Categoría: Curiosidades

Los 5 secretos de los Ancares

Los 5 secretos de los Ancares

Sospecho que este va a ser uno de esos posts que se escriben solos. De los que se disfrutan a cada golpe de tecla. ¡Oh, sí! Hoy me dispongo a contarte 5 secretos de los Ancares, de esos que se guardan en el recuerdo y se saborean cual caramelo olvidado en el bolsillo del abrigo con infinita alegría y sensación de sorpresa.

Pues eso: 5 caramelos.

Ya, pero… ¿Qué son los Ancares?

Según la wikipedia, es una comarca tradicional de España situada en el extremo noroccidental de la provincia de León, que coincide con el término municipal de Candín (actualmente parte de la comarca del Bierzo), y que en la segunda mitad del siglo XX dio nombre a un territorio más amplio denominado Los Ancares, cuya versión más laxa y amplia comprende otras partes del Bierzo en León, desde Navia de Suarna hasta Piedrafita del Cebrero en el oriente de Lugo (Galicia), y parte de Ibias al suroeste de Asturias.

Es una zona montañosa, de difícil acceso hasta finales del s.XX, que ha mantenido unas costumbres, arquitectura y hablas propias. Se halla entre dos cuencas, la del Sil y la del Navia, separadas por los puertos de Ancares (1670 msnm) al norte y Portelo (1068 msnm) al sur de la sierra de Ancares.

Pero a mí, me suena mejor algo así como: se trata de un rincón entre León y Lugo …

donde las montañas fueron capaces de detener el tiempo,
donde las nubes deciden si se puede o no se puede cruzar un puerto,

donde Astures y Romanos dejaron susurros en el viento,

donde me topé con la melancolía de lo que se está perdiendo,
donde la magia perdura y sobrevive al blanco de los inviernos;
es el último reducto de pallozas, de origen celta sus teitos…

La Cazadora de leyendas norteñas

¡Je! me han salido unos cuantos pareados, sin haberlo deseado. Estoy «sembrá».

¡Gracias, chicos! Fue improvisado, de verdad.

Pero vayamos al grano. Aquí van los 5 secretos de los Ancares, que harán que no quieras perderte este caramelito del Noroeste Peninsular:

1. Es el hogar de los castaños milenarios

Si hay algo que me llamó la atención mientras recorría el valle era los Enormes castaños que montaban guardia a lo largo de caminos y senderos. Se erigían como imponentes legionarios a nuestro paso.

Algunos de ellos mostraban heridas de guerra; marcas negras de las plagas que los azotan últimamente. Los hubo que no sobrevivieron y sus troncos fantasmagóricos salpicaban el monte, como si fueran lápidas. Los que se mantenían en servicio, seguían firmes e inmutables: congregaban caras de asombro entorno a sus troncos y resguardaban a los insignificantes cuerpos humanos de las horas de más sol con lozanía.

De entre todos, fuimos expresamente a visitar al legatus de los Ancares: el castaño de Cantín, en Villasumil. Nos contaron que hacían falta 12 personas adultas para rodearlo con los brazos, y a mí me dio por intentar calcular el diámetro del árbol de cabeza de camino en el coche. Me salía 6m aprox. de diámetro, es decir, súmale al largo de tu coche 2 metros más.

pensando
2·pi·R= circunferencia= 12personas·1,5m=18; R=3; D=2R=6m

No. No me acababa de cuadrar. Pero al toparnos con el magnánimo castaño nos quedamos sin palabras. Se trataba de un ser vivo de más de 800 años seguros (posiblemente muchos más), que albergaba una oquedad capaz de ocultar a 7 adultos. Un buen hueco, si señor…

Os prometo que no estaba enferma ni nada parecido… Aquel día me levanté con cara de Morticia natural

2. Las pallozas-museo de Piornedo y Pereda

Portales temporales al pasado

Ya lo mencioné en mi improvisado poema a los 5 secretos de los Ancares… El hecho de que este reducto entre puertos de montaña sea tan recóndito y esté tan apartado de los núcleos de población grandes ha propiciado su aislamiento a lo largo del tiempo. Nos contaba un paisano muy amable en Villasumil, que hasta no hace mucho el asfalto brillaba por su ausencia, y en lugar de carreteras había pistas de montaña (en el mejor de los casos).

La modernidad no lo tuvo fácil para llegar con sus tentáculos hasta los Ancares. Así, al contrario que en otras zonas donde hubo pallozas y teitos, pero desaparecieron, en Ancares siguen manteniendo estos fósiles arquitectónicos; algunos siguen en activo, otros están en peor estado, y otros resultaron tuneados con chapas por comodidad o decapitados por no poder hacer frente a las reparaciones regulares del teito.

Nos recomendaron encarecidamente visitar dos pallozas museo, en concreto la Palloza del Señor Antonio, en Pereda, (León); y la Palloza museo Casa do Sesto, en Piornedo ( Lugo).

La palloza del señor Antonio

En la primera la entrada era gratuita (se aceptaba la voluntad), y tras avisar por teléfono a Octavio, el hijo del señor Antonio, éste nos abrió la puerta al pasado de su familia.


 (Palloza del Señor Antonio) Esta foto de Planetancares es cortesía de TripAdvisor

Todavía olía a lumbre. El mismo olor potente y penetrante que había en la cocinona de mis abuelos, allí donde colgaban los jamones y los chorizos, el lomo y la cecina para ahumarse. Ese golpe en la nariz me teletransportó a otros tiempos; tiempos que ya ni siquiera me pertenecían por juventud, y gracias a ese golpe de efecto pude imaginarme la vida en aquella humilde pero práctica morada.

Por desgracia me quedé sin batería y no pude hacer fotos dentro. Pero por suerte, en Piornedo fui a tope de batería y el interior de las pallozas no dista mucho una palloza de otra.

Casa do Sesto

En este caso la entrada creo que eran uno o dos euros, y el amo de la misma te hacía las veces de guía, y te explicaba cómo se vivía antaño con lo que había. Me sorprendió ver que a pesar de la sencillez, reinaba un sentido del orden que hacía apetecible pasar allí alguna temporada.

Aquí el desenlace del video… jaja

Sin luz, sin agua y sin gas, como el chiste; con el amor de la lumbre y el calor del ganado como única fuente de calor, aquellas pallozas estaban diseñadas para dormir lo justo y soportar el maldito invierno con los medios disponibles. Además, la idea era pasar ese tiempo de recogimiento para elaborar telas, jabones, aperos, y otras faenas que en verano, debido a la siega de la hierba, no hay tiempo.

El ingenio brillaba en cada utensilio, cada aparejo, y por cualquier rincón de la palloza podía aparecer uno de sus antiguos moradores.

De aquí salí con la sensación de que los astures, los galaicos y los cántabros debían llevar ritmos de vida parecidos a los de los Ancares.

3. Balouta y Suárbol. Reducto de valientes

Madre mía, llevo tropencientas mil palabras en este post sobre los 5 secretos de los Ancares, y todavía voy por el tercer punto…

Estando por la zona, comimos por Balouta, en el Miravalles (recomendadísimo). Allí, las pallozas que quedaban en pié todavía eran funcionales y volví a ver alguna que otra guadaña al hombro. Y sentí envidia. Envidia porque en mi pueblo ya no se ve la guadaña. Ni hay vacas como antes, en las cuadras. Ni cerdos. Ni ovejas, ni nada, más que 4 gallinas. Recordé lo que un día fue mi pueblo y me rompió un poco por dentro. Y la verdad es que no quería irme. Quería beber de aquel espejismo, soñar que todavía era posible hoy en día… pero no. Era mejor seguir mi camino.

palloza de balouta
Aquí, metiendo barriga tras la comilona en Balouta

El caso es que tanto en Suárbol como en Balouta, viven encastrados en un valle de muy difícil acceso. No quiero imaginarme cómo se preparan para las nevadísimas que tienen que caer ahí. El aislamiento es cosa de valientes.

Por cierto, en Suárbol casi no hay pallozas, debido a un incendio hace tiempo. Pero eso no quita de hacer una visita al pueblo, pintoresco a más no poder. Y el trecho por carretera desde Piornedo hasta Suárbol es chulísimo, un bosque encantado, digno de mil leyendas… ¡No me extrañaría que entre aquellos árboles camparan a sus anchas las meigas!

4. El puerto de Ancares

Los atardeceres de Ibiza son famosos en el mundo entero. Mediterráneo, calas paradisíacas, el astro rey despidiéndose de la faz de la Tierra con sonrojo… Nada. Olvídalo. No tiene nada que hacer con un atardecer desde el puerto de Ancares.

Autora de la imagen: Sara Alonso Rodriguez

Un paseo por las nubes

Por «desgracia», no pudimos quedarnos para verlo porque se cerró la niebla en lo alto. Sin embargo, nos dimos un paseo por las nubes, que tampoco desmerece nada. Si hay un lugar que transmite paz, una pausa espiritual, es ese puerto. Os invito a disfrutar este secreto de los Ancares en silencio, siempre con precaución. Desde Balouta nos advirtieron de que cuando la niebla se cierra, ni los lugareños son capaces de orientarse por las rutas que salen de él. De ahí que no pudiéramos ver tampoco «El Cuadro», un enclave que se sospecha pudo ser un campamento romano.

