito, me encantó el ara (esquela en piedra) de un soldado ástur muerto en combate al servicio del imperio romano. También se puede observar la indumentaria de los romanos con todo lujo de detalles gracias a las reproducciones cedidas por la asociación cultural Kérberos.

Indumentaria Legionario romano astur
Modelitos marciales del s. I D.C.

Si todo ello lo aderezamos con un material audiovisual muy completo, la visita se hace muy amena y una sale de allí con una idea mucho más precisa de quiénes eran los cilúrnigos, qué hacían allí y cómo los absorbió Roma. Si te sobran los cuartos, el museo cuenta además con publicaciones propias, ya sea en forma de obras de divulgación, como cuadernillos de estudiante (yo me compré uno, jejeje). Y se me olvidaba: si no recuerdo mal, tenían hasta reproducciones de piezas encontradas allí que podías comprar.

La visita no acaba ahí

¿Te has quedado con ganas de más? pues mira, si sigues caminando, a ver si te baja la panzada (como a mí), te encuentras con el museo dedicado al faro de la Campa Torres, con datos súper interesantes que describen cómo vivían los fareros, cómo se construyó el faro, la actividad ballenera, etc. Además hay un observatorio de aves marinas, y ya de paso las vistas son espectaculares (bueno, mejor mirar hacia la izquierda. A la derecha está el puerto de Gijón y los montones de carbón, cosa que le quita el encanto…).

¿Vale la pena visitar el parque arqueológico?

Pues sí. y te lo resumo en tres aspectos:

  • El valor arqueológico es incalculable. El museo está muy bien planteado y se aprende un montón.
  • El entorno es mágico: La Campa Torres se revela como un balcón al mar, resistiendo viento y marea y al paso de los años. La naturaleza da allí su do de pecho.
  • La visita al faro completa el pack y hace que en conjunto, la excursión sea redonda.
  • Va, un cuarto punto de regalo: se camina un buen rato. Así que es fácil bajar la comida, como hice yo. ¿Os he dicho ya que comí en la sidrería Pomares? jajaja

Espero haberte convencido para que visites el museo, si es que te pasas por Gijón, y si ya lo visitaste, ¡quiero saber tu opinión!. Hasta aquí mi post de hoy, cazadores de leyendas norteñas.

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La Covada. El polémico piel con piel Norteño

La Covada. El polémico piel con piel Norteño

Esta semana ha sido muy curiosa. Ya son cuatro las personas que se quedan a cuadros cuando les digo que soy madre de gemelas. De tres años; en agosto: cuatro.

–¡Me parecías muy joven! –me dicen algunos. Otros siguen en estado catatónico intentando averiguar mi edad aproximada para luego calcular a qué edad fui madre, y esas cosas.

la covada
Esta es la geta que ponen, más o menos. No les cuadra en la cabeza cuando les digo que soy madre de gemelas.

Si os digo la verdad, en mi cabeza parece que fue hace mil lustros cuando mis dos pequeñas llegaron al mundo un Lughnassad de Súper Luna Azul. Como buen parto múltiple con prematuras, me las sacaron por cesárea (No programada). Llevaba unos cinco meses practicando posturitas y ritmos de respiración, así como escuchando qué esperar de un parto y qué no. Como os podéis imaginar, una se había creado sus expectativas y ya me había hecho una idea de cómo me hubiera gustado que fuera el alumbramiento. Pero bueno, al grano: en mi caso, por cuestiones de protocolo, no nos dejaron hacer el archi-reconocido «piel con piel» que tantos beneficios aporta a todos los miembros implicados: bebé, mama y también papá. Eso es lo que me habían vendido una y otra vez, como la garantía de que si lo hacía, todo lo demás iría como la seda. La naturaleza era así.

