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Celtas: antes muertos que sencillos

Celtas: antes muertos que sencillos

Tanto si te animas a vestirte de astur, castrexo o cántabro para alguna recreación histórica, o si te lías la manta a la cabeza y te da por escribir una novela de las Guerras Astur-cántabras, como yo, al final descubres que a nuestros ancestros les gustaba lucirse, y sabían cómo hacerlo. Y es que los celtas podían ser algo espartanos para algunas cosas si los comparamos con los romanos ( vestidos, telas, decoración de la casa, etc.) pero eso sí : para salir a la calle, antes muertos que sencillos.

Nada de «fofisanos»

Tanto ellos como ellas se preocupaban mucho de su imagen personal. Estar en forma era algo elemental y de hecho, Estrabón nos comenta en su obra de Geografía I que estaba mal visto en los hombres lucir barriguita cervecera. Era signo de debilidad y falta de disciplina. No debía ser muy práctico a la hora de desenvainar la espada de antenas, más que nada porque si la circunferencia de la barriga era importante, la espada quedaba fuera del campo de visión (estoy exagerando, jeje)

El último que me llamó gordo acabó con las sandalias a 10 km del cuerpo.

Pelazo al viento

También estaba de moda llevar pelazo, con independecia del sexo. Ya sabéis, donde esté una melena al viento del norte, que se quite lo demás. Ellas acostumbraban a trenzarlo, y se cree que en función de su estado civil llevaban el recogido de una u otra manera. Ellos, por su parte, se ponían una cinta para ir a guerrear, por esto de que la magia de su melena no era muy práctica en combate. ¿O sí? No consigo encontrar dónde lo escuché o leí (la memoria de madre de mellizas brilla por su ausencia), pero creo que los lusitanos iban desnudos a combate, agitando su cabello trenzado para impresionar al enemigo. (Por favor, ¿alguien me puede ayudar con esto? juro que lo leí en alguna parte, no lo soñé)

Pelazo al viento. (Brave, de Disney Pixar)

Si el cuerpo no acompaña…

Supongo que como ahora, no todos cumplían con los cánones de belleza corporal de la época. Si esa barriguita cervecera no se va ni con cien abdominales al día o en lugar de pelazo, se le veía el cartón, un celta siempre podía desviar la atención con complementos varios. Para ello, los más pudientes contaban con algunos recursos. Toma nota:

Para ellas

  • Pendientes y arracadas
Pendientes no aptos para orejas sensibles.
Pieza del Tesorillo de Arrabalde, Zamora

Unos buenos pendientes siempre ayudan. Si además son de oro, mejor que mejor: dan brillo al rostro y pegan con todo. Si además pesaban medio kilo cada uno, te hacían efecto lifting. Sólo presentan una salvedad: como los lleves a diario acabarás pisándote los lóbulos.

Para ellos

  • Cinturones

Un cinturón marca la diferencia. Piénsalo: si la curva de la felicidad se niega a enderezarse, lo más sensato es lucirla con un buen cinturón chapado en oro y repujado con esmero para deslumbrar a todos esos envidiosos que te miran.

Este Tesorillo de Arrabalde me está dando mucho juego. Se parece a una rana, ¿verdad?

Unisex

Bueno, aquí te incluyo complementos que creo que podrían apañar a ambos sexos. Los torques, las fíbulas, diademas ceremoniales, etc.

  • Torques

Los torques, son signo de poder social, político y de poderío económico. Además se especula que según la tribu, se decoraban con detalles muy característicos de cada tribu o clan, de manera que es posible que pudieran saber de quien eres por la forma de tu torque. Eso sí, te aviso: los torques hay que ganárselos, ¿eh? Son una distinción de honor, debes estar a la altura. Te recomiendo que visites la web de Celtica hispana, donde se profundiza un poco más sobre este maravilloso complemento.

Torques, pieza de la orfebrería castreña, perteneciente al conjunto denominado Joyas de Ribadeo.
  • Fíbulas

Este es un elemento indispensable para él y para ella. Sin las fíbulas no eran capaces de sujetar las telas de su atuendo apropiadamente y mantenerlas en el sitio. (Los botones no llegaron hasta la edad media). Solían ponérselas al hombro. Hay infinidad de modelos, dependiendo de la época histórica, pero los que más me gustan son los de Caballito (he visto otras fíbulas zoomorfas, con forma de lagarto, pero las de caballito son mucho más populares: el caballo es signo de estatus social elevado, sólo las clases altas iban a caballo), de Torrecilla, quizás las más sencillas en su elaboración, y cómo no, las fíbulas de Omega, pero creo que estas últimas se ponen de moda tras la conquista romana (Otra vez mi memoria pega chispazos… )

Si quieres ver cómo se ponen, te pongo un ejemplo con fíbula de Omega o anular:

Un ejemplo de cómo poner la fíbula. El paisano está clavado como una estaca, no sea que la jefa le haga un piercing nuevo en el pezón.
  • Anillos

Es una pieza de adorno para todo el mundo, lo que sospecho es que no es tan fácil encontrarlos en buen estado, ya que son piezas de metal muy finas.

  • Diademas

Hay una diadema muy especial, que desconozco cómo quedaría puesta, pero eso seguro que se llevaba el protagonismo y lo del pelazo quedaba en segundo plano. Está a la altura del caldero de Gundestrup, y algún día, la veré con mis propios ojos, (bueno, los cachos que quedan de ella)

Se trata de la Diadema de Moñes, y es un complemento para ocasiones muy muy especiales. Algo ideal para ir a sacrificios, funerales, rituales de iniciación, etc… No es para ir a comprar el pan. No me seas ostentos@

Se encuentra en el Museo arqueológico nacional. Se halló en Moñes, conejo de Piloña
  • Brazaletes

Más chic, no se puede ser. Unos buenos brazaletes, ya sean de oro o de plata, estilizan la figura y ocultan manchas y brazos peludos. Y si tienen forma zoomorfa, te dotan además de protección extra para tus eventos más importantes. De nuevo recurro al tesorillo de Arrabalde, que de tesorillo nada. Ya me gustaría a mí encontrarme con una sola pieza del tesorillo.

¿Ves las cabezas de serpiente a 3 vueltas desde los extremos?

Fíjate en el repujado y el trabajo que tiene la pieza. Es para quedarse embobado mirándolo.


¿Vamos de compras?

Sujeta la visa, que nos conocemos…

Actualmente hay muchos artesanos que se dedican a reproducir las piezas halladas en los yacimientos arqueológicos. Torques, fíbulas, brazaletes, y demás están ahora al alcance de todo el mundo con sólo un clic y una visa.

Hasta los museos arqueológicos hacen negocio, ¿qué te pensabas tú?