5. La sorprendente Vega de Espinareda

Vale, quizás no esté dentro de los Ancares, pero a nosotros nos salvó bajar a Vega de Espinareda a la hora de cenar. Y es que tanto en Candín como en Pereda, si quieres cenar fuera, vas «aviao». Así que yo lo incluyo dentro de los 5 secretos de los Ancares porque me sorprendió gratamente. Desde los puentes que cosen el curso del río Cúa a su paso, la playa fluvial maravillosa, o el impresionante Monasterio de San Andrés, todo contrastaba con los escarpados parajes monte arriba. Mi marido, sin embargo, lo recordará por esa hamburguesería donde todavía sigue invicto el desafío de comerte la hamburguesa XXXL; tan grande que si la engulles, te mandan a la UCI por rotura interna. Se llama «la Tienda» y son super majos. Huelga decir que el sitio tiene su encanto y se come genial. Y no me llevo comisión. (reservad)

Foto extraída del ileon

No quería acabar el post de los 5 secretos de los Ancares sin añadir que QUIERO VOLVER. TENGO QUE VOLVER. Me quedó la zona de Balboa, y no vi el Cuadro, ni subí al Miravalles (vale, esto es porque me pesa el pandero. Pero el año que viene seguro que estoy más en forma que la wonderwoman. Tiempo al tiempo). Aunque, comiendo tantos caramelos…

TO BE CONTINUED…

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7 leyendas norteñas de verano

7 leyendas norteñas de verano

Avance de las próximas entradas

Venga, confiésalo. Ya pensabas que este blog iba a ser de esos que molan durante un tiempo y de repente dejan de tener artículos nuevos… Va a ser que no. Al menos hasta que me responda la salud y no sucedan cosas de fuerza mayor, aquí el entusiasmo sigue intacto. Por eso he decidido hacerte un avance de las próximas entradas, para quitarte esa idea de la cabeza.

Soy Xena, la princesa guerrera
Como la princesa Xena, preparada para la batalla. (Imagen de Giphy)

Como tengo tanto en el zurrón, he creído oportuno escribir lo vivido durante estas vacaciones sin WIFI en Mallo de Luna, cual redacción de colegio a la vuelta del periodo estival. Pero en plan guay. Porque aquello lo hacíamos por obligación, y yo, sin embargo, me muero de ganas de contarte todas las cosas increíbles que me han pasado. Voy a ir escribiéndolas poco a poco porque lo cierto es que he tenido (y hasta la vuelta al cole seguirá siendo así) un par de obligaciones a tiempo completo que no me han dado tregua. Empecemos:

Fui una cenicienta ástur en Astúrica Augusta

Viajar en el tiempo es posible. Sólo déjate caer por Astúrica Augusta el último fin de semana de julio y lleva las ganas de disfrutar y pasarlo bien. La asociación de Astures y Romanos de Astorga hará el resto con su magia y con sus recreaciones históricas.

A mí me gustó tanto que en cuanto pueda, me voy a hacer socia para volver el año que viene a disfrutar con nocturnidad y alevosía, y no como este año, que tenía hora de vuelta para dormir a las mellizas, como la cenicienta.

una astur en astures y romanos de astorga
No. No había ni una foto en la que no saliera haciendo el lelo.

Me dí un paseo por las nubes de los Ancares

Sabes que estás viviendo un momento especial cuando no te hace falta nada más que sentir el momento. Aún así pensé en vosotros y saqué el móvil en plena irrupción del banco de nubes más guapo que haya visto jamás. Si a eso le sumas una BSO mítica, como la de Juego de Tronos, pues oye, la escena va directa al cajón de cachitos memorables de tu vida en el cerebro.

Ojo, que me pongo mística. Aunque no lo parezca, me da un poco de reparo compartir estos pensamientos a palo seco…

Visité Pueblos excepcionales, como Balouta (Léon) o Piornedo (Lugo), donde las pallozas todavía tienen mucho que decir. Comí hasta desabrochar el botón del pantalón, a riesgo de que se me cayeran por el camino, y me quedé con ganas de llegar al Cuadro, un paraje en lo alto del puerto de Ancares, que se sospecha pudo ser un campamento romano.

El Castro de Chano me ocultó sus secretos…

Situado en el valle de Fornela, en los Ancares Leoneses, el castro de Chano presenta un estado de conservación excepcional (dejando a parte la polémica de cómo «reconstruir un castro»). Peeero, tengo que volver. Me ocultó sus secretos más interesantes, ya que el centro de interpretación del castro estaba cerrado por descanso del personal. Aún así me veo en condiciones de contaros unas cuantas cosas del castro que os dejarán pensando en mitos e ideas preconcebidas que arrastramos sobre los astures.

Castro de Chano, León. Esta foto la saqué con mi móvil, no está mal, eh?

Te contaré 5 razones por las que deberías visitar la Ribeira Sacra.

Que en Galicia se come genial, no es ningún secreto. Desde luego es sólo una de las 5 razones que tengo pensado desarrollar. Te contaré qué es lo que hace excepcional este rincón gallego lleno de encanto natural e historia. (Historia apasionante de verdad) ¿O es que no habíais oído hablar de los Irmandiños y su revuelta?

ribeira sacra
No es Irlanda. Esto está en Galicia: Paraje de los molinos del río Xábrega

Descubrí una mujer de leyenda. ¡En mi propio pueblo!

Voy a esforzarme por contártelo en un relato de regusto fuerte y amargo, como los buenos licores. A mí me lo contó mi abuela, y también mi madre. No podía dejar de apuntar detalles de una biografía de película, de una mujer de rompe y rasga. De esas que levantan pasiones y odio por partes iguales. No sigo haciendo Spoilers que luego os quejáis… Sólo dejaré una imagen que habla por sí sola.

mujeres fuertes
María Gómez me sirve de modelo para imaginarme en persona a esta señora de armas tomar.

La montaña «vaciada» todavía puede hacer mucho ruido.

Tuve el grandísimo honor de ser invitada por la asociación cultural y deportiva «Fuente de Omañón», para compartir con ellos mis inquietudes acerca del pasado, el presente y el futuro de los pueblos de la España vaciada, y más concretamente de la montaña leonesa. Además, empecé a contarles mi vida literaria, menos mal que se hizo de noche y me di cuenta a tiempo… jajaja!

De la charla me llevo unas cuantas lecciones de cómo un grupo de personas deja de lado el victimismo y se pone las pilas para sacar adelante iniciativas culturales que levantan a todo un pueblo. ( y una taza súper chula, a parte de un par de libros de Cuatrovalles que valen su peso en oro)

De paso descubrí el alucinante pasado de una comarca, Omaña, surcada por las aguas de ríos auríferos; Astures y romanos marcaron el ritmo en sus orillas a golpe de batea…

omañón
La espadaña solitaria de Omañón, típica de los pueblos de esta comarca, es seña de identidad y motivo de orgullo vecinal. (Foto de wikipedia)

La última niña que fue a la hierba

Oye, ¡no me diréis que no tiene pinta de título best-seller! Ya estoy terminando este avance de las próximas entradas, pero quería hacerlo a lo grande. Qué ganas tenía de tocar esta fibra… y es que hacía mucho tiempo que no iba a mi pueblo en julio, el mes de ir a la hierba por excelencia en la montaña leonesa (y por extensión el en resto del Noroeste Peninsular).

Tediosa, cansada, sacrificada… ir a la hierba se convertía en una tarea vital para pasar el invierno, pero en la época de más calor del año. Todo aquel esfuerzo movía a familias enteras y de ese movimiento salían las mejores anécdotas e historias. Historias que luego, en los meses de frío, amenizaban los calechos y filandones a base de risas y buenos momentos.

Yo fui una de las últimas niñas que vio cómo se recogía la hierba en mi pueblo; quizás sea capaz de contarte alguna de esas buenas anécdotas.

Y este ha sido el avance de las próximas entradas…

para que vayáis haciendo boca. Tengo algunas más en mente, pero todavía están por perfilar. Espero que sean de vuestro agrado y os haya dejado con ganas de más.

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Celtas: antes muertos que sencillos

Celtas: antes muertos que sencillos

Tanto si te animas a vestirte de astur, castrexo o cántabro para alguna recreación histórica, o si te lías la manta a la cabeza y te da por escribir una novela de las Guerras Astur-cántabras, como yo, al final descubres que a nuestros ancestros les gustaba lucirse, y sabían cómo hacerlo. Y es que los celtas podían ser algo espartanos para algunas cosas si los comparamos con los romanos ( vestidos, telas, decoración de la casa, etc.) pero eso sí : para salir a la calle, antes muertos que sencillos.

Nada de «fofisanos»

Tanto ellos como ellas se preocupaban mucho de su imagen personal. Estar en forma era algo elemental y de hecho, Estrabón nos comenta en su obra de Geografía I que estaba mal visto en los hombres lucir barriguita cervecera. Era signo de debilidad y falta de disciplina. No debía ser muy práctico a la hora de desenvainar la espada de antenas, más que nada porque si la circunferencia de la barriga era importante, la espada quedaba fuera del campo de visión (estoy exagerando, jeje)

El último que me llamó gordo acabó con las sandalias a 10 km del cuerpo.