Me pillé un cabreo monumental

Cuando descubrí que ni siquiera a mi marido le habían permitido realizar el piel con piel. Estaba claro que yo, que estaba como buena guerrera ástur capturada por los romanos (crucificada y abierta en canal), no pasaba por mi mejor momento para tener a las niñas encima, pero jamás pensé que no dejarían que el padre de mis niñas gozara de dicha práctica. Por lo que nos dijeron en el hospital, si los bebés pesan menos de dos kilos, tienen que ir a la incubadora directos. Las mías pesaban dos kilos justos cada una, así que se las llevaron. Con el tiempo, un día descubrí que el piel con piel influye tanto en la relación con la madre como en el desarrollo físico y emocional del bebé hasta en su etapa adulta. Siempre me queda el consuelo de pensar que si me salen unas ovejas negras, fue culpa del protocolo del hospital.

Aquí no hubo piel con piel. Está clarísimo.

¿Y cómo se lo montaban los ástures tras dar a luz?

Eso mismo me pregunté yo un día que estaba mirando las fotos de la salida del hospital con mis leonas. Jamás me imaginé lo que me encontraría. De verdad. Comencé a leer la palabra COVADA en varios artículos y descubrí un ámbito totalmente desconocido de nuestros antepasados que todavía a mitad del siglo XIX consiguió mantenerse en la Maragatería y zonas de Cantabria y País Vasco. Atent@s, que voy:

–Maritrini, me está subiendo la leche… tráeme unos apósitos, mi amor.
(imagen extraída de Maternalias)

Imagina que das a luz, sin epidural ni milongas de esas. Un trabajo de parto a la antigua, con las que pilotan del tema en tu castro echándote un cable mientras el pequeño bebé norteño llega al mundo. Bien, imagina ahora que todo sale bien y de repente, en vez de coger a tu bebé en brazos para verle la carita y amamantarlo, llaman al padre para que se acueste en el catre marital con el recién nacido para darle calorcito y mimarlo durante las primeras horas. A ti te dan un bocadillo para que no te dé la pájara mientras sigues con tus quehaceres habituales en el campo, la casa, la cocina… Cero atenciones, chata. De hecho, si te descuidas, el padre del retoño fingirá ser él quien ha parido al bebé y serás tú la que tiene que dedicarle todo tipo de atenciones.

Hay varias teorías para explicar la Covada

¡¿Pero por qué?! ¿Por qué esta vuelta de tuerca? ¿Estaban locos los antiguos norteños? ¿Es que a caso tenían poderes sobrenaturales aquellas mujeres? ¿Qué pasa con el instinto maternal?
No me podía quedar con aquella duda. Tras documentarme vi que había varias interpretaciones:

  • Es un reflejo de la transición de sociedad matriarcal a sociedad patriarcal. Podría decirse que con esta práctica, el hombre reclama el espacio «mágico y sagrado» exclusivo de las mujeres y lo hace suyo, reivindicando así ser el eje de todo.
  • Es una manera de reconocer al bebé como propio y estrechar vínculos los primeros días. Esta teoría iría en consonancia con las tradiciones de las sociedades indoeuropeas. Recuerda que celtas, griegos, incluso los romanos, son de origen indoeuropeo ( esto da para otra entrada). Me consta que los romanos no practicaban la covada, pero sí dependía del padre reconocer como propio al hijo. Esto lo descubrí mientras estudiaba cómo trataba el Imperio Romano a los discapacitados. Por lo general, cuando un bebé venía al mundo, el padre lo posaba en sus rodillas y le adjudicaba un nombre. Si tenía alguna discapacidad, el padre estaba en el derecho de repudiarlo. (Por cierto, de aquí viene la explicación de porqué tradicionalmente llevamos el apellido de nuestro padre en primer lugar). Pero la cosa no queda aquí. Aún hay más.
  • La más benévola de todas: el padre se hacía pasar por la madre para despistar el mal fario de los espíritus. Recordemos que los partos complicados y postpartos eran una de las principales causas de mortalidad en la población femenina.

