La Covada. El polémico piel con piel Norteño

síndrome de covada

Esta semana ha sido muy curiosa. Ya son cuatro las personas que se quedan a cuadros cuando les digo que soy madre de gemelas. De tres años; en agosto: cuatro.

–¡Me parecías muy joven! –me dicen algunos. Otros siguen en estado catatónico intentando averiguar mi edad aproximada para luego calcular a qué edad fui madre, y esas cosas.

la covada
Esta es la geta que ponen, más o menos. No les cuadra en la cabeza cuando les digo que soy madre de gemelas.

Si os digo la verdad, en mi cabeza parece que fue hace mil lustros cuando mis dos pequeñas llegaron al mundo un Lughnassad de Súper Luna Azul. Como buen parto múltiple con prematuras, me las sacaron por cesárea (No programada). Llevaba unos cinco meses practicando posturitas y ritmos de respiración, así como escuchando qué esperar de un parto y qué no. Como os podéis imaginar, una se había creado sus expectativas y ya me había hecho una idea de cómo me hubiera gustado que fuera el alumbramiento. Pero bueno, al grano: en mi caso, por cuestiones de protocolo, no nos dejaron hacer el archi-reconocido «piel con piel» que tantos beneficios aporta a todos los miembros implicados: bebé, mama y también papá. Eso es lo que me habían vendido una y otra vez, como la garantía de que si lo hacía, todo lo demás iría como la seda. La naturaleza era así.

Me pillé un cabreo monumental

Cuando descubrí que ni siquiera a mi marido le habían permitido realizar el piel con piel. Estaba claro que yo, que estaba como buena guerrera ástur capturada por los romanos (crucificada y abierta en canal), no pasaba por mi mejor momento para tener a las niñas encima, pero jamás pensé que no dejarían que el padre de mis niñas gozara de dicha práctica. Por lo que nos dijeron en el hospital, si los bebés pesan menos de dos kilos, tienen que ir a la incubadora directos. Las mías pesaban dos kilos justos cada una, así que se las llevaron. Con el tiempo, un día descubrí que el piel con piel influye tanto en la relación con la madre como en el desarrollo físico y emocional del bebé hasta en su etapa adulta. Siempre me queda el consuelo de pensar que si me salen unas ovejas negras, fue culpa del protocolo del hospital.

Aquí no hubo piel con piel. Está clarísimo.

¿Y cómo se lo montaban los ástures tras dar a luz?

Eso mismo me pregunté yo un día que estaba mirando las fotos de la salida del hospital con mis leonas. Jamás me imaginé lo que me encontraría. De verdad. Comencé a leer la palabra COVADA en varios artículos y descubrí un ámbito totalmente desconocido de nuestros antepasados que todavía a mitad del siglo XIX consiguió mantenerse en la Maragatería y zonas de Cantabria y País Vasco. Atent@s, que voy:

–Maritrini, me está subiendo la leche… tráeme unos apósitos, mi amor.
(imagen extraída de Maternalias)

Imagina que das a luz, sin epidural ni milongas de esas. Un trabajo de parto a la antigua, con las que pilotan del tema en tu castro echándote un cable mientras el pequeño bebé norteño llega al mundo. Bien, imagina ahora que todo sale bien y de repente, en vez de coger a tu bebé en brazos para verle la carita y amamantarlo, llaman al padre para que se acueste en el catre marital con el recién nacido para darle calorcito y mimarlo durante las primeras horas. A ti te dan un bocadillo para que no te dé la pájara mientras sigues con tus quehaceres habituales en el campo, la casa, la cocina… Cero atenciones, chata. De hecho, si te descuidas, el padre del retoño fingirá ser él quien ha parido al bebé y serás tú la que tiene que dedicarle todo tipo de atenciones.