Pelazo al viento

También estaba de moda llevar pelazo, con independecia del sexo. Ya sabéis, donde esté una melena al viento del norte, que se quite lo demás. Ellas acostumbraban a trenzarlo, y se cree que en función de su estado civil llevaban el recogido de una u otra manera. Ellos, por su parte, se ponían una cinta para ir a guerrear, por esto de que la magia de su melena no era muy práctica en combate. ¿O sí? No consigo encontrar dónde lo escuché o leí (la memoria de madre de mellizas brilla por su ausencia), pero creo que los lusitanos iban desnudos a combate, agitando su cabello trenzado para impresionar al enemigo. (Por favor, ¿alguien me puede ayudar con esto? juro que lo leí en alguna parte, no lo soñé)

Pelazo al viento. (Brave, de Disney Pixar)

Si el cuerpo no acompaña…

Supongo que como ahora, no todos cumplían con los cánones de belleza corporal de la época. Si esa barriguita cervecera no se va ni con cien abdominales al día o en lugar de pelazo, se le veía el cartón, un celta siempre podía desviar la atención con complementos varios. Para ello, los más pudientes contaban con algunos recursos. Toma nota:

Para ellas

  • Pendientes y arracadas
Pendientes no aptos para orejas sensibles.
Pieza del Tesorillo de Arrabalde, Zamora

Unos buenos pendientes siempre ayudan. Si además son de oro, mejor que mejor: dan brillo al rostro y pegan con todo. Si además pesaban medio kilo cada uno, te hacían efecto lifting. Sólo presentan una salvedad: como los lleves a diario acabarás pisándote los lóbulos.

Para ellos

  • Cinturones

Un cinturón marca la diferencia. Piénsalo: si la curva de la felicidad se niega a enderezarse, lo más sensato es lucirla con un buen cinturón chapado en oro y repujado con esmero para deslumbrar a todos esos envidiosos que te miran.

Este Tesorillo de Arrabalde me está dando mucho juego. Se parece a una rana, ¿verdad?

Unisex

Bueno, aquí te incluyo complementos que creo que podrían apañar a ambos sexos. Los torques, las fíbulas, diademas ceremoniales, etc.

  • Torques

Los torques, son signo de poder social, político y de poderío económico. Además se especula que según la tribu, se decoraban con detalles muy característicos de cada tribu o clan, de manera que es posible que pudieran saber de quien eres por la forma de tu torque. Eso sí, te aviso: los torques hay que ganárselos, ¿eh? Son una distinción de honor, debes estar a la altura. Te recomiendo que visites la web de Celtica hispana, donde se profundiza un poco más sobre este maravilloso complemento.

Torques, pieza de la orfebrería castreña, perteneciente al conjunto denominado Joyas de Ribadeo.
  • Fíbulas

Este es un elemento indispensable para él y para ella. Sin las fíbulas no eran capaces de sujetar las telas de su atuendo apropiadamente y mantenerlas en el sitio. (Los botones no llegaron hasta la edad media). Solían ponérselas al hombro. Hay infinidad de modelos, dependiendo de la época histórica, pero los que más me gustan son los de Caballito (he visto otras fíbulas zoomorfas, con forma de lagarto, pero las de caballito son mucho más populares: el caballo es signo de estatus social elevado, sólo las clases altas iban a caballo), de Torrecilla, quizás las más sencillas en su elaboración, y cómo no, las fíbulas de Omega, pero creo que estas últimas se ponen de moda tras la conquista romana (Otra vez mi memoria pega chispazos… )

Si quieres ver cómo se ponen, te pongo un ejemplo con fíbula de Omega o anular:

Un ejemplo de cómo poner la fíbula. El paisano está clavado como una estaca, no sea que la jefa le haga un piercing nuevo en el pezón.
  • Anillos

Es una pieza de adorno para todo el mundo, lo que sospecho es que no es tan fácil encontrarlos en buen estado, ya que son piezas de metal muy finas.

  • Diademas

Hay una diadema muy especial, que desconozco cómo quedaría puesta, pero eso seguro que se llevaba el protagonismo y lo del pelazo quedaba en segundo plano. Está a la altura del caldero de Gundestrup, y algún día, la veré con mis propios ojos, (bueno, los cachos que quedan de ella)

Se trata de la Diadema de Moñes, y es un complemento para ocasiones muy muy especiales. Algo ideal para ir a sacrificios, funerales, rituales de iniciación, etc… No es para ir a comprar el pan. No me seas ostentos@

Se encuentra en el Museo arqueológico nacional. Se halló en Moñes, conejo de Piloña
  • Brazaletes

Más chic, no se puede ser. Unos buenos brazaletes, ya sean de oro o de plata, estilizan la figura y ocultan manchas y brazos peludos. Y si tienen forma zoomorfa, te dotan además de protección extra para tus eventos más importantes. De nuevo recurro al tesorillo de Arrabalde, que de tesorillo nada. Ya me gustaría a mí encontrarme con una sola pieza del tesorillo.

¿Ves las cabezas de serpiente a 3 vueltas desde los extremos?

Fíjate en el repujado y el trabajo que tiene la pieza. Es para quedarse embobado mirándolo.


¿Vamos de compras?

Sujeta la visa, que nos conocemos…

Actualmente hay muchos artesanos que se dedican a reproducir las piezas halladas en los yacimientos arqueológicos. Torques, fíbulas, brazaletes, y demás están ahora al alcance de todo el mundo con sólo un clic y una visa.

Hasta los museos arqueológicos hacen negocio, ¿qué te pensabas tú?

Pero recuerda, no te excedas, de lo contrario te pasarás al bando íbero, que eran muy de excesos. (Es bromita, jejeje)

La última reflexión

Los complementos dan mucho juego, tanto en novelas como en recreaciones históricas. Conocerlos da información muy interesante y si sabes jugar con ellos, nadie notará que esta operación bikini no llegó a buen puerto, o que se te ven las ideas en una recreación… Sólo quería cerrar el post con una reflexión un poquito más seria: hay una constante en el arte céltico de todas las naciones celtas, y en la orfebrería se deja notar con claridad: las formas, sobre todo en las figuras zoomorfas, tienen una estética muy característica: las extremidades suelen ser esbeltas y estilizadas, mientras que los cuerpos suelen ser más rechonchitos. Fíjate la próxima vez que te asomes a un museo.

¿Y tu? ¿vas a ir como los celtas: antes muerto que sencillo? ¿o lo dejas para otro año? Qué harías si te encuentras con un tesorillo como el que se encontraron en Arrabalde?


Imagen principal obtenida de «Misskekas.blogspot.com«

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Mi TOP TEN de palabras celtas

Mi TOP TEN de palabras celtas

Cuando comencé a escribir mi novela, Las Nieblas del Tsuna, me imaginé a mi misma viajando al pasado hace más de dos mil años. Entonces, me pregunté si habría alguna posibilidad de entenderse con los ástures, cántabros y galaicos de la época de las Guerras Cántabras, aunque fuera con palabras sueltas. Cuando me dispuse a investigar sobre el tema descubrí un par de cosillas que vengo a contarte hoy.

Cada vez que abres la boca, existe una posibilidad nada despreciable de que tus labios dejen salir una palabra de origen celta. Fíbulas, calderos, espadas de antenas; no son los únicos vestigios que delatan nuestro pasado ancestral. De hecho, la gente se sorprende cuando descubre que palabras que están muy presentes en nuestro día a día provienen del idioma que hablaban los celtas de la península ibérica y alrededores.

¿Cómo es posible?

Algunas palabras celtas fueron «absorbidas» por el latín de los romanos, quizás porque el objeto a nombrar era invención celta, o simplemente por comodidad, ya que en ese momento aquella palabra era muy difícil de sustituir con su homónima latina. Esas palabras quedaron adheridas al latín y fueron evolucionando a la par que el idioma.

Porque, ya sabes: las lenguas son realidades vivas que evolucionan con el paso del tiempo y las costumbres de lo parlantes. Es el tiempo, precisamente, quien se encarga de borrar la memoria y cincelar las palabras como si fueran rocas lavadas, de tal manera que, si uno no es experto en etimología, al final desconoce que tal o cual palabra tenía origen celta. Hay palabras que han ido evolucionando a la par que el latín, como por ejemplo, la palabra camisa — camisia — ???, de la que no estamos seguros de su forma real de origen al cien por cien.

palabras celtas
Las palabras son cantos rodados… y los escritores construimos con ellas casas 😉

Otras, por increíble que parezca, a penas han sufrido cambios y son precisamente esas palabras las que quiero mostraros hoy. Vamos, que si llegarais con una máquina del tiempo a las Guerras Astur-Cántabras y dijerais una de estas diez palabras, os entenderían seguro

Mis criterios de selección

Para elaborar esta lista de las diez palabras celtas (sin casi variaciones) más utilizadas en el castellano, me he pasado unos días recopilando palabras celtas de estudios varios en la web, como el de Hanna Müller en su Trabajo Final de Grado ( que se puede descargar aquí), y después, una vez hecha la lista, he pensado en ordenarlas según el uso habitual que les damos. Obviamente, no hay un estudio que diga cuál de ellas usamos más. Eso es cosa mía. Quizás cada uno debiera emplear su propio top ten, ordenando las palabras en función de la frecuencia de uso.

En cualquier caso, comenzamos:

1. Cerveza

la palabra cerveza, de origen celta.
En un Oktoberfest cualquiera, cuando era joven…

La primera palabra tenía que ser esta. No puedo ser hipócrita. Ya comenté en la entrada de la dieta de la edad del Hierro que nuestros antepasados celtas eran maestros cerveceros, aunque no hacían la cerveza tal y como la conocemos hoy en día (no usaban lúpulo, por ejemplo). La cerveza debía ser motivo de orgullo y la palabra para nombrarla debió perdurar como seña de identidad a pesar del latín.

La RAE dice que viene del latín, de la palabra Cervesia. Pero además indica que es una palabra de origen celta.