La covada no es exclusiva de las etnias indoeuropeas

Al parecer, la primera interpretación es general a muchas culturas a lo largo y ancho del mapa, que en un momento dado viran hacia el patriarcalismo cuando la agricultura hace aparición en la vida del ser humano. Así nos encontramos la práctica de la covada en algunas etnias de América del Sur, Nueva Guinea, México, La Guayana, Japón, etc. Pero de entre todas, me quedo con la práctica de los indios Huichol. Cuando la parturienta se ponía a sufrir las embestidas de las contracciones, su señor consorte se subía a la viga de la choza, justo a la altura de la susodicha, y se ataba un cordel a los cataplines. Entonces ella, desde abajo, con cordel en mano, podría tirar de la cuerda en cada contracción. ¡Así, sí! perdona, así sí te mereces un lugar de honor en el proceso.

¡Maritriniiiiii! ¡que me van a rozar el sueloooo!

La covada hoy en día

Bueno, es una práctica casi desaparecida, pero que explica muchas cosas de nuestra cultura que damos por hecho. En la cultura Vasca, por ejemplo, la etimología explica, con la práctica de la covada, la formación de las familias, las jerarquías matrilineales y con ello la forma de llamar a los parientes en función de si venían de la parte materna o paterna.

Lo que sí se lleva, en la sociedad occidental, es acompañar de manera consciente en el embarazo y el parto a la madre. Los padres están tomando un papel mucho más activo que sus predecesores, lo cual, se agradece. Algunos hasta desarrollan el Síndrome de la Covada, en el que el padre desarrolla los síntomas del embarazo y engorda tanto como ella… Me temo que algunas cosas no cambian nunca.

He aquí un caso real…

Todavía no sé si meterlo en la novela

La verdad es que sería un guiño muy interesante en Las Nieblas del Tsuna, porque es algo que estoy segura de que chocaría al lector y lo dejaría pensando. De lo que estoy segura es que aparecerá, si no es en la novela, en algún relato. Estad atentos porque no tardaré mucho.

Si quieres saber más, te recomiendo estas webs

¿Y tú? ¿Conocías la covada? ¿Qué opinas al respecto? ¡hazte oír!

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Casas Castreñas. ¿Ecología milenaria?

Casas Castreñas. ¿Ecología milenaria?

¡Pues claro que sí!

Estaba yo ayer escribiendo una escena de cama en Las Nieblsa del Tsuna, y claro, ya sabéis que en los momentos amorosos el ambiente influye. Para bien o para mal, pero influye. Humedad relativa, iluminación, temperatura, aroma, espacio disponible, intimidad, opciones de aseo personal, vistas, ruidos de los vecinos… Vamos, que no es lo mismo arrimar la cebolleta en un hotel de cinco estrellas que en el descansillo de tu edificio. La pregunta es: ¿Y en las casas castreñas?

Teitos y Pallozas, casa castreña
El ambiente debía tener un toque de Vikings, seguro. ¡Ay! Ragnar… Se iban a empañar hasta las piedras.

En este caso la escena transcurría en una casa castreña, la construcción madre de los Teitos y las Pallozas. Éstas últimas heredan la misma idea estructural, el mismo uso de los materiales de construcción y las mismas prestaciones de una casa castreña, porque… si algo funciona, ¿Para qué cambiarlo? Las pallozas y los teitos son «fósiles arquitectónicos» que perduraron en zonas muy determinadas del noroeste peninsular, donde el aislamiento y las condiciones de vida facilitaron esa conservación hasta nuestros días.

La primera vez que vi un teito fue en la braña de Somiedo, en una excursión familiar muy mejorable. ¿A quién se le ocurre ir monte arriba en pleno agosto a medio día? ¡Y se supone que somos de campo! para rematar la jugada, íbamos sin agua. Cualquiera en estas circunstancias vería el paisaje bajo un prisma «algo negativo». Aún así, os tengo que decir que los teitos me impresionaron. En serio, no podía dejar de admirar aquellos techos hechos de paja o de escoba. La estampa de aquellas casas enclavadas en un paisaje de alta montaña tenía una fuerza tal, que era capaz de teletransportarme a épocas remotas. Por la puerta podía salir William Wallace en cualquier momento, haciendo un calvo a los turistas. Pero no. Estaban cerradas a cal y canto, puesto que en algunos casos, no todos, todavía se les daba uso.

