El arcano y el jilguero. Grimdark en estado puro

El arcano y el jilguero. Grimdark en estado puro

Cuando me gusta un libro, me achicharro los ojos leyendo hasta que me salen costras y los párpados crujen en su aleteo (empezamos fuerte, ¿eh?). Con El Arcano y el Jilguero (Ediciones El transbordador), de Ferrán Varela, autor de La danza del Gohut, no sólo me salieron costras; creo que aumenté las dioptrías y me gané unas gafas nuevas.

Grimdark
A mí me molan. Pero percibí un ¡Qué horror! en la cara de la niña que me las vendía en la óptica, luego intuyo que son algo peculiares.

El caso es que tenía ganas de leer Grimdark nacional y este era uno de los títulos que más resonaban en aquel momento. Al parecer, el autor había conseguido la difícil tarea de mantener el listón bien alto con El arcano y el jilguero tras su ópera prima. Me lo descargué en ebook por Amazon, y ahí empezó mi odisea.

Primeras sensaciones

¿Conoces esa inquietud, esa ilusión que te invade cuando entras en la tienda de tatuajes por primera vez? Si eres de ese 42% de los españoles que tiene un tatuaje, seguro que sí.

El comienzo del libro me recordó a aquel momento. Llevaba algún tiempo obsesionada con el diseño, la zona, me había informado de los riesgos y bueno, 5000 cosas más que luego se me olvidaron para siempre.

Decidí tatuarme la foto de una golondrina de verdad a tamaño real en la nalga derecha, así que me tumbé boca abajo y traté de relajarme. Cuando la aguja comenzó su andadura por mi trasero, abrí los ojos y cerré la mandíbula hasta que me empezaron a doler los dientes. Aquello iba a dolerme a muerte, era sólo el comienzo y no podía salir por piernas porque, ¿cómo iba a dejármelo a mitad?

Ya en el primer contacto con Mezen el Ariete, la lectura se torna cruda, cruel y chocante. Yo, al menos, tuve que coger aire y procesar con calma el mensaje que el personaje transmitía al margen de sus acciones: el fin justifica los medios.

El mal menor y el bien mayor

La faena del protagonista es rendir ciudades en asedio, y para ello no duda en torturar inocentes a la vista de todos con tal de demostrar, en su papel de un arcano demoníaco, que es mejor rendirse que oponerse a las fuerzas del emperador. Lo curioso del caso, es que Mezen siempre se pregunta porqué lo hace y en el fondo desea acabar con su señor. ¡Conflicto frescooo!

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Si no se rinden, voy a hacerme una capa con tu cara, chacho…

Me recordó un poco a nuestro amigo Glokta, de La primera Ley de J. Abercrobie. Bueno, quizás fue al revés, ya que me leí antes El arcano y el jilguero que la trilogía de Lord Grimdark. Yo diría que es el tema principal de la obra y Ferrán Varela ha sabido trabajarlo bien, porque la empatía que desarrollas hacia el personaje te hace ponerte en sus zapatos. En mi caso, reconozco que en algunas ocasiones hubiera actuado igual.

El jilguero, su salvavidas

Puede que El Arcano y el Jilguero no tuviera ni chicha ni limoná si Mezen no hubiera encontrado por el camino a una muchacha en apuros que avivó en él los últimos rescoldos de humanidad que luchaban por arder. Nara moverá cielo y tierra para seguir a Mezen y demostrará su fortaleza, a pesar de sus reticencias. A diferencia del arcano, que no evoluciona demasiado a lo largo de la novela (él ya se da por perdido), ella si tiene un arco de personaje más nítido y le da al final de la obra un punto de sorpresa.

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Nara

Hann, un worldbuildiing excepcional

La ambientación de El Arcano y el Jilguero es uno de los puntos fuertes de la obra. Desde la mitología, las diversas culturas del continente Hann, esas maripositas inquietantes… El cuidado que el autor da a los detalles, en su justa medida (no es un Silmarilion, tranquis) te permite zambullirte en una experiencia envolvente, sin descripciones con calzador (bueno, quizás el trozo en el que habla de los dioses me lo pasé sin leer todas las palabras, ¿vale?), y enseguida te sientes cómodo en la experiencia lectora.

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Uy, rojo. Maaaalo.

Volviendo a mi analogía del tatuaje, el WB es ese amigo que pilla un espejo y te va mostrando lo bonita que está quedando la maldita golondrina a tamaño real en tu culo escocido. A pesar de la crudeza de algunas escenas, el universo que ha creado Ferrán Varela enmarca con extraordinaria belleza oscura las tramas que en él se entretejen y hace que quieras llegar al final.

El arcano y el jilguero: experiencia en primera persona

Si has leído alguna vez una novela en primera persona, estarás de acuerdo conmigo en que la lectura se torna directa y te toca mucho más la fibra. Si además, el autor te planta la narración en tiempo presente, es como estar en un videojuego. El secreto de la intensidad de la obra reside, en mi opinión en este punto.

¿Me gustó el final de El arcano y el Jilguero?

Depende. Si me dices: Marié, hay segunda parte; es una bilogía. Marié aplaudirá, se hará una birra para celebrarlo y esperará ansiosa a que salga para leérsela.

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Un chinchín por Ferrán Varelaaa en un Oktoberfest cualquiera

Si por el contrario, Ferrán Varela se planta ahí, me temo que yo me esperaba un desenlace mucho más cerrado y no puedo decirte que ése sea el punto fuerte de la novela. El tiempo dirá.

Ferrán Varela: — De momento, voy a sacar Historias de Hann, pa tenerte en vilo, cazadora de leyendas norteñas. ¡Ja!

Si te preguntas si mi tatuaje llegó a buen puerto, te diré que me encantó. Vivo con el miedo de que me crezca el culo y de que mi golondrina se convierta en cóndor, pero por el momento, hace honor a su nombre, y me sorprende gratamente al asomarse en el reflejo del espejo.

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