2. Camino

Según la RAE, camino se define como:

Del lat. vulg. cammīnus, voz de or. celta, y este de or. hisp.cf. celtíbero camanon.

1. m. Tierra hollada por donde

 se transita habitualmente.

RAE

Dicen que todos los caminos van a Roma. Pero la palabra en sí es celtíbera. Recuérdalo.

3. Colmena

colmena, origen celta
Colmena

Los estudios etimológicos aseguran que este vocablo apenas ha variado desde su incorporación al latín. Según la RAE, se explica lo siguiente:

Quizá del celta:

 *kolmēnā,der. de *kŏlmos ‘paja’; cf. bretón kôlôen-wénan, de kôlô ‘paja’ y wénan ‘abejas’.

Si lo piensas bien, el panal se parece a un montón de pajas dispuestas en un haz, como si fueras a mirar a través de los agujeros de las pajitas… Tiene sentido,¿no?

4. Gancho

Si tuviéramos que hablar con un paisano ástur o cántabro (suponiendo que entre ellos se entendían) sobre una rama rota de árbol de la que podemos colgar algo, gancho seguiría siendo nuestra palabra clave, ya que a penas ha variado con el tiempo y lograríamos entendernos con ellos.

La RAE, por su parte, dice que es de origen incierto. En fín, Esto sólo se sabe si viajas al pasado.

5. Abedul

abedul, palabra de origen celta
Imagen de mobinovyc en Pixabay

Los árboles eran, para los celtas, mucho más que un recurso natural. En ellos se encarnaba la magia de la naturaleza. No es de extrañar que el nombre de alguno de esos árboles conservara casi su forma original a pesar de los años. La wikipedia dice que, según la teoría más aceptada, su nombre procedería del latín betūlla que a su vez procedería de la palabra betu que era como los celtas designaban al abedul.

Dada la flexibilidad y dureza de las ramillas del abedul, fueron utilizadas como instrumento de flagelación; en otros tiempos los profesores las utilizaban para imponer dura disciplina en las aulas. Un episodio digno de olvidar, sin duda.

6. Páramo

páramo es también de origen celta, prerromano.
El páramo. Normal que deje huella. Brrrr

Siempre que escucho esta palabra, me viene a la mente León. Según la RAE, tenemos lo siguiente:

páramo

Del lat. parămus, voz de or. prerromano.

1. m. Terreno yermo, raso y desabrigado.

2. m. Lugar frío y desamparado.

RAE

No es de extrañar que un lugar tan característico y con tanta fuerza como el Páramo Leonés, que irónicamente goza ahora de verdor gracias a los embalses de las montañas, dejara huella en el latín y se asegurara un hueco en la etimología.

7. Vasallo

Vasallo. palabra de origen celta
Vasallo y señor. Un clásico de todos los tiempos. ¿Veis el amor de sus miradas? oro puro.

Los celtas eran muy de vasallaje y clientela. Y si no te lo crees, te recomiendo que leas la obra «Los celtas. Héroes y magia» de Gonzalo Rodríguez García. Según este experto, su estructura social giraba entorno a la clase guerrera, la cual garantizaba la protección de las poblaciones a cambio de vasallaje (servir, abastecer, mano de obra, etc). Dentro de la casta guerrera, la fidelidad a su jefe llegaba a límites insospechados. No es extraño que esta palabra perdurare en el tiempo, tal y como comenta este artículo de la wikipedia:

La palabra latina medieval vassallus deriva del latín clásico vassus («sirviente«), que a su vez es posiblemente una cognata de origen indoeuropeo con la raíz céltica wasso- («joven, escudero«); como en la palabra galesagwas (con el idéntico significado de «joven» o «sirviente»), en la bretona goaz («sirviente», «vasallo», «hombre») y en la irlandesa foss(«sirviente»).

Wikipedia

Se me acaba de ocurrir que «guaje» podía venir de esta raíz celta… Ya sé que dicen que viene de washer, de cuando el tejido industrial del s. XIX se dejó caer desde Inglaterra a Asturias, pero oye, se me ha encendido la neurona por ahí, quizás no vaya tan mal encaminada.

Sheldon, repelente celta
Seguro que algún Sheldon de la Etimología rompía una lanza en favor de mi teoría.

8. Brío

Me encanta esta palabra. Y os adelanto algo: en Las Nieblas del Tsuna, una de las protagonistas tiene un mastín leonés (ya sé que ahora se empeñan en llamarlo «español», pero es Leonés, ahí no hay concesiones) y se llama Brío. No escogí el nombre al tuntún. Sabía que era de origen celta (brigos), era corto y significa «espíritu, valor, resolución«. Todo lo que se espera de un buen mastín (leonés, claro.), en la lucha contra las bestias del monte.

Mastín leonés. Brío es de origen celta.
Así, bien atigrado, como me gustan a mí.

9. Brezo

Brezo es de origen celta.
La imagen habla por sí sola. ¿Cómo no se iba a quedar la palabra «brezo» entre nosotros? Foto sacada por Eduardo Alonso en algún monte de León este mes de junio.

A ver, ¿qué dice la RAE?

brezo1.

Del lat. hisp. *broccius, y este del celta *vroicos; cf. galés grug, irl. ant. froechy gaélico fraoch.

1. m. Arbusto de la familia de las ericáceas, 

de uno a dos metros de altura, muy ramoso, con hojas verticales,

 lineales y lampiñas, flores pequeñas en grupos axilares, 

de color blanco verdoso o rojizas, madera dura y raíces

 gruesas, que sirven para hacer carbón de fragua y pipas de fumador.

RAE

10. Tancar

Quizás no te suene, porque en castellano, la palabra está en desuso. Pero a mi me suena y de hecho la utilizo muchísimas veces al día, en valenciano. Tancar en valenciano es cerrar. Según la RAE, tenemos que:

tancar, origen celta
Vamos a tancar la herida

tancar
 
Del lat. vulg. *tancāre ‘fijar, sujetar’, y este del celta *tankō.
1. tr. rur. coloq. El Salv. y Hond. Detener la salida de un líquido,

 especialmente la sangre de una herida.

RAE

Hay muchas más

Lo sé. Tú te sabes quince más. Algunas te suenan mucho más que las que yo he puesto. Es normal. El lenguaje se amolda como un guante a nuestra vida y cada uno tiene una talla, unas palabras más habituales, unas vivencias con las que utilizarlas para recordar…Son broches (de origen celta) que llevamos puestos en nuestras conversaciones, y los llevamos sin darnos cuenta en la mayoría de las ocasiones. Pero esos broches brillan con luz propia y dan riqueza al conjunto. Es como salir a la calle y llevar puesta una fíbula de caballito: la gracia está en saber qué es y de donde viene…

préstamos celtas
recuerda de dónde vienen tus palabras…

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Alfonso Fanjul y los Astures

Alfonso Fanjul y los Astures

Cada vez que me pongo a escribir mi novela, Las Nieblas del Tsuna , observo cómo casi la mitad del tiempo me lo paso investigando. Escribir novela histórica tiene un reto añadido a todo el proceso literario: tienes que estar muy atento a no meter la pata con todo tipo de detalles socioculturales, históricos, económicos, etc. que podrían arruinar la lectura del que te compra el libro.

Las Nieblas del Tsuna
Lectora indignadísima por gazapos históricos. Es mi pesadilla recurrente.

Hasta hace poco, mis fuentes las encontraba en Internet, y aunque procuro ser muy cuidadosa con la documentación, siempre me quedaba la duda de si realmente aquello que leía estaba actualizado o simplemente se basaba en afirmaciones que hizo un señor hace dos mil años. Pero desde que el protagonista de hoy, el doctor en arqueología Alfonso Fanjul, publicara «Los astures. Un pueblo céltico del Noroeste Peninsular» , vivo más tranquila. Esta obra se ha convertido en mi enciclopedia particular ya que toca todos los palos: su historia, las sociedades astures, su organización, cómo vivían su espiritualidad, el legado de sus tradiciones hoy en día, su economía, y la forma en que distribuían sus asentamientos.

Y entonces llegó la idea de la entrevista

¿Cómo podía quedarme de brazos cruzados, sin pregonar a los cuatro vientos mi descubrimiento? Un día fantaseé con hacerle una entrevista para dar a conocer su obra a más gente. Cuando quise darme cuenta, se lo estaba proponiendo (soy así, voy siempre a por el sí). Y sí, aceptó mi propuesta. Os podéis imaginar que me marcara un baile de Carlton en toda regla.

lo conseguí
¡Me dijo que sí! ¡Toma!

Me preparé una batería de preguntas relacionadas con los astures, pero con el sello de la Cazadora de leyendas norteñas, y el resultado es una entrevista genial de media hora que, en mi opinión, deja entrever cuántas cosas se han desmentido sobre los astures y cuánto queda todavía por descubrir. Espero de corazón que disfrutéis escuchando todo lo que nos cuenta Alfonso Fanjul, tanto como lo hice yo.

Para escuchar la entrevista, sólo tienes que darle al play.

¿Dónde puedo adquirir el libro?

Tienes dos formas básicas de conseguirlo. Si eres amante del libro en papel de toda la vida, está disponible en el portal de Instituto de Estudios Bercianos. Si por el contrario, prefieres la edición digital, puedes descargarlo aquí.

Esto debería estar en tu biblioteca. ¡Ya!