Me consta que las últimas pallozas habitadas de la cornisa cantábrica, de manera regular, fueron las de la zona de la Cabrera, entre León y Galicia. Hoy en día tan sólo algunas de ellas funcionan como casas rurales con sus pertinentes modificaciones o están destinadas a almacenar paja u otros productos del campos. (Como siempre, si alguien vive en una palloza o teito al estilo tradicional, por favor, que lo deje en comentarios. Estaré más que encantada de escuchar su testimonio)

¿Qué es lo que hace tan especiales a las casas castreñas?

El techo

Formado por un entramado de madera de roble o haya y una cubierta bien gruesa de paja de centeno o escoba, según las materias primas disponibles, el techo constituye el elemento más llamativo de la casa. Además tiene un papel protagonista a la hora de aislar térmicamente el conjunto arquitectónico. Su inclinación siempre es pronunciada, así conseguía deshacerse de la nieve y la lluvia de manera fácil.

Planta de piedra: ovalada, circular o cuadrada

La planta de estas construcciones, se realizaba en piedra, de manera que es este elemento estructural el que ha pervivido en el caso de las casas castreñas. Parece ser que en las zonas más orientales de la cultura castreña (Cantabria), la influencia de la cultura Hallstatt (campos de urnas) y la asimilación de la cultura celtíbera fue más intensa que en la zona galaica o ástur; por tanto, las casas castreñas a partir del 450 a.C. comienzan a mostrarse con planta cuadrada en el oriente. En el occidente se conservan de forma ovalada o circular.

Castro de Vigo, Casa castreña
Castro de Vigo, reconstruído

Prestaciones

Para qué te voy a engañar. No se parece ni de lejos a la lista de prestaciones de una casa promedio. Nada de agua corriente, a penas estaban iluminadas con luz natural (de hecho la luz sólo entraba por la única puerta de acceso), el suelo era tierra apisonada, y la calefacción… pues eso, un hogar en mitad de la planta o en su lugar, un horno situado en una parte de la pared. Te puedes hacer una idea del olor a fogata que podía hacer dentro. Seguramente, estos antepasados nuestros olerían a humo todo el tiempo.

En mi opinión, la escasa lista de prestaciones daba a entender que siempre que se podía, hacían vida fuera, y la casa la usaban sólo para dormir y pasar los meses de inverno como podían. Pero claro, en invierno, poca cosa se podía hacer, así que tirarían de despensa (en la parte superior de la estructura, o en almacenes aledaños) y se contarían mentiras alrededor del fuego mientras se fabricaban mantas con el telar, o vaya usted a saber qué.

Por encima de todo, eran un ejemplo de aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles, y gracias a estas características lograban mantener una temperatura constante de 10ºC aproximadamente. Ten en cuenta que el techo de paja tenía casi 70 cm de espesor y las paredes contaban con 100 cm nada desdeñables. Bastaba encender el hogar, que a la vez servía para cocinar, y la estancia se calentaba sin dificultad. La diferencia de las casas castreñas con las pallozas y los teitos es que éstos últimos eran algo más grandes y permitían encerrar a los animales en espacios separados del resto de la zona habitada, de manera que el calor animal contribuía a mantener la estancia más cálida en invierno.

¿Y porqué dejaron de utilizarse?

Con total seguridad, el motivo era que a la mínima la paja ardía, y más si el techo estaba impregnado de hollín acumulado con el tiempo. Era cuestión de que el fuego se pasara de un teito al otro y ardiera todo el castro. En su tejado de paja se encerraba pues, su ventaja térmica y su talón de Aquiles. Al margen de esto, las prestaciones espartanas que te comenté arriba no ayudaban demasiado a seguir viviendo en una construcción de este estilo. Además, cada 10/20 años era necesario cambiar por completo el techo, así que pereza, daba un rato.