Pero recuerda, no te excedas, de lo contrario te pasarás al bando íbero, que eran muy de excesos. (Es bromita, jejeje)

La última reflexión

Los complementos dan mucho juego, tanto en novelas como en recreaciones históricas. Conocerlos da información muy interesante y si sabes jugar con ellos, nadie notará que esta operación bikini no llegó a buen puerto, o que se te ven las ideas en una recreación… Sólo quería cerrar el post con una reflexión un poquito más seria: hay una constante en el arte céltico de todas las naciones celtas, y en la orfebrería se deja notar con claridad: las formas, sobre todo en las figuras zoomorfas, tienen una estética muy característica: las extremidades suelen ser esbeltas y estilizadas, mientras que los cuerpos suelen ser más rechonchitos. Fíjate la próxima vez que te asomes a un museo.

¿Y tu? ¿vas a ir como los celtas: antes muerto que sencillo? ¿o lo dejas para otro año? Qué harías si te encuentras con un tesorillo como el que se encontraron en Arrabalde?


Imagen principal obtenida de «Misskekas.blogspot.com«

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Mi TOP TEN de palabras celtas

Mi TOP TEN de palabras celtas

Cuando comencé a escribir mi novela, Las Nieblas del Tsuna, me imaginé a mi misma viajando al pasado hace más de dos mil años. Entonces, me pregunté si habría alguna posibilidad de entenderse con los ástures, cántabros y galaicos de la época de las Guerras Cántabras, aunque fuera con palabras sueltas. Cuando me dispuse a investigar sobre el tema descubrí un par de cosillas que vengo a contarte hoy.

Cada vez que abres la boca, existe una posibilidad nada despreciable de que tus labios dejen salir una palabra de origen celta. Fíbulas, calderos, espadas de antenas; no son los únicos vestigios que delatan nuestro pasado ancestral. De hecho, la gente se sorprende cuando descubre que palabras que están muy presentes en nuestro día a día provienen del idioma que hablaban los celtas de la península ibérica y alrededores.

¿Cómo es posible?

Algunas palabras celtas fueron «absorbidas» por el latín de los romanos, quizás porque el objeto a nombrar era invención celta, o simplemente por comodidad, ya que en ese momento aquella palabra era muy difícil de sustituir con su homónima latina. Esas palabras quedaron adheridas al latín y fueron evolucionando a la par que el idioma.

Porque, ya sabes: las lenguas son realidades vivas que evolucionan con el paso del tiempo y las costumbres de lo parlantes. Es el tiempo, precisamente, quien se encarga de borrar la memoria y cincelar las palabras como si fueran rocas lavadas, de tal manera que, si uno no es experto en etimología, al final desconoce que tal o cual palabra tenía origen celta. Hay palabras que han ido evolucionando a la par que el latín, como por ejemplo, la palabra camisa — camisia — ???, de la que no estamos seguros de su forma real de origen al cien por cien.

palabras celtas
Las palabras son cantos rodados… y los escritores construimos con ellas casas 😉

Otras, por increíble que parezca, a penas han sufrido cambios y son precisamente esas palabras las que quiero mostraros hoy. Vamos, que si llegarais con una máquina del tiempo a las Guerras Astur-Cántabras y dijerais una de estas diez palabras, os entenderían seguro

Mis criterios de selección

Para elaborar esta lista de las diez palabras celtas (sin casi variaciones) más utilizadas en el castellano, me he pasado unos días recopilando palabras celtas de estudios varios en la web, como el de Hanna Müller en su Trabajo Final de Grado ( que se puede descargar aquí), y después, una vez hecha la lista, he pensado en ordenarlas según el uso habitual que les damos. Obviamente, no hay un estudio que diga cuál de ellas usamos más. Eso es cosa mía. Quizás cada uno debiera emplear su propio top ten, ordenando las palabras en función de la frecuencia de uso.

En cualquier caso, comenzamos:

1. Cerveza

la palabra cerveza, de origen celta.
En un Oktoberfest cualquiera, cuando era joven…

La primera palabra tenía que ser esta. No puedo ser hipócrita. Ya comenté en la entrada de la dieta de la edad del Hierro que nuestros antepasados celtas eran maestros cerveceros, aunque no hacían la cerveza tal y como la conocemos hoy en día (no usaban lúpulo, por ejemplo). La cerveza debía ser motivo de orgullo y la palabra para nombrarla debió perdurar como seña de identidad a pesar del latín.

La RAE dice que viene del latín, de la palabra Cervesia. Pero además indica que es una palabra de origen celta.

2. Camino

Según la RAE, camino se define como:

Del lat. vulg. cammīnus, voz de or. celta, y este de or. hisp.cf. celtíbero camanon.

1. m. Tierra hollada por donde

 se transita habitualmente.

RAE

Dicen que todos los caminos van a Roma. Pero la palabra en sí es celtíbera. Recuérdalo.

3. Colmena

colmena, origen celta
Colmena

Los estudios etimológicos aseguran que este vocablo apenas ha variado desde su incorporación al latín. Según la RAE, se explica lo siguiente:

Quizá del celta:

 *kolmēnā,der. de *kŏlmos ‘paja’; cf. bretón kôlôen-wénan, de kôlô ‘paja’ y wénan ‘abejas’.

Si lo piensas bien, el panal se parece a un montón de pajas dispuestas en un haz, como si fueras a mirar a través de los agujeros de las pajitas… Tiene sentido,¿no?

4. Gancho

Si tuviéramos que hablar con un paisano ástur o cántabro (suponiendo que entre ellos se entendían) sobre una rama rota de árbol de la que podemos colgar algo, gancho seguiría siendo nuestra palabra clave, ya que a penas ha variado con el tiempo y lograríamos entendernos con ellos.

La RAE, por su parte, dice que es de origen incierto. En fín, Esto sólo se sabe si viajas al pasado.

5. Abedul

abedul, palabra de origen celta
Imagen de mobinovyc en Pixabay

Los árboles eran, para los celtas, mucho más que un recurso natural. En ellos se encarnaba la magia de la naturaleza. No es de extrañar que el nombre de alguno de esos árboles conservara casi su forma original a pesar de los años. La wikipedia dice que, según la teoría más aceptada, su nombre procedería del latín betūlla que a su vez procedería de la palabra betu que era como los celtas designaban al abedul.

Dada la flexibilidad y dureza de las ramillas del abedul, fueron utilizadas como instrumento de flagelación; en otros tiempos los profesores las utilizaban para imponer dura disciplina en las aulas. Un episodio digno de olvidar, sin duda.

6. Páramo

páramo es también de origen celta, prerromano.
El páramo. Normal que deje huella. Brrrr

Siempre que escucho esta palabra, me viene a la mente León. Según la RAE, tenemos lo siguiente:

páramo

Del lat. parămus, voz de or. prerromano.

1. m. Terreno yermo, raso y desabrigado.

2. m. Lugar frío y desamparado.

RAE

No es de extrañar que un lugar tan característico y con tanta fuerza como el Páramo Leonés, que irónicamente goza ahora de verdor gracias a los embalses de las montañas, dejara huella en el latín y se asegurara un hueco en la etimología.