Yo quiero más

Sí. Quiero más información de nuestros ancestros. Como comentaba Alfonso, queda mucho por estudiar en el territorio astur, que a diferencia de nuestros vecinos cántabros y galaicos, a penas está excavado y procesado. Por eso animo a las administraciones pertinentes a que autoricen y financien estas iniciativas para saber más de nuestro pasado. Y también animo a los arqueólogos a que no desistan en su empeño. ¡Hay gente ahí fuera muy interesada en saber de vuestra labor! ¿Eres arqueólogo y estás trabajando en el territorio Ástur? ¿Quieres dar a conocer tus últimos descubrimientos? Escríbeme.

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Si las madreñas hablaran…

Si las madreñas hablaran…

Contarían muchas, muchísimas cosas. Las de mi abuela contarían anécdotas de jornadas interminables, como cuando esperó a que pariera la vaca para ir al hospital a dar a luz a mi tía. O de los días de fiesta haciendo la matanza. Sin embargo, aquellas madreñas ocultaban un oscuro secreto. Tan oscuro como las cubileras de los gochos. Pero antes, déjame contarte qué son, por si acaso no estás familiarizado.

¿Qué son las madreñas?

Para los que no las conozcan, las madreñas son un tipo de calzado tradicional de la región astur-leonesa y otras limítrofes (Cantabria, parte de Galicia y demás, no se me vayan a enfadar ), hecho de madera y diseñado para introducir en ellas las zapatillas de andar por casa . Se utilizan sobre todo para labores del campo y es una solución ingeniosa para andar calentito, seco y limpio, evitando el contacto con las moñicas, el barro y las aguas e incluso, las nieves del invierno. Además puedes ir de casa en casa dejando las madreñas en la puerta, y disfrutar de la sensación de ir en zapatillas de andar por casa allá donde vayas. Particularmente aprecio el hecho de no tener que meter el pinrel en un zapato frío cada vez que salgo a la calle y las madreñas son la solución definitiva a ese problema.A veces fantaseo con llevármelas a Castellón y ponerlas de moda por allí, pero esa es otra historia.

Volviendo a lo mío…estaba yo en el portal de mi abuela, cuando divisé bajo el banco, asomado entre regaderas rotas y latas XXL recicladas de atún, el morro de una de las viejas madreñas de mi abuela. Las saqué de su escondite y vi con pena que se habían deteriorado mucho con el paso del tiempo y el uso constante. Tenían una amalgama de polvo y abono entre los 3 tacos, y una de ellas tenía una raja que hacía imposible usarla de nuevo. Definitivamente estaban rotas y en el olvido, y ya habían sido sustituidas por unas nuevas.
A pesar de estar en el olvido, consiguieron dibujar en mi cara una sonrisa, esta vez, traviesa y cómplice. Porque ¡anda que no las usé yo a escondidas cuando mi abuela se despistaba! Como ella tenía el pié menudo, a mi ya me valían con 10 años. Cuando metía mis bambas dentro tenia carta blanca para bajar a ver a mis amigos los gochos, las gallinas, las vacas, los conejos y todo bicho que pernoctara en las cuadras por algún u otro motivo.

Madreñas viejas de mi abuela.

Primera confesión: la visita a las gallinas

Solía empezar la ronda visitando a las gallinas. Estaban confinadas en un corral con acceso a un añadido de la casa, de manera que en los meses de frío tuvieran cobijo. Al principio del verano, cuando no me conocían, se acercaban a ver que pienso les traía… pero al finalizar el verano huían despavoridas al gallinero a refugiarse. Concluyo que no les gustaba mis intentos samaritanos de enseñarles a volar contra el muro del corral. Siempre pensé que no volaban por que les faltaba un empujoncito…

Va a ser que no, que no vuelan.

A medida que pasaban los días, el numero de huevos descendía alarmantemente y mi abuela achacaba el descenso de la producción al calor y a que no comían nada. Entonces se ponía a picarles acelgas y a darles dieta especial, mientras remugaba y valoraba en pasarle a alguna el cuchillo si seguía así la cosa. Huelga decir que decidí suspender mis actividades aeronáuticas y centrarme en otro bicho menos estresable.

Segunda confesión: la visita a los gochos

Así que dirigí mi atención en la siguiente puerta: la cubilera de los gochos. Los gochos ( o como se suele decir en el resto de España: cerdos) pasaban la vida en una cubilera, que era un cuarto cerrado con muretes y puertas lo suficientemente altas para que el gocho no pudiera saltarlas. Al entrar, era necesario encender la luz porque la oscuridad contrastaba con la claridad del día y caminaba totalmente cegada. Mientras me acostumbraba al olor ácido de los purines en la nariz, ya podía sentir su calurosa bienvenida a base de gruñidos y frenesí contra la puerta de la cubilera. El más ágil de los tres se apoyaba en lo alto de murete para sacar el hocico y sacar más información de la situación. A decir verdad, la situación era muy simple:

Cubilera en desuso.

Había un cubo con pienso y restos de comida, que mezclado con agua formaba un puré espeso que se remeneaba con un palo. En mi defensa, diré que todo fue casual. Un día cogí el palo embadurnado de aquella papilla y se me ocurrió meterlo dentro para que los gochos lo relamieran.

Una vez dentro, comenzaron a pelearse, así que les dí un toque de atención con el palo en la cabeza. Los quejidos me hicieron tanta gracia, que repetí la operación unas diez veces hasta que por fin, a base de psicología conductista, dejaron de acercarse al palo.

Creo que ha sido la única vez que he maltratado a un animal conscientemente y no me hace sentirme orgullosa… pero no lo podía evitar. Era oír esos gruñidos y reírme a carcajada limpia. ¡Hoy por hoy, no lo haría, obviamente! Por cierto, en esta ocasión mi abuela estaba intrigada, pues no llegaba a entender cómo aquellos gochos tenían aquellos moratones en el lomo. Cuando le preguntaba a mi madre qué podría ser, más valía salir del cuarto o la mirada inquisidora me pillaría seguro.

madreñas, madreñes,
No lo volveré a hacer. Lo prometo.

Tercera confesión: visita a las vacas

La morena

La ronda acababa en las cuadras, donde las vacas permanecían amarradas a la espera de que las sacaran a beber y a pastar. Todos los años había un ternerín nuevo, o como diríamos en Mallo, un jato (jatín si era recién nacido) que recibía todo tipo de atenciones de parte de una servidora. No todo iba a ser maltrato, ¿¡eh!? me encantaba rascarle la frente, cepillarlo, limpiarle las orejitas… Después visitaba a todas y cada una de las vacas.Todavía recuerdo algunos nombres: la Morena, la Paloma, la Serrana, la Mora…Hecha la ronda, llegaba el momento de reunirse con los demás niños, así que tenía que devolver las madreñas a su sitio o no podría repetir el ritual al día siguiente.

¿ Y cómo acabó la historia?


Con el tiempo, mi amor por las madreñas no mermó, y acabé encargándoles a mis tíos que me compraran un par en la fiesta del Pastor. Cada año me las pongo y rememoro todos aquellos momentos, y me hacen sentirme muy especial, privilegiada, diría yo. Mis hijas, para suerte de los gochos y las gallinas, no vivirán esas aventuras con el pasaporte que otorgaban las madreñas. Tampoco están ya los animales. Sólo queda en el recuerdo de la que os escribe. Así que, permíteme darte un consejo: coge tus madreñas y date una vuelta con ellas. Vuelve a sentir la magia, recuerda cuantas cosas hiciste, ¡hasta dónde te llevaron! Si esas madreñas hablaran…


¿Y tú? ¿qué significan para ti tus madreñas?  ¿qué dirían tus madreñas si pudiesen hablar?

Si te has quedado con ganas de más, te recomiendo visitar el post de las casas castreñas: ¿ecología milenaria?

Seguro que descubres un par de cosas de aquellas maravillosas construcciones de un pasado no tan lejano

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Bolos leoneses: asalto y derribo al castro

Bolos leoneses: asalto y derribo al castro

Que los ástures (y también los cántabros) se zurraban entre ellos es bien sabido. Cualquier excusa era buena para asaltar al castro vecino si no había tésera de hospitalidad de por medio: mozas más guapas que las de tu castro, mejores caballos, control de los mejores pastos… Eso era así (seguro). Pero para estar a la altura, amigo, tenías que adiestrarte largo y tendido. Lucha leonesa: lunes, miércoles y viernes; los martes y jueves seguramente tocaba manejo de falcata, honda y lanza. El sábado algo de equitación para la guerra y los domingos algo más light, no vaya a ser que sobrecarguemos el cuerpo: desarrollo de estrategia del asalto, pulso y camaradería. O lo que es lo mismo, jugar al bolo leonés.

bolos leoneses
Cómo asaltar un castro y derribar al centinela: ése era el objetivo del juego

La analogía tiene sentido

Piénsalo: la clave para un asalto perfecto al castro es :

  • derribar al centinela sin despertar al resto del castro,
  • abrir las puertas para dejar pasar al resto de tus compañeros
  • y llevarte lo que tengas que llevarte sin sufrir bajas en tu bando.

Con la media esfera en mano, consigues la máxima puntuación cuando ésta entra en el castro y consigue derribar el Miche (centinela). Al margen de esta jugada ideal, hay multitud de maneras de puntuar. Eso hace que sea algo complicado cogerle el tranquillo a este juego, tiene que haber alguien que te enseñe a jugar bien.

