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Los 5 secretos de los Ancares

Los 5 secretos de los Ancares

Sospecho que este va a ser uno de esos posts que se escriben solos. De los que se disfrutan a cada golpe de tecla. ¡Oh, sí! Hoy me dispongo a contarte 5 secretos de los Ancares, de esos que se guardan en el recuerdo y se saborean cual caramelo olvidado en el bolsillo del abrigo con infinita alegría y sensación de sorpresa.

Pues eso: 5 caramelos.

Ya, pero… ¿Qué son los Ancares?

Según la wikipedia, es una comarca tradicional de España situada en el extremo noroccidental de la provincia de León, que coincide con el término municipal de Candín (actualmente parte de la comarca del Bierzo), y que en la segunda mitad del siglo XX dio nombre a un territorio más amplio denominado Los Ancares, cuya versión más laxa y amplia comprende otras partes del Bierzo en León, desde Navia de Suarna hasta Piedrafita del Cebrero en el oriente de Lugo (Galicia), y parte de Ibias al suroeste de Asturias.

Es una zona montañosa, de difícil acceso hasta finales del s.XX, que ha mantenido unas costumbres, arquitectura y hablas propias. Se halla entre dos cuencas, la del Sil y la del Navia, separadas por los puertos de Ancares (1670 msnm) al norte y Portelo (1068 msnm) al sur de la sierra de Ancares.

Pero a mí, me suena mejor algo así como: se trata de un rincón entre León y Lugo …

donde las montañas fueron capaces de detener el tiempo,
donde las nubes deciden si se puede o no se puede cruzar un puerto,

donde Astures y Romanos dejaron susurros en el viento,

donde me topé con la melancolía de lo que se está perdiendo,
donde la magia perdura y sobrevive al blanco de los inviernos;
es el último reducto de pallozas, de origen celta sus teitos…

La Cazadora de leyendas norteñas

¡Je! me han salido unos cuantos pareados, sin haberlo deseado. Estoy «sembrá».

¡Gracias, chicos! Fue improvisado, de verdad.

Pero vayamos al grano. Aquí van los 5 secretos de los Ancares, que harán que no quieras perderte este caramelito del Noroeste Peninsular:

1. Es el hogar de los castaños milenarios

Si hay algo que me llamó la atención mientras recorría el valle era los Enormes castaños que montaban guardia a lo largo de caminos y senderos. Se erigían como imponentes legionarios a nuestro paso.

Algunos de ellos mostraban heridas de guerra; marcas negras de las plagas que los azotan últimamente. Los hubo que no sobrevivieron y sus troncos fantasmagóricos salpicaban el monte, como si fueran lápidas. Los que se mantenían en servicio, seguían firmes e inmutables: congregaban caras de asombro entorno a sus troncos y resguardaban a los insignificantes cuerpos humanos de las horas de más sol con lozanía.

De entre todos, fuimos expresamente a visitar al legatus de los Ancares: el castaño de Cantín, en Villasumil. Nos contaron que hacían falta 12 personas adultas para rodearlo con los brazos, y a mí me dio por intentar calcular el diámetro del árbol de cabeza de camino en el coche. Me salía 6m aprox. de diámetro, es decir, súmale al largo de tu coche 2 metros más.

pensando
2·pi·R= circunferencia= 12personas·1,5m=18; R=3; D=2R=6m

No. No me acababa de cuadrar. Pero al toparnos con el magnánimo castaño nos quedamos sin palabras. Se trataba de un ser vivo de más de 800 años seguros (posiblemente muchos más), que albergaba una oquedad capaz de ocultar a 7 adultos. Un buen hueco, si señor…

Os prometo que no estaba enferma ni nada parecido… Aquel día me levanté con cara de Morticia natural

2. Las pallozas-museo de Piornedo y Pereda

Portales temporales al pasado

Ya lo mencioné en mi improvisado poema a los 5 secretos de los Ancares… El hecho de que este reducto entre puertos de montaña sea tan recóndito y esté tan apartado de los núcleos de población grandes ha propiciado su aislamiento a lo largo del tiempo. Nos contaba un paisano muy amable en Villasumil, que hasta no hace mucho el asfalto brillaba por su ausencia, y en lugar de carreteras había pistas de montaña (en el mejor de los casos).

La modernidad no lo tuvo fácil para llegar con sus tentáculos hasta los Ancares. Así, al contrario que en otras zonas donde hubo pallozas y teitos, pero desaparecieron, en Ancares siguen manteniendo estos fósiles arquitectónicos; algunos siguen en activo, otros están en peor estado, y otros resultaron tuneados con chapas por comodidad o decapitados por no poder hacer frente a las reparaciones regulares del teito.

Nos recomendaron encarecidamente visitar dos pallozas museo, en concreto la Palloza del Señor Antonio, en Pereda, (León); y la Palloza museo Casa do Sesto, en Piornedo ( Lugo).

La palloza del señor Antonio

En la primera la entrada era gratuita (se aceptaba la voluntad), y tras avisar por teléfono a Octavio, el hijo del señor Antonio, éste nos abrió la puerta al pasado de su familia.


 (Palloza del Señor Antonio) Esta foto de Planetancares es cortesía de TripAdvisor

Todavía olía a lumbre. El mismo olor potente y penetrante que había en la cocinona de mis abuelos, allí donde colgaban los jamones y los chorizos, el lomo y la cecina para ahumarse. Ese golpe en la nariz me teletransportó a otros tiempos; tiempos que ya ni siquiera me pertenecían por juventud, y gracias a ese golpe de efecto pude imaginarme la vida en aquella humilde pero práctica morada.