7. Vasallo

Vasallo. palabra de origen celta
Vasallo y señor. Un clásico de todos los tiempos. ¿Veis el amor de sus miradas? oro puro.

Los celtas eran muy de vasallaje y clientela. Y si no te lo crees, te recomiendo que leas la obra «Los celtas. Héroes y magia» de Gonzalo Rodríguez García. Según este experto, su estructura social giraba entorno a la clase guerrera, la cual garantizaba la protección de las poblaciones a cambio de vasallaje (servir, abastecer, mano de obra, etc). Dentro de la casta guerrera, la fidelidad a su jefe llegaba a límites insospechados. No es extraño que esta palabra perdurare en el tiempo, tal y como comenta este artículo de la wikipedia:

La palabra latina medieval vassallus deriva del latín clásico vassus («sirviente«), que a su vez es posiblemente una cognata de origen indoeuropeo con la raíz céltica wasso- («joven, escudero«); como en la palabra galesagwas (con el idéntico significado de «joven» o «sirviente»), en la bretona goaz («sirviente», «vasallo», «hombre») y en la irlandesa foss(«sirviente»).

Wikipedia

Se me acaba de ocurrir que «guaje» podía venir de esta raíz celta… Ya sé que dicen que viene de washer, de cuando el tejido industrial del s. XIX se dejó caer desde Inglaterra a Asturias, pero oye, se me ha encendido la neurona por ahí, quizás no vaya tan mal encaminada.

Sheldon, repelente celta
Seguro que algún Sheldon de la Etimología rompía una lanza en favor de mi teoría.

8. Brío

Me encanta esta palabra. Y os adelanto algo: en Las Nieblas del Tsuna, una de las protagonistas tiene un mastín leonés (ya sé que ahora se empeñan en llamarlo «español», pero es Leonés, ahí no hay concesiones) y se llama Brío. No escogí el nombre al tuntún. Sabía que era de origen celta (brigos), era corto y significa «espíritu, valor, resolución«. Todo lo que se espera de un buen mastín (leonés, claro.), en la lucha contra las bestias del monte.

Mastín leonés. Brío es de origen celta.
Así, bien atigrado, como me gustan a mí.

9. Brezo

Brezo es de origen celta.
La imagen habla por sí sola. ¿Cómo no se iba a quedar la palabra «brezo» entre nosotros? Foto sacada por Eduardo Alonso en algún monte de León este mes de junio.

A ver, ¿qué dice la RAE?

brezo1.

Del lat. hisp. *broccius, y este del celta *vroicos; cf. galés grug, irl. ant. froechy gaélico fraoch.

1. m. Arbusto de la familia de las ericáceas, 

de uno a dos metros de altura, muy ramoso, con hojas verticales,

 lineales y lampiñas, flores pequeñas en grupos axilares, 

de color blanco verdoso o rojizas, madera dura y raíces

 gruesas, que sirven para hacer carbón de fragua y pipas de fumador.

RAE

10. Tancar

Quizás no te suene, porque en castellano, la palabra está en desuso. Pero a mi me suena y de hecho la utilizo muchísimas veces al día, en valenciano. Tancar en valenciano es cerrar. Según la RAE, tenemos que:

tancar, origen celta
Vamos a tancar la herida

tancar
 
Del lat. vulg. *tancāre ‘fijar, sujetar’, y este del celta *tankō.
1. tr. rur. coloq. El Salv. y Hond. Detener la salida de un líquido,

 especialmente la sangre de una herida.

RAE

Hay muchas más

Lo sé. Tú te sabes quince más. Algunas te suenan mucho más que las que yo he puesto. Es normal. El lenguaje se amolda como un guante a nuestra vida y cada uno tiene una talla, unas palabras más habituales, unas vivencias con las que utilizarlas para recordar…Son broches (de origen celta) que llevamos puestos en nuestras conversaciones, y los llevamos sin darnos cuenta en la mayoría de las ocasiones. Pero esos broches brillan con luz propia y dan riqueza al conjunto. Es como salir a la calle y llevar puesta una fíbula de caballito: la gracia está en saber qué es y de donde viene…

préstamos celtas
recuerda de dónde vienen tus palabras…

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Crónica de una digestión en la Campa Torres

Crónica de una digestión en la Campa Torres

El verano pasado me propuse aprovechar de verdad las vacaciones y personarme en castros y yacimientos arqueológicos para ambientar mi novela, Las Nieblas del Tsuna. ¿Porqué? ¿No era suficiente con visitar la web? Pues mira, no. Las sensaciones que te transmiten estos emplazamientos no te lo cuentan las guías ni las webs ni los libros. Es una experiencia única e intransferible. Así que cogí al pariento del brazo y salimos de ruta desde Mallo de Luna. (cabe puntualizar que luego me tocó ir con él de Scape Rooms a Avilés, Ourense y demás… no me salió gratis)

Al final visité el castro de Santa Tegra, en Galicia en una escapada de fin de semana, y el de Noega (justo al lado de Gijón) otro finde. De ambos me llevo recuerdos maravillosos, pero en esta entrada te contaré porqué debes visitar el castro de Noega, en la Campa Torres, Gijón. El de Santa Tegra tendrá su propia entrada más adelante. De hecho pienso hacer un ranking cuando tenga visitados unos cuantos, no «sus preocupéis».

Comenzamos la aventura en Gijón

Bueno, pues después de ponernos las botas en Gigia (nombre que dieron los romanos a su asentamiento de Gijón), decidimos que era el momento de bajar la comida paseando por el museo de la Campa Torres.

Al principio pensé que el GPS del móvil se había escacharrado. Conforme nos alejábamos del casco urbano, las calles comenzaron a estrecharse y a empinarse, y pronto nos vimos subiendo curvas en horquilla a lo Carlos Sainz.

Mapa de la ruta a La Campa Torres por el puerto
Por cierto, comimos en Pomares, y estuvo muy bueno todo.

Al llegar a nuestro destino, me quedé patidifusa. No podía apartar la vista de los enormes depósitos de gas que presidían el saliente costero de La Campa Torres, y la nariz me recordaba que lo que había ahí dentro no era precisamente inerte. Pero en fin, lo que iba a descubrir en el yacimiento arqueológico eclipsaría la presencia de esas burbujas llenas de peligro.

Depósitos de Gas de la Campa Torres
El guardia del museo se cubrió de gloria cuando dijo que hace poco pillaron a uno con una mochila llena de explosivos

Una vez le dimos la espalda deliberadamente a las bombonas, comenzamos a vislumbrar lo que sería uno de los asentamientos astures transmontanos más importantes: el Castro de Noega. Tras dejar atrás la recepción del museo, con nuestros folletos en mano, tomamos el camino cuesta arriba ( y yo con aquella panzada de Pomares, que me las vi y me las deseé) que nos llevaría al asentamiento astur.

Lo primero que nos encontramos fueron las estructuras de la muralla que cortaba el único acceso al castro por tierra, ya que se encontraba situado en una pequeña península.