Hay varias teorías para explicar la Covada

¡¿Pero por qué?! ¿Por qué esta vuelta de tuerca? ¿Estaban locos los antiguos norteños? ¿Es que a caso tenían poderes sobrenaturales aquellas mujeres? ¿Qué pasa con el instinto maternal?
No me podía quedar con aquella duda. Tras documentarme vi que había varias interpretaciones:

  • Es un reflejo de la transición de sociedad matriarcal a sociedad patriarcal. Podría decirse que con esta práctica, el hombre reclama el espacio «mágico y sagrado» exclusivo de las mujeres y lo hace suyo, reivindicando así ser el eje de todo.
  • Es una manera de reconocer al bebé como propio y estrechar vínculos los primeros días. Esta teoría iría en consonancia con las tradiciones de las sociedades indoeuropeas. Recuerda que celtas, griegos, incluso los romanos, son de origen indoeuropeo ( esto da para otra entrada). Me consta que los romanos no practicaban la covada, pero sí dependía del padre reconocer como propio al hijo. Esto lo descubrí mientras estudiaba cómo trataba el Imperio Romano a los discapacitados. Por lo general, cuando un bebé venía al mundo, el padre lo posaba en sus rodillas y le adjudicaba un nombre. Si tenía alguna discapacidad, el padre estaba en el derecho de repudiarlo. (Por cierto, de aquí viene la explicación de porqué tradicionalmente llevamos el apellido de nuestro padre en primer lugar). Pero la cosa no queda aquí. Aún hay más.
  • La más benévola de todas: el padre se hacía pasar por la madre para despistar el mal fario de los espíritus. Recordemos que los partos complicados y postpartos eran una de las principales causas de mortalidad en la población femenina.

La covada no es exclusiva de las etnias indoeuropeas

Al parecer, la primera interpretación es general a muchas culturas a lo largo y ancho del mapa, que en un momento dado viran hacia el patriarcalismo cuando la agricultura hace aparición en la vida del ser humano. Así nos encontramos la práctica de la covada en algunas etnias de América del Sur, Nueva Guinea, México, La Guayana, Japón, etc. Pero de entre todas, me quedo con la práctica de los indios Huichol. Cuando la parturienta se ponía a sufrir las embestidas de las contracciones, su señor consorte se subía a la viga de la choza, justo a la altura de la susodicha, y se ataba un cordel a los cataplines. Entonces ella, desde abajo, con cordel en mano, podría tirar de la cuerda en cada contracción. ¡Así, sí! perdona, así sí te mereces un lugar de honor en el proceso.

¡Maritriniiiiii! ¡que me van a rozar el sueloooo!

La covada hoy en día

Bueno, es una práctica casi desaparecida, pero que explica muchas cosas de nuestra cultura que damos por hecho. En la cultura Vasca, por ejemplo, la etimología explica, con la práctica de la covada, la formación de las familias, las jerarquías matrilineales y con ello la forma de llamar a los parientes en función de si venían de la parte materna o paterna.

Lo que sí se lleva, en la sociedad occidental, es acompañar de manera consciente en el embarazo y el parto a la madre. Los padres están tomando un papel mucho más activo que sus predecesores, lo cual, se agradece. Algunos hasta desarrollan el Síndrome de la Covada, en el que el padre desarrolla los síntomas del embarazo y engorda tanto como ella… Me temo que algunas cosas no cambian nunca.

He aquí un caso real…

Todavía no sé si meterlo en la novela

La verdad es que sería un guiño muy interesante en Las Nieblas del Tsuna, porque es algo que estoy segura de que chocaría al lector y lo dejaría pensando. De lo que estoy segura es que aparecerá, si no es en la novela, en algún relato. Estad atentos porque no tardaré mucho.

Si quieres saber más, te recomiendo estas webs

¿Y tú? ¿Conocías la covada? ¿Qué opinas al respecto? ¡hazte oír!

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2 comentarios sobre “La Covada. El polémico piel con piel Norteño

  1. Un artículo muy interesante, Marié. Siempre había oído lo de que era bueno que el nene entrara en contacto con las mamás y los papás, pero desconocía lo de la covada. Bueno, siempre se aprenden cosas, jaja. ¡un saludo!

  2. La verdad es que desde que me estoy documentando para Las Nieblas del Tsuna,¡he estado aprendiendo tantísimas cosas!
    No sé si lo conseguiré, pero me llevo por delante todo lo aprendido

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