Por desgracia me quedé sin batería y no pude hacer fotos dentro. Pero por suerte, en Piornedo fui a tope de batería y el interior de las pallozas no dista mucho una palloza de otra.

Casa do Sesto

En este caso la entrada creo que eran uno o dos euros, y el amo de la misma te hacía las veces de guía, y te explicaba cómo se vivía antaño con lo que había. Me sorprendió ver que a pesar de la sencillez, reinaba un sentido del orden que hacía apetecible pasar allí alguna temporada.

Aquí el desenlace del video… jaja

Sin luz, sin agua y sin gas, como el chiste; con el amor de la lumbre y el calor del ganado como única fuente de calor, aquellas pallozas estaban diseñadas para dormir lo justo y soportar el maldito invierno con los medios disponibles. Además, la idea era pasar ese tiempo de recogimiento para elaborar telas, jabones, aperos, y otras faenas que en verano, debido a la siega de la hierba, no hay tiempo.

El ingenio brillaba en cada utensilio, cada aparejo, y por cualquier rincón de la palloza podía aparecer uno de sus antiguos moradores.

De aquí salí con la sensación de que los astures, los galaicos y los cántabros debían llevar ritmos de vida parecidos a los de los Ancares.

3. Balouta y Suárbol. Reducto de valientes

Madre mía, llevo tropencientas mil palabras en este post sobre los 5 secretos de los Ancares, y todavía voy por el tercer punto…

Estando por la zona, comimos por Balouta, en el Miravalles (recomendadísimo). Allí, las pallozas que quedaban en pié todavía eran funcionales y volví a ver alguna que otra guadaña al hombro. Y sentí envidia. Envidia porque en mi pueblo ya no se ve la guadaña. Ni hay vacas como antes, en las cuadras. Ni cerdos. Ni ovejas, ni nada, más que 4 gallinas. Recordé lo que un día fue mi pueblo y me rompió un poco por dentro. Y la verdad es que no quería irme. Quería beber de aquel espejismo, soñar que todavía era posible hoy en día… pero no. Era mejor seguir mi camino.

palloza de balouta
Aquí, metiendo barriga tras la comilona en Balouta

El caso es que tanto en Suárbol como en Balouta, viven encastrados en un valle de muy difícil acceso. No quiero imaginarme cómo se preparan para las nevadísimas que tienen que caer ahí. El aislamiento es cosa de valientes.

Por cierto, en Suárbol casi no hay pallozas, debido a un incendio hace tiempo. Pero eso no quita de hacer una visita al pueblo, pintoresco a más no poder. Y el trecho por carretera desde Piornedo hasta Suárbol es chulísimo, un bosque encantado, digno de mil leyendas… ¡No me extrañaría que entre aquellos árboles camparan a sus anchas las meigas!

4. El puerto de Ancares

Los atardeceres de Ibiza son famosos en el mundo entero. Mediterráneo, calas paradisíacas, el astro rey despidiéndose de la faz de la Tierra con sonrojo… Nada. Olvídalo. No tiene nada que hacer con un atardecer desde el puerto de Ancares.

Autora de la imagen: Sara Alonso Rodriguez

Un paseo por las nubes

Por «desgracia», no pudimos quedarnos para verlo porque se cerró la niebla en lo alto. Sin embargo, nos dimos un paseo por las nubes, que tampoco desmerece nada. Si hay un lugar que transmite paz, una pausa espiritual, es ese puerto. Os invito a disfrutar este secreto de los Ancares en silencio, siempre con precaución. Desde Balouta nos advirtieron de que cuando la niebla se cierra, ni los lugareños son capaces de orientarse por las rutas que salen de él. De ahí que no pudiéramos ver tampoco «El Cuadro», un enclave que se sospecha pudo ser un campamento romano.

5. La sorprendente Vega de Espinareda

Vale, quizás no esté dentro de los Ancares, pero a nosotros nos salvó bajar a Vega de Espinareda a la hora de cenar. Y es que tanto en Candín como en Pereda, si quieres cenar fuera, vas «aviao». Así que yo lo incluyo dentro de los 5 secretos de los Ancares porque me sorprendió gratamente. Desde los puentes que cosen el curso del río Cúa a su paso, la playa fluvial maravillosa, o el impresionante Monasterio de San Andrés, todo contrastaba con los escarpados parajes monte arriba. Mi marido, sin embargo, lo recordará por esa hamburguesería donde todavía sigue invicto el desafío de comerte la hamburguesa XXXL; tan grande que si la engulles, te mandan a la UCI por rotura interna. Se llama «la Tienda» y son super majos. Huelga decir que el sitio tiene su encanto y se come genial. Y no me llevo comisión. (reservad)

Foto extraída del ileon

No quería acabar el post de los 5 secretos de los Ancares sin añadir que QUIERO VOLVER. TENGO QUE VOLVER. Me quedó la zona de Balboa, y no vi el Cuadro, ni subí al Miravalles (vale, esto es porque me pesa el pandero. Pero el año que viene seguro que estoy más en forma que la wonderwoman. Tiempo al tiempo). Aunque, comiendo tantos caramelos…

TO BE CONTINUED…

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