Yo me harté de jugar en mi pueblo cuando era una adolescente y por aquel entonces no tenía ni idea del trasfondo histórico. Para mí era sólo un juego que practicaban los abuelos y que era fascinante, algo prohibido. Sí, prohibido. No nos decían nada, pero cuando la juventud se ponía a jugar, los viejos torcían un poco el morro cuando las chicas cogíamos la bola. Y aquello le daba más morbo porque despertaba tu lado rebelde. Al fin, terminó por ser algo normal, porque posiblemente, o jugábamos nosotras también, o aquello no tenía cantera suficiente.

El Cincón o Cinca, en mi pueblo, era el único bolo que al caer no daba puntuación. El equipo contrario gritaba ¡Finca! con enérgica alegría.

Como dije en algunas lineas más arriba, necesitábamos de la tutorización de los veteranos porque el reglamento era un poco infumable: que si el derribo del Miche (el centinela), que si tiene que caer la bola en el castro y eso son tantos puntos, que si es finca (jugada sin puntuación), que si entró en el castro o no entró, que si pasó por la raya del once… Sin ellos no hubiera sido posible jugar de una manera decente.

Jugar a los bolos leoneses no es sólo cosa de viejos

Durante al menos dos veranos, el castro de los bolos fue punto de reunión indiscutible. Había movimiento en el pueblo: los mayores se reunían, salían de su letargo y vibraban. En vez de verlos ensimismados en la soledad que trae la vejez, recuerdo sorprenderme al ver cómo interactuaban entre ellos, con un brillo en los ojos que me chocaba. Evidentemente, llevaban toda una vida conociéndose, pero yo, que siempre los conocí viejos y aburridos, quedé intrigada. ¿Cuántas vivencias y aventuras trajinaron juntos?

Se sentían vivos. Quizás era el gusto por competir. Puede que sentirse maestros por un rato y recibir admiración y atención les inyectara una ilusión extra en aquella mirada. Sólo por eso, valía la pena mantener el castro de los bolos.

De eso me doy cuenta ahora. Ahora que ya no existe el castro (se asfaltó la calle y a partir de ahí ya no se volvió a montar), ese vínculo de personas intergeneracional se ha perdido. Los viejos (los pocos que quedan ) van por un lado, si es que salen de casa, y la juventud… ah, la juventud. Los jóvenes no salen del Instagram. ¿Qué será del juego ancestral que nos legaron los ástures?

Bolos leoneses
Un ejemplo de una partida cualquiera en un pueblo leonés cualquiera… (wikipedia)

Los bolos leoneses hoy en día

Te sorprenderá descubrir que esta disciplina deportiva tradicional tiene bastante tirón. Sobre todo, fuera de León. Algo bueno tenía que traer la combinación de una emigración masiva, a ciudades como Madrid o Barcelona, o regiones como el País Vasco, y la morriña del emigrante. Cuando estás fuera de tu casa, te coges como un clavo ardiendo cualquier cosa que te una a los tuyos, a tus orígenes, a tu antigua vida. Sí, lo adivinaste: los bolos leoneses son ese clavo para muchos cazurros en el exilio.

Los catalanes admiran esta disciplina y la adscriben a la federación de deportes tradicionales. Tranqui, que sólo hablan en catalán al principio un minuto.

En León, la Delegación leonesa de Bolos vela por mantener el calendario de competiciones activo y difundir el reglamento oficial. Últimamente se están techando muchos castros, de manera que así se pueden jugar partidas incluso cuando hace mal tiempo (cosa habitual en el norte).

Sin embargo, por más que busco en Internet, sólo veo señores viejos jugando, y te aseguro que me he pasado tiempo investigando. Hay algún vídeo documental de estudiantes que tienen como deberes del instituto entrevistar a los jugadores senior, pero poco más. (Si me lees y sabes de alguna iniciativa que introduzca a los jóvenes al juego, por favor, escríbeme)

Su futuro está en juego

No puedo evitar preguntarme: ¿Se está perdiendo esta tradición? ¿Hay algún gesto desde la administración pertinente (Diputación de León, ayuntamientos, Junta de CyL ,etc.) No basta con subvencionar el material para jugar, que sí, ayuda. Pero o se incluye este deporte en los programas educativos/ municipales, o la juventud no dudará en meterse en Instagram. Os lo aseguro. Y la verdad, bajo mi punto de vista, tenemos MUCHO QUE PERDER. No podemos arruinar algo que es capaz de unir a jóvenes y viejos.

Además, creo que deberíamos ir más allá. Deberíamos atraer de una manera más activa al sector femenino, tradicionalmente ignorado en esta disciplina por ser considerada cosa de hombres (aunque te aseguro que a las chicas no nos falta nada en absoluto para jugar igual o mejor que los chicos) . En mi pueblo funcionó de maravilla, a pesar de las reticencias iniciales. Estaríamos doblando el público objetivo y podría ser una de las claves de su perpetuación.

Ellas también saben tirar el Miche, no te quepa duda.

Anímate: aquí tienes algún material para empezar

Aquí te dejo el reglamento, así como webs donde adquirir el material de juego. ¡Todo es ponerse! Te aseguro que los bolos leoneses sólo traen cosas buenas: interacción, destrezas sociales, respeto a las normas, disciplina y convivencia.

Por cierto, si dominas el arte de trabajar la madera, creo que es un buen nicho de mercado. Sólo he encontrado una web en Internet que se dedique a confeccionar los 9 bolos y el juego de bolas más el Miche. ¿Sabes de alguna empresa que se dedique a su fabricación? Ayúdame a difundirla, toda aportación es un valioso granito de arena.

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La Covada. El polémico piel con piel Norteño

La Covada. El polémico piel con piel Norteño

Esta semana ha sido muy curiosa. Ya son cuatro las personas que se quedan a cuadros cuando les digo que soy madre de gemelas. De tres años; en agosto: cuatro.

–¡Me parecías muy joven! –me dicen algunos. Otros siguen en estado catatónico intentando averiguar mi edad aproximada para luego calcular a qué edad fui madre, y esas cosas.

la covada
Esta es la geta que ponen, más o menos. No les cuadra en la cabeza cuando les digo que soy madre de gemelas.

Si os digo la verdad, en mi cabeza parece que fue hace mil lustros cuando mis dos pequeñas llegaron al mundo un Lughnassad de Súper Luna Azul. Como buen parto múltiple con prematuras, me las sacaron por cesárea (No programada). Llevaba unos cinco meses practicando posturitas y ritmos de respiración, así como escuchando qué esperar de un parto y qué no. Como os podéis imaginar, una se había creado sus expectativas y ya me había hecho una idea de cómo me hubiera gustado que fuera el alumbramiento. Pero bueno, al grano: en mi caso, por cuestiones de protocolo, no nos dejaron hacer el archi-reconocido «piel con piel» que tantos beneficios aporta a todos los miembros implicados: bebé, mama y también papá. Eso es lo que me habían vendido una y otra vez, como la garantía de que si lo hacía, todo lo demás iría como la seda. La naturaleza era así.

Me pillé un cabreo monumental

Cuando descubrí que ni siquiera a mi marido le habían permitido realizar el piel con piel. Estaba claro que yo, que estaba como buena guerrera ástur capturada por los romanos (crucificada y abierta en canal), no pasaba por mi mejor momento para tener a las niñas encima, pero jamás pensé que no dejarían que el padre de mis niñas gozara de dicha práctica. Por lo que nos dijeron en el hospital, si los bebés pesan menos de dos kilos, tienen que ir a la incubadora directos. Las mías pesaban dos kilos justos cada una, así que se las llevaron. Con el tiempo, un día descubrí que el piel con piel influye tanto en la relación con la madre como en el desarrollo físico y emocional del bebé hasta en su etapa adulta. Siempre me queda el consuelo de pensar que si me salen unas ovejas negras, fue culpa del protocolo del hospital.

Aquí no hubo piel con piel. Está clarísimo.

¿Y cómo se lo montaban los ástures tras dar a luz?

Eso mismo me pregunté yo un día que estaba mirando las fotos de la salida del hospital con mis leonas. Jamás me imaginé lo que me encontraría. De verdad. Comencé a leer la palabra COVADA en varios artículos y descubrí un ámbito totalmente desconocido de nuestros antepasados que todavía a mitad del siglo XIX consiguió mantenerse en la Maragatería y zonas de Cantabria y País Vasco. Atent@s, que voy:

–Maritrini, me está subiendo la leche… tráeme unos apósitos, mi amor.
(imagen extraída de Maternalias)

Imagina que das a luz, sin epidural ni milongas de esas. Un trabajo de parto a la antigua, con las que pilotan del tema en tu castro echándote un cable mientras el pequeño bebé norteño llega al mundo. Bien, imagina ahora que todo sale bien y de repente, en vez de coger a tu bebé en brazos para verle la carita y amamantarlo, llaman al padre para que se acueste en el catre marital con el recién nacido para darle calorcito y mimarlo durante las primeras horas. A ti te dan un bocadillo para que no te dé la pájara mientras sigues con tus quehaceres habituales en el campo, la casa, la cocina… Cero atenciones, chata. De hecho, si te descuidas, el padre del retoño fingirá ser él quien ha parido al bebé y serás tú la que tiene que dedicarle todo tipo de atenciones.