Castro de Noega vista aérea
Vista aérea del castro de Noega. Las murallas no salen, estarían en la parte inferior derecha de la foto.

Se trataba de una muralla hecha a «módulos» que se encajaba y jugaba con los cambios de nivel del terreno. Parece ser que las hacían a «cachos» porque así evitaban arrastrar el derrumbe en toda la estructura durante los asedios. Después, aluciné con la profundidad del foso, hecho con forma de V, que en algunos puntos alcanzaba los cuatro metros. Desde luego se habían tomado muchas molestias para proteger adecuadamente su pueblo, nadie se lo podía negar. Cuesta ponerse en situación de asedios y ataques cuando una no ha conocido la guerra, y estas murallas son el recuerdo de cómo se las gastaban en la edad del Hierro.

Muro del Castro de Noega
No, no es el muro de Adriano. Es la muralla modular del castro de Noega

A medida que seguíamos un caminito de piedra donde nos iban indicando qué es lo que teníamos delante, nos dimos cuenta de la verdadera dimensión del castro. La explanada era enorme, y a lo lejos vimos el edificio del museo, totalmente integrado en el conjunto natural del parque. Tan integrado, que está cubierto en su totalidad por un manto de pradera, como las casas de los Hobbits. Ese detalle me encantó.

El viento era una constante indiscutible a cada paso que dábamos, y aunque era verano y no llovió, me hice una idea de lo duro que debía ser vivir allí en invierno, en pleno temporal, con mar arbolada. No pude evitar pensar que debía valer la pena mantenerse apostados allí, en aquel apéndice inexpugnable. Poco a poco íbamos dejando atrás la muralla y mi ansia iba en aumento. Quería ver con mis ojos, sentir en mi piel y escuchar lo mismo que los astures de Noega, y ya quedaba menos.

El castro era una mezcla de restos astures y romanos

No me hizo falta saber mucho de arqueología para apreciar que había dos tipos de estructuras bien diferenciadas. Por un lado, las romanas: con su planta rectangular, dispuestas de manera ordenada, creo recordar. Por el otro, las bases circulares, similares a las que vi en Santa Tegra, pero mucho menos visibles. Claro, una vez absorbido por el Imperio Romano, el castro comenzó a transformarse a tenor de las costumbres del conquistador. Me llamó también mucho la atención la cantidad de pozos que había excavados. Algunos conservaban los escalones para bajar a por el agua, que al parecer, en caso de asedio, debía escasear en el asentamiento.

Ya cerquita del museo, había una casa castreña, esta vez bien reconstruida. Pero fuimos un poco desafortunados y no pudimos verla por dentro, ya que el día anterior habían hecho una recreación histórica y tenían allí guardados todos los enseres del evento. Así, que decidimos entrar en el museo. La guía fue de lo más amable y como fuimos a horas intempestivas (la hora de la siesta, y yo con mi panzada de la sidrería Pomares), la tuvimos para nosotros solos.

El museo: una caja de sorpresas

En el museo te explican de manera muy amena, con vídeos y recreaciones, cómo era la vida de los ástures. En él se encuentran piezas halladas en el castro que revelan la actividad metalúrgica de los cilúrnigos, o lo que es lo mismo, los «caldereros», que es como se llamaba este clan de ástures lugones. Vimos también que había piezas de cerámica, enseres, fíbulas en buen estado, piezas de origen extranjero que indicaban un comercio con el exterior bastante intenso, etc.

museo arqueológico de la campa Torres
Un rincón del museo

Como era de esperar, los romanos también dejaron su impronta con objetos varios, entre los que destaca una inscripción en piedra bastante grande en la que se dedican alabanzas y glorias a Cesar Augusto, cómo no. Al margen de este monolito, me encantó el ara (esquela en piedra) de un soldado ástur muerto en combate al servicio del imperio romano. También se puede observar la indumentaria de los romanos con todo lujo de detalles gracias a las reproducciones cedidas por la asociación cultural Kérberos.

Indumentaria Legionario romano astur
Modelitos marciales del s. I D.C.

Si todo ello lo aderezamos con un material audiovisual muy completo, la visita se hace muy amena y una sale de allí con una idea mucho más precisa de quiénes eran los cilúrnigos, qué hacían allí y cómo los absorbió Roma. Si te sobran los cuartos, el museo cuenta además con publicaciones propias, ya sea en forma de obras de divulgación, como cuadernillos de estudiante (yo me compré uno, jejeje). Y se me olvidaba: si no recuerdo mal, tenían hasta reproducciones de piezas encontradas allí que podías comprar.

La visita no acaba ahí

¿Te has quedado con ganas de más? pues mira, si sigues caminando, a ver si te baja la panzada (como a mí), te encuentras con el museo dedicado al faro de la Campa Torres, con datos súper interesantes que describen cómo vivían los fareros, cómo se construyó el faro, la actividad ballenera, etc. Además hay un observatorio de aves marinas, y ya de paso las vistas son espectaculares (bueno, mejor mirar hacia la izquierda. A la derecha está el puerto de Gijón y los montones de carbón, cosa que le quita el encanto…).

¿Vale la pena visitar el parque arqueológico?

Pues sí. y te lo resumo en tres aspectos:

  • El valor arqueológico es incalculable. El museo está muy bien planteado y se aprende un montón.
  • El entorno es mágico: La Campa Torres se revela como un balcón al mar, resistiendo viento y marea y al paso de los años. La naturaleza da allí su do de pecho.
  • La visita al faro completa el pack y hace que en conjunto, la excursión sea redonda.
  • Va, un cuarto punto de regalo: se camina un buen rato. Así que es fácil bajar la comida, como hice yo. ¿Os he dicho ya que comí en la sidrería Pomares? jajaja

Espero haberte convencido para que visites el museo, si es que te pasas por Gijón, y si ya lo visitaste, ¡quiero saber tu opinión!. Hasta aquí mi post de hoy, cazadores de leyendas norteñas.

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Alfonso Fanjul y los Astures

Alfonso Fanjul y los Astures

El protagonista del post de hoy es Alfonso Fanjul y su libro divulgativo «Los Astures, un pueblo céltico del noroeste peninsular»

Cada vez que me pongo a escribir mi novela, Las Nieblas del Tsuna , observo cómo casi la mitad del tiempo me lo paso investigando. Escribir novela histórica tiene un reto añadido a todo el proceso literario: tienes que estar muy atento a no meter la pata con todo tipo de detalles socioculturales, históricos, económicos, etc. que podrían arruinar la lectura del que te compra el libro.

Las Nieblas del Tsuna
Lectora indignadísima por gazapos históricos. Es mi pesadilla recurrente.

