Categoría: Guerras Astur-cántabras

Asturican Gods

Asturican Gods

Contra los dioses romanos

—Llegas tarde, hermana. —dijo Deva sonriendo, mientras jugueteaba con las ondas de su melena. —Pensábamos que ya no vendrías.

—¿Crees que es fácil desenvolverse con mi forma humana, querida? a estas alturas del año, se torna seca, arrugada y sin brío. —contestó Brixit con su característica voz cansada. —Además, ¿no había otro roble en el que reunirnos? ¡Este es sin duda el más inaccesible de todos!

Lug, Deva, Belenos, hasta Cosso, todos rieron. La anciana resultaba más cascarrabias y chistosa cuanto más envejecía. Sólo Cernunnos permaneció impasible.  

—Y el más sagrado, anciana Brixit. —le recordó Cernunnos al cogerla de la mano para cerrar el círculo que habían formado bajo el árbol.  —Los pactos de los dioses se sellan siempre al cobijo de un gran roble.

Cernunnos, el dios astado, era el único que conservaba su forma original, puesto que los bosques le conferían toda la energía necesaria para manifestarse en cualquiera de sus formas. 

—Bien, si ya estamos todos, comencemos. No hay tiempo que perder. —añadió Cernunnos mientras apoyaba su mano en el roble. —¡Oh! Roble de los mil inviernos, señor del bosque, nexo entre los mortales y los dioses, testigo de pactos sagrados: ¡Atiende nuestra petición!

—¡Atiéndela! —respondieron todos al unísono.

—Los dioses aquí presentes vienen a decidir su destino bajo tus ramas. Te pedimos ser testigo de nuestro acuerdo, por los inviernos a los que has sobrevivido, y otros tantos a los que sobrevivirás.

El dios astado cerró los ojos y el árbol, en respuesta, dejó cantar sus hojas al viento. Hasta el cierre de la reunión, todo quedaría grabado en su savia para siempre.

—Bien, veo que no soy la única que tiene que recurrir a su forma humana. —continuó Brixit, tras recuperar el resuello. —Las cosas están yendo de mal en peor.

—No es de extrañar, querida. Más de la mitad de los ástures y los cántabros han perecido en batalla. —respondió Cosso, hastiado. El dios de la guerra no podía dejar de acariciar la empuñadura de su falcata, buscando quizás tranquilizarse con el tacto del metal . —Todo el valor y el arrojo que infundí en cada uno de los guerreros fue inútil ante los hijos de la Loba Sarnosa.

—Cosso, hermano mío, no sabes cómo te entiendo. Las viejas costumbres, nuestro modo de hacer las cosas, ya no son efectivos ante el avance de esos Lobeznos Sarnosos. —dijo Belenos mientras posaba su mano sobre el hombro del Dios Guerrero —Cada día, aparezco por el horizonte y me sorprendo al ver que invaden nuestros dominios con artefactos nuevos. No paran de llegarles refuerzos desde el oriente. Cuando me oculto, en el ocaso, ansío el descanso. Pero una y otra vez me veo obligado a ver sus abusos. Es una tortura. 

—Yo he sentido como controlan las aguas, desvían sus cauces naturales, las estancan y aprovechan su fuerza almacenada para horadar los montes. ¡Es un insulto! ¿Cuánta manipulación deberemos soportar? —dijo Deva, diosa de las aguas y los seres que habitan en ellas.

La diosa, que iluminaba el cerco divino con su tez inmaculada y su melena de oro ondulado, no pudo evitar derramar un par de lágrimas. Una por cada mejilla sonrojada. 

—Deva, no llores, ¡no empieces! ¡Por favor!¿No querrás inundarlo todo? —le reprendió Lug. —Aunque, tienes razón. No sólo manipulan las aguas a su voluntad. También las mentes. ¿A cuántos de vosotros han intentado dar un nuevo nombre? Seducen a nuestros fieles, diciéndoles que ellos también nos adoran, pero ¡con otro nombre! —exclamó Lug, golpeando con furia el suelo con su lanza. —Sin ir más lejos, algunos han decidido llamarme Mercurio. ¿Os lo podéis creer? Me han puesto a la altura de ese dios mequetrefe de segunda. ¡A mí!

La lanza comenzó a arder, imbuida por la indignación de Lug, el dios de todos. 

—¡Intentemos una nueva ofensiva!¡Contamos con la ventaja de luchar en nuestro territorio! —dijo Cosso, con el brillo de la guerra en sus ojos. —No podemos apagarnos lentamente ante el avance del enemigo. 