Hay varias teorías para explicar la Covada

¡¿Pero por qué?! ¿Por qué esta vuelta de tuerca? ¿Estaban locos los antiguos norteños? ¿Es que a caso tenían poderes sobrenaturales aquellas mujeres? ¿Qué pasa con el instinto maternal?
No me podía quedar con aquella duda. Tras documentarme vi que había varias interpretaciones:

  • Es un reflejo de la transición de sociedad matriarcal a sociedad patriarcal. Podría decirse que con esta práctica, el hombre reclama el espacio «mágico y sagrado» exclusivo de las mujeres y lo hace suyo, reivindicando así ser el eje de todo.
  • Es una manera de reconocer al bebé como propio y estrechar vínculos los primeros días. Esta teoría iría en consonancia con las tradiciones de las sociedades indoeuropeas. Recuerda que celtas, griegos, incluso los romanos, son de origen indoeuropeo ( esto da para otra entrada). Me consta que los romanos no practicaban la covada, pero sí dependía del padre reconocer como propio al hijo. Esto lo descubrí mientras estudiaba cómo trataba el Imperio Romano a los discapacitados. Por lo general, cuando un bebé venía al mundo, el padre lo posaba en sus rodillas y le adjudicaba un nombre. Si tenía alguna discapacidad, el padre estaba en el derecho de repudiarlo. (Por cierto, de aquí viene la explicación de porqué tradicionalmente llevamos el apellido de nuestro padre en primer lugar). Pero la cosa no queda aquí. Aún hay más.
  • La más benévola de todas: el padre se hacía pasar por la madre para despistar el mal fario de los espíritus. Recordemos que los partos complicados y postpartos eran una de las principales causas de mortalidad en la población femenina.

La covada no es exclusiva de las etnias indoeuropeas

Al parecer, la primera interpretación es general a muchas culturas a lo largo y ancho del mapa, que en un momento dado viran hacia el patriarcalismo cuando la agricultura hace aparición en la vida del ser humano. Así nos encontramos la práctica de la covada en algunas etnias de América del Sur, Nueva Guinea, México, La Guayana, Japón, etc. Pero de entre todas, me quedo con la práctica de los indios Huichol. Cuando la parturienta se ponía a sufrir las embestidas de las contracciones, su señor consorte se subía a la viga de la choza, justo a la altura de la susodicha, y se ataba un cordel a los cataplines. Entonces ella, desde abajo, con cordel en mano, podría tirar de la cuerda en cada contracción. ¡Así, sí! perdona, así sí te mereces un lugar de honor en el proceso.

¡Maritriniiiiii! ¡que me van a rozar el sueloooo!

La covada hoy en día

Bueno, es una práctica casi desaparecida, pero que explica muchas cosas de nuestra cultura que damos por hecho. En la cultura Vasca, por ejemplo, la etimología explica, con la práctica de la covada, la formación de las familias, las jerarquías matrilineales y con ello la forma de llamar a los parientes en función de si venían de la parte materna o paterna.

Lo que sí se lleva, en la sociedad occidental, es acompañar de manera consciente en el embarazo y el parto a la madre. Los padres están tomando un papel mucho más activo que sus predecesores, lo cual, se agradece. Algunos hasta desarrollan el Síndrome de la Covada, en el que el padre desarrolla los síntomas del embarazo y engorda tanto como ella… Me temo que algunas cosas no cambian nunca.

He aquí un caso real…

Todavía no sé si meterlo en la novela

La verdad es que sería un guiño muy interesante en Las Nieblas del Tsuna, porque es algo que estoy segura de que chocaría al lector y lo dejaría pensando. De lo que estoy segura es que aparecerá, si no es en la novela, en algún relato. Estad atentos porque no tardaré mucho.

Si quieres saber más, te recomiendo estas webs

¿Y tú? ¿Conocías la covada? ¿Qué opinas al respecto? ¡hazte oír!

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Casas Castreñas. ¿Ecología milenaria?

Casas Castreñas. ¿Ecología milenaria?

¡Pues claro que sí!

Estaba yo ayer escribiendo una escena de cama en Las Nieblsa del Tsuna, y claro, ya sabéis que en los momentos amorosos el ambiente influye. Para bien o para mal, pero influye. Humedad relativa, iluminación, temperatura, aroma, espacio disponible, intimidad, opciones de aseo personal, vistas, ruidos de los vecinos… Vamos, que no es lo mismo arrimar la cebolleta en un hotel de cinco estrellas que en el descansillo de tu edificio. La pregunta es: ¿Y en las casas castreñas?

Teitos y Pallozas, casa castreña
El ambiente debía tener un toque de Vikings, seguro. ¡Ay! Ragnar… Se iban a empañar hasta las piedras.

En este caso la escena transcurría en una casa castreña, la construcción madre de los Teitos y las Pallozas. Éstas últimas heredan la misma idea estructural, el mismo uso de los materiales de construcción y las mismas prestaciones de una casa castreña, porque… si algo funciona, ¿Para qué cambiarlo? Las pallozas y los teitos son «fósiles arquitectónicos» que perduraron en zonas muy determinadas del noroeste peninsular, donde el aislamiento y las condiciones de vida facilitaron esa conservación hasta nuestros días.

La primera vez que vi un teito fue en la braña de Somiedo, en una excursión familiar muy mejorable. ¿A quién se le ocurre ir monte arriba en pleno agosto a medio día? ¡Y se supone que somos de campo! para rematar la jugada, íbamos sin agua. Cualquiera en estas circunstancias vería el paisaje bajo un prisma «algo negativo». Aún así, os tengo que decir que los teitos me impresionaron. En serio, no podía dejar de admirar aquellos techos hechos de paja o de escoba. La estampa de aquellas casas enclavadas en un paisaje de alta montaña tenía una fuerza tal, que era capaz de teletransportarme a épocas remotas. Por la puerta podía salir William Wallace en cualquier momento, haciendo un calvo a los turistas. Pero no. Estaban cerradas a cal y canto, puesto que en algunos casos, no todos, todavía se les daba uso.

Me consta que las últimas pallozas habitadas de la cornisa cantábrica, de manera regular, fueron las de la zona de la Cabrera, entre León y Galicia. Hoy en día tan sólo algunas de ellas funcionan como casas rurales con sus pertinentes modificaciones o están destinadas a almacenar paja u otros productos del campos. (Como siempre, si alguien vive en una palloza o teito al estilo tradicional, por favor, que lo deje en comentarios. Estaré más que encantada de escuchar su testimonio)

¿Qué es lo que hace tan especiales a las casas castreñas?

El techo

Formado por un entramado de madera de roble o haya y una cubierta bien gruesa de paja de centeno o escoba, según las materias primas disponibles, el techo constituye el elemento más llamativo de la casa. Además tiene un papel protagonista a la hora de aislar térmicamente el conjunto arquitectónico. Su inclinación siempre es pronunciada, así conseguía deshacerse de la nieve y la lluvia de manera fácil.

Planta de piedra: ovalada, circular o cuadrada

La planta de estas construcciones, se realizaba en piedra, de manera que es este elemento estructural el que ha pervivido en el caso de las casas castreñas. Parece ser que en las zonas más orientales de la cultura castreña (Cantabria), la influencia de la cultura Hallstatt (campos de urnas) y la asimilación de la cultura celtíbera fue más intensa que en la zona galaica o ástur; por tanto, las casas castreñas a partir del 450 a.C. comienzan a mostrarse con planta cuadrada en el oriente. En el occidente se conservan de forma ovalada o circular.

Castro de Vigo, Casa castreña
Castro de Vigo, reconstruído

Prestaciones

Para qué te voy a engañar. No se parece ni de lejos a la lista de prestaciones de una casa promedio. Nada de agua corriente, a penas estaban iluminadas con luz natural (de hecho la luz sólo entraba por la única puerta de acceso), el suelo era tierra apisonada, y la calefacción… pues eso, un hogar en mitad de la planta o en su lugar, un horno situado en una parte de la pared. Te puedes hacer una idea del olor a fogata que podía hacer dentro. Seguramente, estos antepasados nuestros olerían a humo todo el tiempo.

En mi opinión, la escasa lista de prestaciones daba a entender que siempre que se podía, hacían vida fuera, y la casa la usaban sólo para dormir y pasar los meses de inverno como podían. Pero claro, en invierno, poca cosa se podía hacer, así que tirarían de despensa (en la parte superior de la estructura, o en almacenes aledaños) y se contarían mentiras alrededor del fuego mientras se fabricaban mantas con el telar, o vaya usted a saber qué.

Por encima de todo, eran un ejemplo de aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles, y gracias a estas características lograban mantener una temperatura constante de 10ºC aproximadamente. Ten en cuenta que el techo de paja tenía casi 70 cm de espesor y las paredes contaban con 100 cm nada desdeñables. Bastaba encender el hogar, que a la vez servía para cocinar, y la estancia se calentaba sin dificultad. La diferencia de las casas castreñas con las pallozas y los teitos es que éstos últimos eran algo más grandes y permitían encerrar a los animales en espacios separados del resto de la zona habitada, de manera que el calor animal contribuía a mantener la estancia más cálida en invierno.

¿Y porqué dejaron de utilizarse?

Con total seguridad, el motivo era que a la mínima la paja ardía, y más si el techo estaba impregnado de hollín acumulado con el tiempo. Era cuestión de que el fuego se pasara de un teito al otro y ardiera todo el castro. En su tejado de paja se encerraba pues, su ventaja térmica y su talón de Aquiles. Al margen de esto, las prestaciones espartanas que te comenté arriba no ayudaban demasiado a seguir viviendo en una construcción de este estilo. Además, cada 10/20 años era necesario cambiar por completo el techo, así que pereza, daba un rato.