Hasta hace poco, mis fuentes las encontraba en Internet, y aunque procuro ser muy cuidadosa con la documentación, siempre me quedaba la duda de si realmente aquello que leía estaba actualizado o simplemente se basaba en afirmaciones que hizo un señor hace dos mil años. Pero desde que el protagonista de hoy, el doctor en arqueología Alfonso Fanjul, publicara «Los astures. Un pueblo céltico del Noroeste Peninsular» , vivo más tranquila. Esta obra se ha convertido en mi enciclopedia particular ya que toca todos los palos de esta etnia de la Edad del Hierro: su historia, la sociedad astur, su organización, mitología celta de los astures, el legado de sus tradiciones hoy en día, su economía, y la forma en que distribuían sus asentamientos.

Y entonces llegó la idea de la entrevista

¿Cómo podía quedarme de brazos cruzados, sin pregonar a los cuatro vientos mi descubrimiento? Un día fantaseé con hacerle una entrevista para dar a conocer su obra a más gente. Cuando quise darme cuenta, se lo estaba proponiendo (soy así, voy siempre a por el sí). Y sí, aceptó mi propuesta. Os podéis imaginar que me marcara un baile de Carlton en toda regla.

lo conseguí
¡Me dijo que sí! ¡Toma!

Me preparé una batería de preguntas relacionadas con los astures, pero con el sello de la Cazadora de leyendas norteñas, y el resultado es una entrevista genial de media hora que, en mi opinión, deja entrever cuántas cosas se han desmentido sobre los astures y cuánto queda todavía por descubrir. Espero de corazón que disfrutéis escuchando todo lo que nos cuenta Alfonso Fanjul sobre los astures en la Edad del Hierro, tanto como lo hice yo.

Para escuchar la entrevista, sólo tienes que darle al play.

¿Dónde puedo adquirir el libro de Alfonso Fanjul?

Tienes dos formas básicas de conseguirlo. Si eres amante del libro en papel de toda la vida, está disponible en el portal de Instituto de Estudios Bercianos. Si por el contrario, prefieres la edición digital, puedes descargarlo aquí.

Esto debería estar en tu biblioteca. ¡Ya!

Yo quiero más

Sí. Quiero más información de nuestros ancestros. Como comentaba Alfonso, queda mucho por estudiar en el territorio astur, que a diferencia de nuestros vecinos cántabros y galaicos, a penas está excavado y procesado. Por eso animo a las administraciones pertinentes a que autoricen y financien estas iniciativas para saber más de nuestro pasado. Y también animo a los arqueólogos a que no desistan en su empeño. ¡Hay gente ahí fuera muy interesada en saber de vuestra labor!

¿Eres arqueólogo y estás trabajando en el territorio Ástur? ¿Quieres dar a conocer tus últimos descubrimientos? Escríbeme.

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Si las madreñas hablaran…

Si las madreñas hablaran…

Contarían muchas, muchísimas cosas. Las de mi abuela contarían anécdotas de jornadas interminables, como cuando esperó a que pariera la vaca para ir al hospital a dar a luz a mi tía. O de los días de fiesta haciendo la matanza. Sin embargo, aquellas madreñas ocultaban un oscuro secreto. Tan oscuro como las cubileras de los gochos. Pero antes, déjame contarte qué son, por si acaso no estás familiarizado.

¿Qué son las madreñas?

Para los que no las conozcan, las madreñas son un tipo de calzado tradicional de la región astur-leonesa y otras limítrofes (Cantabria, parte de Galicia y demás, no se me vayan a enfadar ), hecho de madera y diseñado para introducir en ellas las zapatillas de andar por casa . Se utilizan sobre todo para labores del campo y es una solución ingeniosa para andar calentito, seco y limpio, evitando el contacto con las moñicas, el barro y las aguas e incluso, las nieves del invierno. Además puedes ir de casa en casa dejando las madreñas en la puerta, y disfrutar de la sensación de ir en zapatillas de andar por casa allá donde vayas. Particularmente aprecio el hecho de no tener que meter el pinrel en un zapato frío cada vez que salgo a la calle y las madreñas son la solución definitiva a ese problema.A veces fantaseo con llevármelas a Castellón y ponerlas de moda por allí, pero esa es otra historia.

Volviendo a lo mío…estaba yo en el portal de mi abuela, cuando divisé bajo el banco, asomado entre regaderas rotas y latas XXL recicladas de atún, el morro de una de las viejas madreñas de mi abuela. Las saqué de su escondite y vi con pena que se habían deteriorado mucho con el paso del tiempo y el uso constante. Tenían una amalgama de polvo y abono entre los 3 tacos, y una de ellas tenía una raja que hacía imposible usarla de nuevo. Definitivamente estaban rotas y en el olvido, y ya habían sido sustituidas por unas nuevas.
A pesar de estar en el olvido, consiguieron dibujar en mi cara una sonrisa, esta vez, traviesa y cómplice. Porque ¡anda que no las usé yo a escondidas cuando mi abuela se despistaba! Como ella tenía el pié menudo, a mi ya me valían con 10 años. Cuando metía mis bambas dentro tenia carta blanca para bajar a ver a mis amigos los gochos, las gallinas, las vacas, los conejos y todo bicho que pernoctara en las cuadras por algún u otro motivo.

Madreñas viejas de mi abuela.

Primera confesión: la visita a las gallinas

Solía empezar la ronda visitando a las gallinas. Estaban confinadas en un corral con acceso a un añadido de la casa, de manera que en los meses de frío tuvieran cobijo. Al principio del verano, cuando no me conocían, se acercaban a ver que pienso les traía… pero al finalizar el verano huían despavoridas al gallinero a refugiarse. Concluyo que no les gustaba mis intentos samaritanos de enseñarles a volar contra el muro del corral. Siempre pensé que no volaban por que les faltaba un empujoncito…

Va a ser que no, que no vuelan.

A medida que pasaban los días, el numero de huevos descendía alarmantemente y mi abuela achacaba el descenso de la producción al calor y a que no comían nada. Entonces se ponía a picarles acelgas y a darles dieta especial, mientras remugaba y valoraba en pasarle a alguna el cuchillo si seguía así la cosa. Huelga decir que decidí suspender mis actividades aeronáuticas y centrarme en otro bicho menos estresable.

Segunda confesión: la visita a los gochos

Así que dirigí mi atención en la siguiente puerta: la cubilera de los gochos. Los gochos ( o como se suele decir en el resto de España: cerdos) pasaban la vida en una cubilera, que era un cuarto cerrado con muretes y puertas lo suficientemente altas para que el gocho no pudiera saltarlas. Al entrar, era necesario encender la luz porque la oscuridad contrastaba con la claridad del día y caminaba totalmente cegada. Mientras me acostumbraba al olor ácido de los purines en la nariz, ya podía sentir su calurosa bienvenida a base de gruñidos y frenesí contra la puerta de la cubilera. El más ágil de los tres se apoyaba en lo alto de murete para sacar el hocico y sacar más información de la situación. A decir verdad, la situación era muy simple:

Cubilera en desuso.

Había un cubo con pienso y restos de comida, que mezclado con agua formaba un puré espeso que se remeneaba con un palo. En mi defensa, diré que todo fue casual. Un día cogí el palo embadurnado de aquella papilla y se me ocurrió meterlo dentro para que los gochos lo relamieran.