No obstante, en la actualidad…

se estudia volver a los orígenes y aprovechar la paja como material de construcción para alcanzar los objetivos ecoenergéticos. Especialistas en el tema, como Pablo Fernández Ans, aseguran que si se consigue aislar la paja con materiales ignífugos y se refuerza la estructura de madera para que no sea susceptible de incendiarse, los techos de paja se presentan como una alternativa de futuro para las viviendas bioclimáticas. Y esto es porque el la paja, en su momento, absorbió más CO2 del que se genera para calentar la vivienda. En la actualidad los materiales de construcción habituales no son capaces de dar esta eficiencia ecoenergética.

Otra cosa es que queden profesionales que tengan conocimientos suficientes para seguir teitando. Esta labor artesanal se pierde con cada profesional que se jubila o deja este mundo sin pasar sus conocimientos a la siguiente generación. En un mundo ideal, los constructores rescatarían esta técnica de techado y darían trabajo a la población rural, que no sólo participaría en las labores de construcción, sino que además se mantendrían los campos de centeno y la actividad agrícola. En un mundo ideal…

Aquí os dejo un vídeotutorial de como techar un teito o palloza, por si os animáis y os sobra tiempo. Si yo tuviera todo el tiempo y el dinero del mundo, mandaba construir una casina de estas bien maja, sin privarme de nada.

¿y al final qué pasó?

Bueno, si te preguntas si hubo final feliz en la escena de cama, pues sí. Por que al final lo que cuenta es estar juntos, bien arrimaditos, cerca del fuego. Da igual el olor a humo o si el resto de la familia estaba haciéndose la dormida mientras el acto «xexual» se llevaba a cabo… la intimidad está sobrevalorada.

Si, por el contrario, te preguntas si las pallozas y los teitos desaparecerán, creo todo depende de si la industria turística es capaz de integrar su atractivo a la oferta hotelera. De momento algunas casas rurales ya se están desmarcando y ofrecen una alternativa muy atractiva. Yo personalmente me muero por dormir en una palloza, ya no solo por el enclave, si no por la experiencia en sí. A ver si este verano suena la flauta y puedo irme de fin de semana romántico con «el mí amo» a la palloza Baltasar o al complejo de teitos la braña LaCode.

Prometo hacer informe, de la arquitectura. De las escenas de cama, ya es otra historia. Jajaja

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Conoce los GULAG en la Hispania conquistada

Conoce los GULAG en la Hispania conquistada

Estaba yo el otro día en la cama…

curioseando algunas cosas interesantes de las Guerras Ástur- Cántabras en el móvil antes de dormirme. Generalmente me duermo a las diez de la noche con mis hijas, una a cada lado. Pero aquel día logré resistir y me vi con fuerzas de consultar esos documentos infumables de arqueología. Si, son correctos, son concisos, son científicos y son infumables. De vez en cuando alguno consigue llamar tu atención y fuerzas las neuronas para enterarte. En este caso, la palabra GULAG hizo de gancho y no defraudó.

Vale. ¿Qué es un GULAG?

 

Los Gulag más cotizados: los de Siberia. Tranquilos, tranquilos de verdad.

 

He tenido que acudir a la Wikipedia para saber exactamente qué era eso. La definición oficial es: Glavnoye upravleniye ispravitel’no-trudovykh lagerey i koloniy, o como diríamos en cristiano: Dirección General de Campos de Trabajo Correccional y Colonias). Quizás te suene a ruso a pesar de la traducción. Pero si te cuento que era un tipo de campo de concentración al que enviaban a los presos (incómodos para el Régimen Comunista) para morir extenuados a base de trabajos forzados, quizás te vaya sonando más. Yo siempre pensé que los mandaban a Siberia, pero he descubierto en la wikipedia que estaban repartidos a lo largo y ancho de la URSS. Se estima que un total de catorce millones de personas gozaron de las «bondades» del sistema y que murieron al menos un millón de personas en el periodo de mayor intensidad: 1934-1953.