—Sí, Cosso. Si no hacemos algo, nos extinguiremos poco a poco, hasta ser sólo un recuerdo mecido por el viento. —reflexionó Lug —Pero esta vez deberíamos hacerlo de manera distinta. Deberíamos aunar nuestras fuerzas y no combatir por separado. Al fin y al cabo, ese ha sido el fallo que nos ha llevado a esta situación. 

Lug, con su lanza en llamas, adoptó una postura de liderazgo. Se veía capaz de tomar las riendas de la situación y quería arrastrar al resto del cónclave con su entusiasmo. No había otra salida.

—Deberíamos bendecir con nuestra protección a un guerrero que sea capaz de comandar los fieles que todavía quedan vivos. —sugirió Lug, mientras el resto lo miraba en silencio.

Tras unos segundos, la anciana Brixit carraspeó y tragó saliva. Fue la única que tenía objeciones al respecto.

—Lug, chato. Casi no hay guerreros vivos. —dijo la vieja, frunciendo el ceño en un sinfín de arrugas —¿No crees que deberíamos contar con fuerzas alternativas? Propongo que la bendecida sea una mujer. Entonces quizás los resultados sean distintos.

—Bien dicho, hermana. ¡Apoyo la propuesta! —Exclamó Deva, exultante. Había pasado de la melancolía a la alegría en un suspiro.

Lug se giró y miró a Brixit por encima del hombro con gesto de desaprobación. Bendecir a una mujer no estaba en sus planes. Fue a rebatir a la señora del invierno y de las nieves, pero intervino Cernunnos.

—Los dos estáis en lo cierto. Pero hasta las piedras lo saben: no hay dos sin tres. La victoria vendrá de un guerrero, una hija de la tierra y el agua de Nuestros Montes y alguien más. —Cernunnos hizo un silencio para mirar a los ojos a todos los presentes. Respiró hondo y continuó: —Alguien que mantenga la magia viva y pueda unir con su sola presencia el pacto. Alguien en contacto permanente con nosotros, los dioses.

—¡Que así sea! Cuenta con mi luz. — replicó Belenos, tras mesarse el bigote.

—¡Brixit y yo también los bendeciremos! —dijo Deva.

—¡Cuenta con mi furia, Cernunnos! —Exclamó pletórico Cosso.

Sólo quedaba Lug por dar el visto bueno al plan. Cernunnos se aproximó a él y, evitando quemarse las astas con la llama de la lanza sagrada, le cogió de la mano.

—Sólo quedas tú, Lug. Acéptalo. Danos tu visto bueno. —le pidió Cernunnos con una sonrisa de complicidad. —¿Qué más podemos perder?

El dios de todos y de todo desvió la mirada al suelo y sintió miedo por primera vez. En realidad había todavía mucho que perder. Pero al alzar la vista, descubrió en sus hermanos una fuerza que creía ya olvidada. La misma fuerza con la que conquistaron un sinfín de tierras más allá de los mares.

—Contad con mi ingenio y mi lanza. ¡Les haremos recordar nuestro verdadero nombre a través de los tiempos! 

Entonces, el Gran Roble dio por sellado el pacto con un temblor de sus ramas enormes. Estaba escrito en su savia. Ya no había marcha atrás.

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El Asturcón, inmortal como Jordi Hurtado

El Asturcón, inmortal como Jordi Hurtado

Ayer monté a caballo. Hacía cinco años que no me subía a uno, pero daba igual: volví a sentir ese cosquilleo, esa magia de estar a lomos de un hijo del viento. Troté al modo inglés para proteger la espalda, y ojo al dato: GALOPÉ como aquella del anuncio de FA. Pero vestida, claro. Por cierto, he estado mirando los vídeos de aquella época y cómo se nota que el Destape estaba reciente, ¿eh? Mi marido, en plena era de la tecnología, ni siquiera se dignó a grabar el momentazo del galope (me refiero a mí, no a la de FA), así que tendréis que fiaros de mi palabra.

Hoy tengo agujetas hasta en las pestañas, pero valió la pena. De hecho, si mi espalda y la cartera me lo permitieran, montaría muchísimo más, pero… ¿qué se le va a hacer? ¡no se puede tener todo!

Esa sensación, tan familiar

Siempre me quedo con ganas de más y no puedo evitar imaginarme en una vida pasada como guerrero ástur a lomos de un asturcón hace dos mil años. Sólo eso explicaría algún que otro sueño recurrente, o la familiar sensación que siento al montar a caballo.