Una vez dentro, comenzaron a pelearse, así que les dí un toque de atención con el palo en la cabeza. Los quejidos me hicieron tanta gracia, que repetí la operación unas diez veces hasta que por fin, a base de psicología conductista, dejaron de acercarse al palo.

Creo que ha sido la única vez que he maltratado a un animal conscientemente y no me hace sentirme orgullosa… pero no lo podía evitar. Era oír esos gruñidos y reírme a carcajada limpia. ¡Hoy por hoy, no lo haría, obviamente! Por cierto, en esta ocasión mi abuela estaba intrigada, pues no llegaba a entender cómo aquellos gochos tenían aquellos moratones en el lomo. Cuando le preguntaba a mi madre qué podría ser, más valía salir del cuarto o la mirada inquisidora me pillaría seguro.

madreñas, madreñes,
No lo volveré a hacer. Lo prometo.

Tercera confesión: visita a las vacas

La morena

La ronda acababa en las cuadras, donde las vacas permanecían amarradas a la espera de que las sacaran a beber y a pastar. Todos los años había un ternerín nuevo, o como diríamos en Mallo, un jato (jatín si era recién nacido) que recibía todo tipo de atenciones de parte de una servidora. No todo iba a ser maltrato, ¿¡eh!? me encantaba rascarle la frente, cepillarlo, limpiarle las orejitas… Después visitaba a todas y cada una de las vacas.Todavía recuerdo algunos nombres: la Morena, la Paloma, la Serrana, la Mora…Hecha la ronda, llegaba el momento de reunirse con los demás niños, así que tenía que devolver las madreñas a su sitio o no podría repetir el ritual al día siguiente.

¿ Y cómo acabó la historia?


Con el tiempo, mi amor por las madreñas no mermó, y acabé encargándoles a mis tíos que me compraran un par en la fiesta del Pastor. Cada año me las pongo y rememoro todos aquellos momentos, y me hacen sentirme muy especial, privilegiada, diría yo. Mis hijas, para suerte de los gochos y las gallinas, no vivirán esas aventuras con el pasaporte que otorgaban las madreñas. Tampoco están ya los animales. Sólo queda en el recuerdo de la que os escribe. Así que, permíteme darte un consejo: coge tus madreñas y date una vuelta con ellas. Vuelve a sentir la magia, recuerda cuantas cosas hiciste, ¡hasta dónde te llevaron! Si esas madreñas hablaran…


¿Y tú? ¿qué significan para ti tus madreñas?  ¿qué dirían tus madreñas si pudiesen hablar?

Si te has quedado con ganas de más, te recomiendo visitar el post de las casas castreñas: ¿ecología milenaria?

Seguro que descubres un par de cosas de aquellas maravillosas construcciones de un pasado no tan lejano

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Bolos leoneses: asalto y derribo al castro

Bolos leoneses: asalto y derribo al castro

Que los ástures (y también los cántabros) se zurraban entre ellos es bien sabido. Cualquier excusa era buena para asaltar al castro vecino si no había tésera de hospitalidad de por medio: mozas más guapas que las de tu castro, mejores caballos, control de los mejores pastos… Eso era así (seguro). Pero para estar a la altura, amigo, tenías que adiestrarte largo y tendido. Lucha leonesa: lunes, miércoles y viernes; los martes y jueves seguramente tocaba manejo de falcata, honda y lanza. El sábado algo de equitación para la guerra y los domingos algo más light, no vaya a ser que sobrecarguemos el cuerpo: desarrollo de estrategia del asalto, pulso y camaradería. O lo que es lo mismo, jugar al bolo leonés.

bolos leoneses
Cómo asaltar un castro y derribar al centinela: ése era el objetivo del juego

La analogía tiene sentido

Piénsalo: la clave para un asalto perfecto al castro es :

  • derribar al centinela sin despertar al resto del castro,
  • abrir las puertas para dejar pasar al resto de tus compañeros
  • y llevarte lo que tengas que llevarte sin sufrir bajas en tu bando.

Con la media esfera en mano, consigues la máxima puntuación cuando ésta entra en el castro y consigue derribar el Miche (centinela). Al margen de esta jugada ideal, hay multitud de maneras de puntuar. Eso hace que sea algo complicado cogerle el tranquillo a este juego, tiene que haber alguien que te enseñe a jugar bien.

Yo me harté de jugar en mi pueblo cuando era una adolescente y por aquel entonces no tenía ni idea del trasfondo histórico. Para mí era sólo un juego que practicaban los abuelos y que era fascinante, algo prohibido. Sí, prohibido. No nos decían nada, pero cuando la juventud se ponía a jugar, los viejos torcían un poco el morro cuando las chicas cogíamos la bola. Y aquello le daba más morbo porque despertaba tu lado rebelde. Al fin, terminó por ser algo normal, porque posiblemente, o jugábamos nosotras también, o aquello no tenía cantera suficiente.

El Cincón o Cinca, en mi pueblo, era el único bolo que al caer no daba puntuación. El equipo contrario gritaba ¡Finca! con enérgica alegría.

Como dije en algunas lineas más arriba, necesitábamos de la tutorización de los veteranos porque el reglamento era un poco infumable: que si el derribo del Miche (el centinela), que si tiene que caer la bola en el castro y eso son tantos puntos, que si es finca (jugada sin puntuación), que si entró en el castro o no entró, que si pasó por la raya del once… Sin ellos no hubiera sido posible jugar de una manera decente.

Jugar a los bolos leoneses no es sólo cosa de viejos

Durante al menos dos veranos, el castro de los bolos fue punto de reunión indiscutible. Había movimiento en el pueblo: los mayores se reunían, salían de su letargo y vibraban. En vez de verlos ensimismados en la soledad que trae la vejez, recuerdo sorprenderme al ver cómo interactuaban entre ellos, con un brillo en los ojos que me chocaba. Evidentemente, llevaban toda una vida conociéndose, pero yo, que siempre los conocí viejos y aburridos, quedé intrigada. ¿Cuántas vivencias y aventuras trajinaron juntos?

Se sentían vivos. Quizás era el gusto por competir. Puede que sentirse maestros por un rato y recibir admiración y atención les inyectara una ilusión extra en aquella mirada. Sólo por eso, valía la pena mantener el castro de los bolos.

De eso me doy cuenta ahora. Ahora que ya no existe el castro (se asfaltó la calle y a partir de ahí ya no se volvió a montar), ese vínculo de personas intergeneracional se ha perdido. Los viejos (los pocos que quedan ) van por un lado, si es que salen de casa, y la juventud… ah, la juventud. Los jóvenes no salen del Instagram. ¿Qué será del juego ancestral que nos legaron los ástures?