No obstante, en la actualidad…

se estudia volver a los orígenes y aprovechar la paja como material de construcción para alcanzar los objetivos ecoenergéticos. Especialistas en el tema, como Pablo Fernández Ans, aseguran que si se consigue aislar la paja con materiales ignífugos y se refuerza la estructura de madera para que no sea susceptible de incendiarse, los techos de paja se presentan como una alternativa de futuro para las viviendas bioclimáticas. Y esto es porque el la paja, en su momento, absorbió más CO2 del que se genera para calentar la vivienda. En la actualidad los materiales de construcción habituales no son capaces de dar esta eficiencia ecoenergética.

Otra cosa es que queden profesionales que tengan conocimientos suficientes para seguir teitando. Esta labor artesanal se pierde con cada profesional que se jubila o deja este mundo sin pasar sus conocimientos a la siguiente generación. En un mundo ideal, los constructores rescatarían esta técnica de techado y darían trabajo a la población rural, que no sólo participaría en las labores de construcción, sino que además se mantendrían los campos de centeno y la actividad agrícola. En un mundo ideal…

Aquí os dejo un vídeotutorial de como techar un teito o palloza, por si os animáis y os sobra tiempo. Si yo tuviera todo el tiempo y el dinero del mundo, mandaba construir una casina de estas bien maja, sin privarme de nada.

¿y al final qué pasó?

Bueno, si te preguntas si hubo final feliz en la escena de cama, pues sí. Por que al final lo que cuenta es estar juntos, bien arrimaditos, cerca del fuego. Da igual el olor a humo o si el resto de la familia estaba haciéndose la dormida mientras el acto «xexual» se llevaba a cabo… la intimidad está sobrevalorada.

Si, por el contrario, te preguntas si las pallozas y los teitos desaparecerán, creo todo depende de si la industria turística es capaz de integrar su atractivo a la oferta hotelera. De momento algunas casas rurales ya se están desmarcando y ofrecen una alternativa muy atractiva. Yo personalmente me muero por dormir en una palloza, ya no solo por el enclave, si no por la experiencia en sí. A ver si este verano suena la flauta y puedo irme de fin de semana romántico con «el mí amo» a la palloza Baltasar o al complejo de teitos la braña LaCode.

Prometo hacer informe, de la arquitectura. De las escenas de cama, ya es otra historia. Jajaja

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El Asturcón, inmortal como Jordi Hurtado

El Asturcón, inmortal como Jordi Hurtado

Ayer monté a caballo. Hacía cinco años que no me subía a uno, pero daba igual: volví a sentir ese cosquilleo, esa magia de estar a lomos de un hijo del viento. Troté al modo inglés para proteger la espalda, y ojo al dato: GALOPÉ como aquella del anuncio de FA. Pero vestida, claro. Por cierto, he estado mirando los vídeos de aquella época y cómo se nota que el Destape estaba reciente, ¿eh? Mi marido, en plena era de la tecnología, ni siquiera se dignó a grabar el momentazo del galope (me refiero a mí, no a la de FA), así que tendréis que fiaros de mi palabra.

Hoy tengo agujetas hasta en las pestañas, pero valió la pena. De hecho, si mi espalda y la cartera me lo permitieran, montaría muchísimo más, pero… ¿qué se le va a hacer? ¡no se puede tener todo!

Esa sensación, tan familiar

Siempre me quedo con ganas de más y no puedo evitar imaginarme en una vida pasada como guerrero ástur a lomos de un asturcón hace dos mil años. Sólo eso explicaría algún que otro sueño recurrente, o la familiar sensación que siento al montar a caballo.

De los guerreros ya no quedan más que las fíbulas, algún brazalete, cuatro chismes para ir a la guerra y unas cuantas estelas funerarias. Pero, por increíble que parezca, los asturcones siguen ahí, más o menos inmutables con el paso del tiempo. Son los «Jordi Hurtado» del mundo equino, por así decirlo.

Asturcón, inmortal como Jordi Hurtado
Como bien sabéis, Jordi es uno de los inmortales más destacados de nuestro país.

De símbolo sagrado a condenado a muerte

Para los ástures (y por extensión, cántabros y yo diría todas las tribus del norte) este caballo era sagrado y aparecía como motivo en más de una estela funeraria, como en la de la foto de abajo. Estrabón cuenta que en los rituales previos a la guerra, los augures sacrificaban algunos ejemplares y bebían su sangre para honrar así al dios de la guerra.

Estela funeraria vadiniense de Tridio. Finales del s. II-III d. C. Epígrafe inciso sobre canto rodado de cuarcita. Procede de Villayandre, Crémenes. Texto: M(onumentum)/TRIDIO ALONGVN/BODERI F(ilio) VA(diniensi) AN(norum) XXV/FRONTUM DOIDERI/GVM AMICO SVO/POS(u)IT H(ic) S(itus) E(st)/T(erra) L(evis) Traducción: Fronto, de los doiderigos, puso este monumento a su amigo Tridio, hijo de Bodero, de los alongos, vadiniense de 25 años de edad. Aquí yace, séate la tierra leve. Junto al texto hay motivos vegetales: el árbol de hoja perenne y la hoja de hiedra, de significación funeraria; y el caballo asturcón, junto a una especie de plataforma con ruedas, quizás trasunto de un carro.

Así mismo, esta raza de caballo fue muy valorada por los romanos. Una vez instaurada la Pax Romana, lo exportaron allá donde el Imperio necesitaba un método de transporte duro y tenaz, habituado a relieves escarpados. Incluso Nerón tenía un Asturcón entre sus monturas favoritas. Parecerá que era la primera vez que salía de casa, pero no es así. Durante las grandes migraciones indoeuropeas, este fue el tipo de caballo estándar. Podría decirse que todas las naciones celtas montaban a lomos de caballos similares. Pasado el tiempo, el asturcón fue visto por Irlanda, donde era apreciadísimo; e incluso París, ciudad en la que tiraban de carruajes y dotaban a la urbe de un toque chic por aquel entonces. Por supuesto, el asturcón va a estar presente también en Las Nieblas del Tsuna, je!

No obstante, también ha atravesado tiempos difíciles. Esta raza de caballos, que data de la última glaciación, estuvo a punto de desaparecer. Pero no fueron las guerras Astur-Cántabras, ni siquiera la Guerra Civil Española la que amenazaron con su fin. En esta ocasión, la introducción de sementales de nuevas razas (más altas y más rentables en el negocio de la carne de potro), así como el declive de las actividades ganaderas y el uso de tracción animal casi llegan a sentenciar a la extinción a este poni autóctono de la Cordillera Cantábrica.


Todavía, el asturcón estaba en peligro en 1979, pues solo quedaban 40 cabezas.


Colaboración de D. Benedicto Cuervo Álvarez para El Buscolu

El esfuerzo de algunas personas y asociaciones (sabedoras del futuro incierto de esta raza), hizo que las cifras viraran considerablemente. De hecho, en 2006, el censo de asturcones subía a 1.113 ejemplares. A pesar de no ser exactamente como los asturcones que describían los romanos en sus escritos (el tipo de poni más parecido, vivo, sería el que corre por las praderas de Islandia), se conservan las características más importantes. Tengamos en cuenta que a lo largo de los años ha sido inevitable su cruce con otras razas.

Y ¿qué es lo que le hace tan especial?

Pues eso, que es un Jordi Hurtado de los caballos. A pesar de todo, conserva características que lo hacen único porque desciende de los caballos más primitivos que había. Los caballos que conocemos hoy en día han «evolucionado» de alguna manera porque el ser humano se ha involucrado en la cría desde hace milenios y ha ido haciendo mezclas en su beneficio para obtener caballos específicos para cada fin. Pero el asturcón sigue más o menos fiel a sus orígenes.

Voy a copiar textualmente de la web «Senderismo de Asturias«, porque, aunque sé trotar y galopar como la jinete de FA, no estoy muy puesta en el tema de la fisionomía de los equinos. Eso sí, me pareció extraordinario eso del doble párpado:

«El poni celta puro se extendía desde las islas Feroe e Islandia por el Norte, hasta Asturias como mínimo, por el sur, como resultado de las migraciones de pobladores de origen centroeuropeo. Morfológicamente, los antiguos Shetland se asemejaban notablemente a los asturcones originarios del Sueve

Su estructura era de tipo oriental, con huesos muy finos en las extremidades, con el característico ojo de sapo y el párpado doble para proteger el ojo. Otras razas hoy extinguidas o a punto de desaparecer, como el poni de la isla de Barra, el antiguo Highlander, o el Bretón, conservaban en conjunto las mismas características raciales.»

El Asturcón, hoy en día

Existen varias formas de poder admirar la belleza del asturcón, pero sin duda, yo recomiendo dos.

Por un lado, la ya famosa «Fiesta del Asturcón» en Piloña, Asturias. Allí se dan cita, como cada tercer sábado de agosto, los amantes de esta raza equina para celebrar misa de campaña, entrega de premios, espectáculo de marcaje y doma, comida campestre, y mucha música y fiesta de ambiente asturiano cien por cien.

Por otro lado, si no puedes acudir a la fiesta en agosto, es posible concertar visitas a lo largo del año en varias empresas que se dedican a mantener en semi libertad a los 80 ejemplares que habitan en el concejo de Piloña. Yo he encontrado esta, y quiero que conste en acta que no me llevo comisión, pero me ha parecido una buena propuesta y os la hago llegar.

Sea como sea, aprovecha para escaparte a un paraje maravilloso y visita a un protagonista vivo de nuestra historia antigua. El inmortal Asturcón.

Presentación del Asturcón en Fitur.

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NOTA: la imagen destacada del asturcón proviene de la página «la montaña mágica, casa rural de Llanes»

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