De los guerreros ya no quedan más que las fíbulas, algún brazalete, cuatro chismes para ir a la guerra y unas cuantas estelas funerarias. Pero, por increíble que parezca, los asturcones siguen ahí, más o menos inmutables con el paso del tiempo. Son los «Jordi Hurtado» del mundo equino, por así decirlo.

Asturcón, inmortal como Jordi Hurtado
Como bien sabéis, Jordi es uno de los inmortales más destacados de nuestro país.

De símbolo sagrado a condenado a muerte

Para los ástures (y por extensión, cántabros y yo diría todas las tribus del norte) este caballo era sagrado y aparecía como motivo en más de una estela funeraria, como en la de la foto de abajo. Estrabón cuenta que en los rituales previos a la guerra, los augures sacrificaban algunos ejemplares y bebían su sangre para honrar así al dios de la guerra.

Estela funeraria vadiniense de Tridio. Finales del s. II-III d. C. Epígrafe inciso sobre canto rodado de cuarcita. Procede de Villayandre, Crémenes. Texto: M(onumentum)/TRIDIO ALONGVN/BODERI F(ilio) VA(diniensi) AN(norum) XXV/FRONTUM DOIDERI/GVM AMICO SVO/POS(u)IT H(ic) S(itus) E(st)/T(erra) L(evis) Traducción: Fronto, de los doiderigos, puso este monumento a su amigo Tridio, hijo de Bodero, de los alongos, vadiniense de 25 años de edad. Aquí yace, séate la tierra leve. Junto al texto hay motivos vegetales: el árbol de hoja perenne y la hoja de hiedra, de significación funeraria; y el caballo asturcón, junto a una especie de plataforma con ruedas, quizás trasunto de un carro.

Así mismo, esta raza de caballo fue muy valorada por los romanos. Una vez instaurada la Pax Romana, lo exportaron allá donde el Imperio necesitaba un método de transporte duro y tenaz, habituado a relieves escarpados. Incluso Nerón tenía un Asturcón entre sus monturas favoritas. Parecerá que era la primera vez que salía de casa, pero no es así. Durante las grandes migraciones indoeuropeas, este fue el tipo de caballo estándar. Podría decirse que todas las naciones celtas montaban a lomos de caballos similares. Pasado el tiempo, el asturcón fue visto por Irlanda, donde era apreciadísimo; e incluso París, ciudad en la que tiraban de carruajes y dotaban a la urbe de un toque chic por aquel entonces. Por supuesto, el asturcón va a estar presente también en Las Nieblas del Tsuna, je!

No obstante, también ha atravesado tiempos difíciles. Esta raza de caballos, que data de la última glaciación, estuvo a punto de desaparecer. Pero no fueron las guerras Astur-Cántabras, ni siquiera la Guerra Civil Española la que amenazaron con su fin. En esta ocasión, la introducción de sementales de nuevas razas (más altas y más rentables en el negocio de la carne de potro), así como el declive de las actividades ganaderas y el uso de tracción animal casi llegan a sentenciar a la extinción a este poni autóctono de la Cordillera Cantábrica.


Todavía, el asturcón estaba en peligro en 1979, pues solo quedaban 40 cabezas.


Colaboración de D. Benedicto Cuervo Álvarez para El Buscolu

El esfuerzo de algunas personas y asociaciones (sabedoras del futuro incierto de esta raza), hizo que las cifras viraran considerablemente. De hecho, en 2006, el censo de asturcones subía a 1.113 ejemplares. A pesar de no ser exactamente como los asturcones que describían los romanos en sus escritos (el tipo de poni más parecido, vivo, sería el que corre por las praderas de Islandia), se conservan las características más importantes. Tengamos en cuenta que a lo largo de los años ha sido inevitable su cruce con otras razas.

Y ¿qué es lo que le hace tan especial?

Pues eso, que es un Jordi Hurtado de los caballos. A pesar de todo, conserva características que lo hacen único porque desciende de los caballos más primitivos que había. Los caballos que conocemos hoy en día han «evolucionado» de alguna manera porque el ser humano se ha involucrado en la cría desde hace milenios y ha ido haciendo mezclas en su beneficio para obtener caballos específicos para cada fin. Pero el asturcón sigue más o menos fiel a sus orígenes.