Bolos leoneses
Un ejemplo de una partida cualquiera en un pueblo leonés cualquiera… (wikipedia)

Los bolos leoneses hoy en día

Te sorprenderá descubrir que esta disciplina deportiva tradicional tiene bastante tirón. Sobre todo, fuera de León. Algo bueno tenía que traer la combinación de una emigración masiva, a ciudades como Madrid o Barcelona, o regiones como el País Vasco, y la morriña del emigrante. Cuando estás fuera de tu casa, te coges como un clavo ardiendo cualquier cosa que te una a los tuyos, a tus orígenes, a tu antigua vida. Sí, lo adivinaste: los bolos leoneses son ese clavo para muchos cazurros en el exilio.

Los catalanes admiran esta disciplina y la adscriben a la federación de deportes tradicionales. Tranqui, que sólo hablan en catalán al principio un minuto.

En León, la Delegación leonesa de Bolos vela por mantener el calendario de competiciones activo y difundir el reglamento oficial. Últimamente se están techando muchos castros, de manera que así se pueden jugar partidas incluso cuando hace mal tiempo (cosa habitual en el norte).

Sin embargo, por más que busco en Internet, sólo veo señores viejos jugando, y te aseguro que me he pasado tiempo investigando. Hay algún vídeo documental de estudiantes que tienen como deberes del instituto entrevistar a los jugadores senior, pero poco más. (Si me lees y sabes de alguna iniciativa que introduzca a los jóvenes al juego, por favor, escríbeme)

Su futuro está en juego

No puedo evitar preguntarme: ¿Se está perdiendo esta tradición? ¿Hay algún gesto desde la administración pertinente (Diputación de León, ayuntamientos, Junta de CyL ,etc.) No basta con subvencionar el material para jugar, que sí, ayuda. Pero o se incluye este deporte en los programas educativos/ municipales, o la juventud no dudará en meterse en Instagram. Os lo aseguro. Y la verdad, bajo mi punto de vista, tenemos MUCHO QUE PERDER. No podemos arruinar algo que es capaz de unir a jóvenes y viejos.

Además, creo que deberíamos ir más allá. Deberíamos atraer de una manera más activa al sector femenino, tradicionalmente ignorado en esta disciplina por ser considerada cosa de hombres (aunque te aseguro que a las chicas no nos falta nada en absoluto para jugar igual o mejor que los chicos) . En mi pueblo funcionó de maravilla, a pesar de las reticencias iniciales. Estaríamos doblando el público objetivo y podría ser una de las claves de su perpetuación.

Ellas también saben tirar el Miche, no te quepa duda.

Anímate: aquí tienes algún material para empezar

Aquí te dejo el reglamento, así como webs donde adquirir el material de juego. ¡Todo es ponerse! Te aseguro que los bolos leoneses sólo traen cosas buenas: interacción, destrezas sociales, respeto a las normas, disciplina y convivencia.

Por cierto, si dominas el arte de trabajar la madera, creo que es un buen nicho de mercado. Sólo he encontrado una web en Internet que se dedique a confeccionar los 9 bolos y el juego de bolas más el Miche. ¿Sabes de alguna empresa que se dedique a su fabricación? Ayúdame a difundirla, toda aportación es un valioso granito de arena.

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Beltaine: Cinco razones para celebrarlo

Beltaine: Cinco razones para celebrarlo

Desde que me metí en la aventura de escribir mi primera novela (todavía estoy en ello), Las Nieblas del Tsuna, me he estado empapando (por necesidad y gusto) de las dos culturas que chocan en la novela. Por un lado, los romanos: quizás el pueblo que mejor conozco de antemano dada su impronta en la historia; por el otro, los celtas (astures, cántabros, galaicos, etc.)

De estos últimos aprendo cosas todos los días, no solo de mi pasado, si no de mí misma. No es de extrañar que eso afecte a la trama del libro y en el enfoque que sin querer (queriendo) le voy dando a medida que escribo. Una de las cosas que más me gustan de nuestros antepasados es su relación con la naturaleza. Por eso no voy a contarte cómo celebraban Beltane los celtas. Para eso puedes consultarlo en las webs que te adjunto abajo. Pero déjame darte cinco razones para celebrarlo.

Estamos desconectados

Puede que seas de ese reducido porcentaje de afortunados que viven en contacto habitual con la naturaleza. De esos que viven desenganchados de las nuevas tecnologías, libres del yugo del móvil y las redes sociales. Pero la realidad es que seguramente me estás leyendo desde un smartphone y estás suscrito a mi página de FB o a mi Newsletter y te da vergüenza confesar el tiempo que pierdes mirando ese dispositivo que tienes entre manos. Antes de los smartphones, bastaba con salir de casa. Pero desde su aparición, la virtualidad no se despega ni un segundo de nuestras vidas y a mí, en particular, me preocupa. En fin, ¡tranqui! no estás sol@. Vivimos en una realidad a caballo entre la virtualidad y la inconsciencia.

Incluso si te vas de excursión al monte para desconectar, el smartphone va a estar ahí por si acaso sucede algún imprevisto. Ah… de ahí a mirar el FB no va nada, te lo aseguro. Pero… ¿dónde quiero ir a parar? pues a lo más importante: vivimos desconectados de la naturaleza.

¡Es una sensación constante que tengo! ¿tú no la has sentido? es necesario recalibrar nuestro lugar en el mundo para que nuestro futuro llegue a buen puerto y puede que los celtas nos den unas cuantas lecciones. He aquí cinco razones que te convencerán para comenzar a celebrar Beltaine.

1. Beltaine es purificación

Los días se alargan, la vida vuelve a los árboles, el campo está en su época de mayor esplendor. Es conveniente recibir esa oleada de energía de la mejor manera posible. Por eso deberías probar a purificar tu cuerpo y tu alma.

  • Fija un tiempo sin móvil, olvídalo en casa.
  • Date un baño de naturaleza, aunque sea paseando en un parque.
  • Párate un momento a desterrar rencores y pensamientos negativos.
  • Deja de comer esas cosas que sabes que no te hacen bien. Prueba algo nuevo y saludable.
Si queréis realizar el ritual como nuestros antepasados celtas, aquí dan algunas directrices…Imagen obtenida de «lo que me gusta»

2. Beltaine es fertilidad

La primavera, la sangre altera. No es un dicho vacío. En los fuegos de Beltaine, Belenos, dios del Sol, y la Diosa Madre se juntan para darse amor. Sé como ellos. Si tienes pareja, es una fecha ideal para el reencuentro CONSCIENTE de vuestras almas y vuestros cuerpos. No hace falta que encarguéis un bebé (oye, que igual sí, depende de la pareja), pero sí deberíais aprovechar para quitar hierbas muertas y rencores, abonar las flores de vuestra relación con agradecimientos y gestos de amor. Y por qué no… daros muchos mimitos, que el mundo necesita amor.

Desconozco el autor, si alguien sabe de quién es, por favor, que me lo pase y lo referencio.

3. Beltaine es priorizar lo más importante

La energía que traen consigo los días de luz en aumento, debes canalizarla hacia lo que más te interesa:

  • tu familia y amigos
  • tu casa
  • tu medio ambiente
  • tus proyectos personales

Piensa en acciones concretas que deberías hacer para mejorar tu relación con ellos, escríbelas en un post it y pégalo en el espejo del baño. Cumple esas acciones concretas antes de Samhain.