Y qué tiene que ver esto con los romanos, ¿Marié?

repelente

 

Ahora, los que me conocen bien, saben que me preparo para «regalarme» y soltar mi perlita de sabiduría

Pues bastante.  Según José Luis Vicente González, (Investigador del Grupo de Investigación en Genética, Fisiología e Historia Forestal de la Universidad Politécnica de Madrid) los romanos ya habían puesto en práctica su «dirección general de campos de trabajo forzado» tras las Guerras Ástur-Cántabras. En una de sus publicaciones de 2013, el autor documenta con una serie de fotografías de una manera muy contundente cómo algunos restos arqueológicos presentan ciertas peculiaridades que lo explicarían todo. 

 

Posible lo calización de los Castros  en el noroeste de la provincia de León. Algunos de ellos serían posibles GULAG romanos. Imagen propiedad de JL Vicente Gonzalez.

Déjame ponerte en situación

  • Las Guerras habían asolado la población indígena que sí presentó batalla. El resto permaneció en el territorio en calidad de «peregrino» (persona que vivía en territorio imperial pero no gozaba de los derechos ni libertades de los ciudadanos romanos). Según el autor, éste sería el grueso de los recursos humanos en las minas, y serían a su vez los que tributarían al estado en concepto de mano de obra
  • Utilizar esclavos «estatales» para extraer el oro hubiera sido un coste inadmisible. (En este punto me pregunto qué diferencia hay entre costear el mantenimiento de un esclavo y de un preso. Al leerlo no me quedó muy claro)
  • El ORO de las Médulas requería mano de obra para su extracción. Si quedaban pocos, la mitad moriría en los trabajos forzados de las minas debido a las penosas condiciones de vida.
  • Sobraban criminales, prisioneros de guerra, etc, repartidos por todo el imperio. Era necesario «darles uso»
  • Los contingentes militares en Hispania fueron descendiendo en número con el paso del tiempo. Así que era necesario un sistema de optimización de recursos humanos para llevar a cabo las tareas de mantenimiento, construcción, etc.

Si volvemos la mirada a esas fotos del documento, veremos que los hallazgos parecen castros prerromanos por la zona, pero en realidad se diferencian de éstos porque poseen un foso de agua excavado al rededor del castro. Este detalle jamás había sido visto en los castros indígenas, lo que hace suponer que es obra de los romanos. Dichos castros-GULAG mantenían contacto visual entre sí en todo momento (ya lo hacían antes de la Pax Romana), de manera que la vigilancia podía realizarse de una manera mucho más efectiva. 

En resumen

Pongamos que te pillan los guardias cometiendo un crimen. El funcionario de justicia te sentencia a pudrirte trabajando en las minas de oro de Hispania (sentencia muy de moda desde el 23 d.C, qué casualidad, ¿eh?). Al llegar observas que los castros cuentan con un foso de agua que no es defensivo, sino reclusivo. Impide a los prisioneros fugarse de los Castros-Gulag romanos con facilidad. Lo demás es látigo y penurias.

Al menos esta es la hipótesis que sostiene el autor del documento. 

No se si piensas lo mismo, pero esto da para una novelita. ¿Qué te parece? Una fuga, un pacto entre camaradas villanos… ains. Promete.

Déjame un comentario si te ha gustado esta traducción de alto élfico arqueológico al mundano lenguaje de la calle. Y si estás de vago subido, dale al like y comparte, que eso no cuesta nada y para mi es un empujoncillo.

 

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Todos a dieta. ¡Estáis en la Edad de hierro!

Todos a dieta. ¡Estáis en la Edad de hierro!

Como sabrás, estoy metida hasta las cejas en mi novela histórica (Las Nieblas del Tsuna), que transcurre en un periodo convulso y lleno de mal rollo entre los romanos, los ástures y los cántabros. Concretamente me teletransporto al año 20 a.C. y claro, hay que emplearse a fondo en la ambientación. Si quieres saber más sobre este periodo, te invito a leer mi entrada sobre las guerras astur-cántabras. En esta entrada estoy decidida a dejarte buen sabor de boca. ¡Vas a descubrir cual era la dieta de las sociedades castreñas en la Edad del Hierro!