Voy a copiar textualmente de la web «Senderismo de Asturias«, porque, aunque sé trotar y galopar como la jinete de FA, no estoy muy puesta en el tema de la fisionomía de los equinos. Eso sí, me pareció extraordinario eso del doble párpado:

«El poni celta puro se extendía desde las islas Feroe e Islandia por el Norte, hasta Asturias como mínimo, por el sur, como resultado de las migraciones de pobladores de origen centroeuropeo. Morfológicamente, los antiguos Shetland se asemejaban notablemente a los asturcones originarios del Sueve

Su estructura era de tipo oriental, con huesos muy finos en las extremidades, con el característico ojo de sapo y el párpado doble para proteger el ojo. Otras razas hoy extinguidas o a punto de desaparecer, como el poni de la isla de Barra, el antiguo Highlander, o el Bretón, conservaban en conjunto las mismas características raciales.»

El Asturcón, hoy en día

Existen varias formas de poder admirar la belleza del asturcón, pero sin duda, yo recomiendo dos.

Por un lado, la ya famosa «Fiesta del Asturcón» en Piloña, Asturias. Allí se dan cita, como cada tercer sábado de agosto, los amantes de esta raza equina para celebrar misa de campaña, entrega de premios, espectáculo de marcaje y doma, comida campestre, y mucha música y fiesta de ambiente asturiano cien por cien.

Por otro lado, si no puedes acudir a la fiesta en agosto, es posible concertar visitas a lo largo del año en varias empresas que se dedican a mantener en semi libertad a los 80 ejemplares que habitan en el concejo de Piloña. Yo he encontrado esta, y quiero que conste en acta que no me llevo comisión, pero me ha parecido una buena propuesta y os la hago llegar.

Sea como sea, aprovecha para escaparte a un paraje maravilloso y visita a un protagonista vivo de nuestra historia antigua. El inmortal Asturcón.

Presentación del Asturcón en Fitur.

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NOTA: la imagen destacada del asturcón proviene de la página «la montaña mágica, casa rural de Llanes»

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Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre (tomo I).

Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre (tomo I).

Tenía unas ganas infinitas de leer libros que me imbuyeran en el periodo histórico de las guerras astur-cántabras y tuve la suerte de dar con el primer tomo de esta trilogía. Cuando leí la sinopsis, me dije: «nena, prepara la Visa que éste cae.»

Te la adjunto para que vayas preparando la tuya, jejeje:

Portada

Sinopsis

Hace muchos años en el norte de Hispania habitó una tribu guerrera cántabra cuya leyenda hablaba de un guerrero extraordinario, alguien a quien los romanos habrían de temer pues tendría los poderes para poner freno a la invasión y devolver el golpe con ira. 

La leyenda hablaba de un rayo en la noche que prendería fuego al tejo milenario. Esa sería la señal inequívoca de que el gran guerrero aparecería entre las sombras y sería capaz de liderar a sus gentes hacia el triunfo contra Roma. 

A mediados del siglo I antes de Cristo, los romanos, al mando del general Cayo Manius Lorico, siguen buscando ansiosamente el poblado secreto de los cántabros. Creen que si dan con el clan salaeno serán capaces de controlar todo el norte de Hispania. Pero allí se encuentra Ábilo, el único capaz de aunar a las tribus cántabras que tantos quebraderos de cabeza va a dar al Emperador César Augusto en una guerra sangrienta e injusta. Ábilo, el temible y poderoso líder cántabro que espera que la profecía se cumpla. 

Ha llegado el gran momento y con la ayuda de Candamo, Ábilo espera que su hijo se convierta en el guerrero de la leyenda, pero esa noche los acontecimientos se tuercen de manera imprevista y la llegada de una extranjera hará que la leyenda no suceda como todos esperaban. 

Laro, la leyenda del árbol milenario (sangre) es el primer libro de una trilogía fascinante, ampliamente documentada, que conforma un universo de cómo habitaban las tribus cántabras. Una obra que refleja en unos personajes carismáticos el sufrimiento y la valentía por la que tuvieron que pasar en su enfrentamiento contra Roma. 

Podéis adquirirlo en Amazon, tanto en ebook como en papel, al igual que el resto de la trilogía. El autor también trabaja en publicaciones de no ficción, de manera que resulta interesante visitar su perfil personal por si acaso el resto de obras son de vuestro interés.

Bien, y la pregunta es: ¿me gustó? ¿valió la pena? pues sí. De hecho me he comprado el segundo tomo y en cuanto acabe la maravillosa obra de Rocío Vega, La Compañía Amablepienso echarle el diente y resolver ese cliffhanger literal con el que acabé el tomo primero.