Como los personajes tienen la mala costumbre de alimentarse a diario, he tenido que investigar a cerca de lo que comían en aquella época; no vaya a ser que luego algún lector meticuloso me coja de la oreja y me cante las cuarenta. Si después de leer el libro te vienen unas ganas irrefrenables de adoptar su estilo de vida, aquí te dejo unas indicaciones que valen su peso en oro.

Ese cordero a la estaca me lo hacía yo ahora con gusto…

¿Quieres alimentarte como un ástur/cántabro/galaico?

Bien, en ese caso voy a darte una dieta que ni los hipsters van a poder superar. Coge papel y lápiz porque empezamos:

  • Destierra todo lo que venga de América, principalmente:
    • Pimientos, patatas (si hij@, las patatas no son made in Europe), Tomates (el ketchup también, ¡eeeh!), Calabazas, el chocolate (pensaba dejármelo para el final, por miedo a que no quieras acabar el post, pero me tocaba incluirlo aquí), fresas, aguacates, maíz (si… ese también), es un no parar… 
  • Comienza a hacerte a la idea de que para poder comer carne, tenías que matar al bicho primero. Esto quiere decir que :
  • eres bueno cazando jabalíes, ciervos, rebecos, pájaros, liebres etc. Sin escopeta. (Respect)
fiuuuu
  • eres coleguita del que cazaba bien.
  • cuidas cabras, ovejas, cerdos, caballos y vacas. No se podían matar a la ligera, había que racionarlos, ya que daban mucha faena.
  • Puedes seguir comiendo jamón. Sabían hacer jamones, tranquil@. No todo iba a ser chungo.
  • deberías olvidarte de las gallinas y los pollos. No formaron parte de la granja hasta bien establecidos los romanos. Esos eran fáciles de matar, ¿eh, bandid@…?
Adiós, Nuggets…
  • El pescado marisco eran bien conocidos. No hacía falta que nadie viniera a descubrírselo. Supongo que aquí se te habrá pasado un poco el disgusto del chocolate. 
  • Plantea incorporar alimentos que en la vida se te había pasado por la cabeza comer:
    • Bellotas de encina y roble en todas sus formas: harina, gachas, pan… (gran parte del año basaban su dieta en este producto)
    • Castañas. Eran las reinas del cotarro a falta de patatas. Como apunte anecdótico repelente, te diré que los bosques de castaños eran en muchos casos propiedad real durante la edad media. Imagina la importancia gastronómica y económica de este cultivo.
— Boudica, sácame unas bellotas garrapiñadas y un poco de hidromiel.
  • En cuanto a dulces, la miel era la reina, y era muy cotizada en la dieta del la Edad del Hierro por el elevado precio que suponía ir a cosecharla.
  • Completaban la dieta con todo tipo de frutos secos y legumbres (lentejas, habas, garbanzos, etc.) y verduras, ya que hay evidencias que respaldan la presencia de pequeños huertos aunque los castros estuvieran en alta montaña.

Y de beber, ¿qué?

  • Bebían cerveza e hidromiel. Sabían procesarla pero no era como la que conocemos porque no añadían lúpulo a la mezcla, por lo tanto no tenía burbujitas ni era tan amarga como la de ahora. El vino sabía mejor si era robado. Por eso de vez en cuando bajaban a saquear a los Vacceos, que sí tenían vino. Por otra parte, si se sacrificaba un animal, según Estrabón, te tocaba beber sangre del animal en cuestión. Esto es así, ya te dije que los hipsters nunca podrían superar esto. 
Si te da asquito eso de beber de un cuerno, siempre puedes pillarte uno de estos en Amazon. (por cierto, la vajilla de los ástures era de madera. Por eso no se conservan ejemplos de vasijas de cerámica)

Verás que a los antiguos norteños les iba la comida sencilla, pero de calidad. Estoy segura de que era un aspecto que reflejaba su estilo de vida sobrio y espectacular al mismo tiempo. 

Y hasta aquí me documenté yo. En otro post hablaré de otra cosa súper importante en el día a día: la drogaína que tomaban los pobladores de Ástura, Cantabria y alrededores. Ya os adelanto que el tabaco no estaba de moda por la zona en aquella época, les iban más las setas y otras cosas mágicas.

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Las increíbles saunas castreñas

Las increíbles saunas castreñas

Una sauna (castreña) inesperada

¿Qué? Perdona… ¿Saunas castreñas? ¿he leído bien? ¡¿Pero, cómo?! ¡Si los pobladores de los castros seguro que no se lavaban y olían a choto!

saunas castreñas
Yo me los imaginaba así, con la mugre en plena faena

Como todo, aquello dependería del umbral de roña aceptable de cada individuo. Sin embargo, lo que la gente no suele asociar es a los pobladores de la Edad del Hierro con una higiene periódica, como podría esperarse de los romanos.

En efecto, las saunas castreñas existían antes de la llegada de los romanos. Si no las has visto o no has oído hablar de ellas tanto como de los castros es porque… chan chan chaaaaán: creían que eran hornos o almacenes o cualquier otra cosa que no fuera una sauna. Los arqueólogos han estado bastante perdidos al respecto hasta que hace poco comenzaron a atar cabos. Vieron que esa estructura se repetía en castros de AsturiasGalicia y norte de Portugal (recientemente sabemos de su existencia en Cantabria. Todas ellas, cada una a su estilo propio de edificación, mantenían algo en común: su orientación. Pero… hay más.

sauna castreña
Sección de la estructura básica de una Sauna castreña

Todo apunta a que se utilizaban para rituales que dependían del calendario solar, de manera que los rayos de sol accedían durante el solsticio de verano hasta el final de la estancia gracias a su orientación específica. Si queréis completar más la información, os invito a visitar el blog de Asturiensis: provincia indígena  . En ella, su autor desgrana con más detalle el tema de la orientación de estas construcciones.

Saunas castreñas
Conversaciones de sauna… caza, fanfarronerías, longitudes varias…


Y entonces, ¿qué es lo que ha hecho que a los arqueólogos se les haya encendido la bombillina? Pues  en algunas (no todas) de esas construcciones encontraron unas losas con formas peculiares (de falo) y en otras unas «piedras formosas» que separaban la cámara fría de la sauna. A ver, meter una losa con forma fálica en el recinto del horno o del leñero, pues como que no le veo relación alguna. Supongo que los investigadores debieron pensar lo mismo. Obviamente, son conjeturas mías, pero por algo debieron empezar a cuestionarse qué era aquello.

¡Ponme la sauna mirando al sur!

Lo de la losa fálica, unido a que la orientación de las construcciones «jugaba» con los solsticios de verano, hizo revisar de nuevo estas estructuras con otros ojos. En resumidas cuentas, descubrieron que se trataba de una especie de sauna a la que se accedía por una antesala o cámara fría, y después se pasaba a la parte de la sauna propiamente dicha. Los castreños dejaban descansar sus posaderas sobre dos escalones de piedra que formaban parte de las paredes laterales. Al final del todo había una especie de cubeta que estaba en contacto directo con la pared del horno.

Sin embargo, lo que ya no alcanza a vislumbrar la arqueología es de qué hablaban los astures, cántabros, galaicos o lusitanos allá dentro, cuántas mentiras de cacetas se contarían, si ayudaban a hacer memorable la experiencia con algún aceite esencial mágico o si simplemente se comparaban las longitudes del miembro viril de reojo.

Me pareció tan curioso que no pude evitar incluirlo en mi novela. Ya veréis, ya, cómo mola ese capítulo. ¡Mujajaja! y es que…

Ahí va mi confesión

En las noches en las que me enfrasqué escribiendo dicho capítulo fantaseaba con construir una sauna de esas en mi pueblo, a orillas del pantano. Sería la atracción máxima, ¡una experiencia astur 100%! Así podría alternar el sofoco de la sauna con un bañito suicida en las gélidas aguas del embalse del Luna. ¿Qué cosas no haría yo en mi pueblo, mi Mallo de Luna? ¿Y tu? ¿te animarías a montar una sauna castreña en el tuyo?

saunas castreñas
Embalse Barrios de Luna

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