Pero vayamos al grano, Marié, que te encantas a la mínima:

Me gustó porque…

  • El autor consigue hacer magia y es capaz de situarte en los castros, en las relaciones sociales de los habitantes de la Cantabria prerromana, sus jerarquías, su modo de concebir la vida y la muerte, etc. Además, Simón aporta con esta obra valor añadido al describir posibles rituales de iniciación y aspectos íntimos de las tribus cántabras que en ningún caso los historiadores romanos llegaron a relatar. 
  • Los personajes son creíbles, y tienen profundidad. En mi opinión Ábilo está muy bien trabajado, al igual que Alio. Los dos tienen sentimientos encontrados y ese debate interno enriquece la obra. 
  • El hilo argumental va in crescendo, de manera que consigue mantener tu atención durante la lectura. (Obviamente hay que tener en cuenta que se trata de una trilogía)
  • Simón tiene un estilo de escritura ameno, se nota que ha tenido una buena labor de corrección detrás. Se agradece mucho. No he tenido momentos chirriantes, ni expresiones repetitivas que me hayan sacado de la historia.
Las escenas de acción también están conseguidas. Sólo hace falta dolby sorround.
  • Muestra a los romanos desde el lado cántabro, pero no frivoliza, es decir, los muestra humanos, con sus altibajos y demás. Supongo que a medida que Laro entre en contacto con los romanos sin una espada de por medio, los personajes del lado invasor cobrarán una dimensión mucho más profunda que en el primer tomo.

Sin embargo…

Hubieron un par de aspectos que yo no hubiera abordado de la misma manera, ya no como escritora, si no como lectora: 

  • el comportamiento de la madre de Laro al final del libro me descuadró. Yo, como madre, jamás hubiera hecho eso y me aventuraría a decir que la gran mayoría de madres tampoco. Pero bueno, es una opinión personal.
  • Laro, como protagonista, me resultó algo plano. Tal y como le comenté a Simón en la reseña de Amazon, quizás es porque su evolución a lo largo de la trilogía será mucho más acentuada. Pero Ábilo, incluso Alio, bajo mi punto de vista, consiguen empatizar más con el lector (yo) que el propio protagonista.
  • Estoy segura de que el lector final no era una madre de mellizas de treinta y cinco años, más bien un lector juvenil. Aún así, le hubiera metido un poco más de caña en la tensión sexual. Pero bueno, ya te digo: una que ya es vieja verde pelleja  y le cuesta recordar cómo eran aquellos primeros amores cándidos.

En definitiva:

Recomendaría la lectura sin duda si sois amantes de la narrativa histórica y os gusta todo lo relacionado con las sociedades prerromanas. La historia es muy amena y te deja con ganas de más. 

Y esto es todo. Si conoces obras que transcurran en el mismo periodo o eres autor de una de ellas y quieres que la reseñe, estaré encantada de devorarla y comentarla aquí. 

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Las guerras Astur-Cántabras

Las guerras Astur-Cántabras

Resumen facilón

Viendo la tele con mis hijas (lo cual implica someterse a ciertos gustos: Peppa Pig, Los Minions, Ben y Holy…) he podido comprobar que van a sacar una nueva peli de Astérix y Obélix. 

Mi cerebro automáticamente pegó un brinco dentro del cabezón y me dijo… ¡Eh! ¡aprovecha para recordar que los verdaderos irreductibles fueron los ástures y los cántabros! Que no es por desmerecer, pero los de Ástura y Cantabria aguantaron 3 años más que los galos. (10 en total)

Imagen extraída de wikipedia

Las Guerras Astur- Cántabras

Podría estar hablando de las guerras cántabras durante 50 posts. Pero no es mi objetivo. La información está ahí para todos, y a la vez, no. ¿Qué quiero decir? Pues que la información que nos llega de la contienda está plagada de condicionantes que hacen que la historia efectivamente sólo sea contada por el vencedor, y además sólo de los detalles que a él le interesaban.

A modo de resumen, podría decirse que Octavio Augusto, heredero de César, necesitaba ganarse el puesto tras la guerra civil contra Marco Antonio. Las guerras civiles no daban prestigio. Las que ganaban territorios y materias primas (oro, esclavos, etc.) sí. Y daba la casualidad de que el norte de Hispania tenía todos los puntos:  

  1. Había ORO. Mucho oro. Quizás el mayor yacimiento descubierto hasta nuestros días. (Médulas)
  2. Parecía una batalla fácil de ganar. El ejército estaba formado por disciplinados legionarios, con los últimos avances técnicos, médicos, etc. Nada tenían que hacer los nativos desorganizados y «por civilizar»
  3. Una vez conquistada la zona, el acceso a Britania podía hacerse desde distintos puntos( Jamás fue el imperio amante del canal de la mancha), y así traer su plata desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo con total tranquilidad. 

Teatralización del ejército romano. / http://www.soydelbesaya.es

El comienzo del enfrentamiento fue tipo Vietnam. La orografía era imposible para el aparatoso armamento romano, desconocían el terreno, y sufrían escaramuzas constantemente. Las bajas eran cuantiosas y la ignominia más. Tuvo que venir Augusto en persona a supervisar la campaña, y durante dos años trató de dominar la contienda, pero el caramelito ástur-cántabro comenzó a atragantársele. Desmotivado y enfermo, volvió a Roma delegando el asunto a los legados.

De cara a la galería, a la vuelta de Augusto el problema estaba zanjado. Se cerraron las puertas de Jano (señal de paz en el imperio) y pelillos a la mar. Lo que en realidad pasó es que el caramelito seguía por digerirse, la cantidad de dinero invertido era escandalosa, las bajas, una vergüenza, y la imagen de Augusto podría verse seriamente dañada de saberse. Es aquí cuando vemos que el flujo de información de la contienda se detiene. Los escritos de Tito Livio (los más completos al respecto) desaparecen de la historia para siempre, y sólo nos queda la  información detallada del principio, de cuando era «lícito» invadir el territorio salvaje. Me recuerda un poco al pacto de las Azores, no sé por qué.

Escasez de información «romana»


Agripa- Cara de mala leche

No hay información detallada de los últimos 5 años de la guerra. No interesaba dar a conocer nada de lo que acontecía. Era la mácula de Augusto. Así que confió en Agripa, su general favorito, su mano derecha y yerno, para dar por zanjado el asunto. Éste tuvo que diezmar una legión (I Augusta) para recuperar la disciplina de los legionarios tras perder el águila en combate. Tuvo que mutilar cortando la mano hábil a todos los varones nativos  que encontraran, y despoblar las montañas por completo para hacer desaparecer aquel caramelito envenenado.

Es por ello que me tomo la licencia de situar mi historia en aquel periodo indocumentado por el vencedor. Tengo más libertad literaria, pero también ando más coja de datos, así que he contactado con las eminencias del tema para saber qué se sabe a nivel arqueológico, que es lo que está arrojando los datos más reveladores últimamente. 


Recomiendo la lectura de Despertaferro, nº 45. Magníficamente documentado.

 También va bien leer un poco de Estrabón, cuando habla de los pueblos de Hispania en su obra «Geografía I», porque deja ver el punto de vista  distorsionado de un romano ante las costumbres de los norteños. (una vez más la arqueología se ha encargado de demostrar que ni eran tan salvajes ni estaban tan desorganizados. De hecho eran bastante coquetos, (basta con admirar la maña que tenían para hacer fíbulas zoomorfas)

Los Ástures y los Cántabros no dejaron testimonio escrito

Por desgracia, sólo se conservan algunas estelas funerarias o monedas celtíberas (Si… ya conocían las monedas, y llevaban 200 años en contacto con Roma, así que no iban con el garrote en la mano haciendo trueques) que conserven inscripciones de estos pueblos. La tradición oral era la norma y por tanto jamás conoceremos de primera mano su punto de vista. Sin embargo su mitología se transmutó hasta nuestros días en el medio rural, y todavía Asturias y Cantabria, entre otras zonas, conservan ese linaje. Hay costumbres como el Magosto, que vienen heredadas directamente de los pueblos que nos ocupan.

La forma de ser de la gente y la cultura  del área geográfica que dominaban estos pueblos no podrían entenderse sin la influencia Ástur (con acento en la a) y Cántabra. Así que es más una faena de introspección que de buscar algo escrito en estelas por los yacimientos. Al menos esa es mi opinión.

En resumen…

Esto es lo que hay y servidora va a intentar navegar en las aguas de la historia y la arqueología, de la manera que pueda y con los medios al alcance. Pido mil perdones si algún historiador/arqueólogo lee mi obra y le chirrían cosas, pero como he indicado líneas más arriba, la falta de información escrita me da licencia para inventarme lo que falta.

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