4. Beltaine es fiesta

Lo tienes a huevo. El 1 de mayo es fiesta en casi todo el mundo (bueno, Holanda y China creo que no lo celebran con festivo, qué se le va a hacer), así que puedes trasnochar. Ponte cañón y sal a pasar un buen rato con tu gente. Pero por una vez, no lo hagas por rutina. Festeja con la intención de compartir la alegría de días mejores. Lo bueno está por llegar. Atrás quedaron los días de oscuridad y escasez. Si viviéramos del campo en exclusiva, este argumento tendría una fuerza demoledora, pero por suerte o por desgracia, esa fuerza se ha difuminado con la llegada de la globalización y los supermercados. Otra evidencia más de la desconexión con la naturaleza.

Visita la web
-ESCOCIA-«UNA TIERRA DE LEYENDA Y MISTERIO» para saber más sobre cómo se lo montan en Escocia

5. Beltaine forma parte de ti

La Humanidad lleva celebrando la llegada del buen tiempo y de la primavera (bueno, en las zonas ecuatoriales les daba un poco igual, sólo tienen una o dos estaciones) desde que tiene el título de eso, Humanidad. Lo hacían en las cavernas, lo hacían los nómadas, y por supuesto nuestros ancestros más recientes , desde los primeros indoeuropeos hasta las invasiones visigodas, suevas y musulmanas. Honra a la memoria colectiva y conéctate con tu historia. Escoge la tradición que más te guste (por favor, intenta que no sea sacrificar bichos ni personas) y festeja tu lado histórico.Sé un poco más humano.

Mi reflexión final

Tú y yo nos permitimos el lujo de ignorar los ciclos naturales, porque independientemente de lo que le suceda al mundo, siempre habrá una bandeja de lo que sea en el supermercado. Déjame ir más allá: en Estados Unidos se realizó un estudio en el que se demostró que el 7% de los encuestados pensaba que la leche chocolateada venía de las vacas marrones… ¿te das cuenta de cómo se nos va de las manos?

Sin embargo, y no hace falta remontarse a los celtas, nuestros bisabuelos (quizás también nuestros abuelos) sí vivían una estrecha relación con la naturaleza. El respeto que se les profesaba a los ciclos naturales estaba totalmente justificado. Con la llegada de la tecnología hemos perdido el respeto a los ciclos para sacar mayor rendimiento y beneficios. Ya no es una relación entre iguales (naturaleza-personas). Es una relación de dominación (naturaleza al servicio de las personas). No se si me equivoco, pero los romanos comenzaron con esta tendencia y hasta aquí hemos llegado.

Estamos a tiempo de observar qué rumbo llevamos y analizar si es realmente lo que queremos o si, por el contrario, necesitamos corregir las coordenadas. Escucha tu cuerpo, observa la decadencia del sistema. Decide tus prioridades. Actúa. ¡Hazte un hueco de honor en la historia y trasciende!

Si quieres saber en qué consiste Beltaine, te dejo algunas referencias.

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Casas Castreñas. ¿Ecología milenaria?

Casas Castreñas. ¿Ecología milenaria?

¡Pues claro que sí!

Estaba yo ayer escribiendo una escena de cama en Las Nieblsa del Tsuna, y claro, ya sabéis que en los momentos amorosos el ambiente influye. Para bien o para mal, pero influye. Humedad relativa, iluminación, temperatura, aroma, espacio disponible, intimidad, opciones de aseo personal, vistas, ruidos de los vecinos… Vamos, que no es lo mismo arrimar la cebolleta en un hotel de cinco estrellas que en el descansillo de tu edificio. La pregunta es: ¿Y en las casas castreñas?

Teitos y Pallozas, casa castreña
El ambiente debía tener un toque de Vikings, seguro. ¡Ay! Ragnar… Se iban a empañar hasta las piedras.

En este caso la escena transcurría en una casa castreña, la construcción madre de los Teitos y las Pallozas. Éstas últimas heredan la misma idea estructural, el mismo uso de los materiales de construcción y las mismas prestaciones de una casa castreña, porque… si algo funciona, ¿Para qué cambiarlo? Las pallozas y los teitos son «fósiles arquitectónicos» que perduraron en zonas muy determinadas del noroeste peninsular, donde el aislamiento y las condiciones de vida facilitaron esa conservación hasta nuestros días.

La primera vez que vi un teito fue en la braña de Somiedo, en una excursión familiar muy mejorable. ¿A quién se le ocurre ir monte arriba en pleno agosto a medio día? ¡Y se supone que somos de campo! para rematar la jugada, íbamos sin agua. Cualquiera en estas circunstancias vería el paisaje bajo un prisma «algo negativo». Aún así, os tengo que decir que los teitos me impresionaron. En serio, no podía dejar de admirar aquellos techos hechos de paja o de escoba. La estampa de aquellas casas enclavadas en un paisaje de alta montaña tenía una fuerza tal, que era capaz de teletransportarme a épocas remotas. Por la puerta podía salir William Wallace en cualquier momento, haciendo un calvo a los turistas. Pero no. Estaban cerradas a cal y canto, puesto que en algunos casos, no todos, todavía se les daba uso.

Me consta que las últimas pallozas habitadas de la cornisa cantábrica, de manera regular, fueron las de la zona de la Cabrera, entre León y Galicia. Hoy en día tan sólo algunas de ellas funcionan como casas rurales con sus pertinentes modificaciones o están destinadas a almacenar paja u otros productos del campos. (Como siempre, si alguien vive en una palloza o teito al estilo tradicional, por favor, que lo deje en comentarios. Estaré más que encantada de escuchar su testimonio)

¿Qué es lo que hace tan especiales a las casas castreñas?

El techo

Formado por un entramado de madera de roble o haya y una cubierta bien gruesa de paja de centeno o escoba, según las materias primas disponibles, el techo constituye el elemento más llamativo de la casa. Además tiene un papel protagonista a la hora de aislar térmicamente el conjunto arquitectónico. Su inclinación siempre es pronunciada, así conseguía deshacerse de la nieve y la lluvia de manera fácil.

Planta de piedra: ovalada, circular o cuadrada

La planta de estas construcciones, se realizaba en piedra, de manera que es este elemento estructural el que ha pervivido en el caso de las casas castreñas. Parece ser que en las zonas más orientales de la cultura castreña (Cantabria), la influencia de la cultura Hallstatt (campos de urnas) y la asimilación de la cultura celtíbera fue más intensa que en la zona galaica o ástur; por tanto, las casas castreñas a partir del 450 a.C. comienzan a mostrarse con planta cuadrada en el oriente. En el occidente se conservan de forma ovalada o circular.

Castro de Vigo, Casa castreña
Castro de Vigo, reconstruído

Prestaciones

Para qué te voy a engañar. No se parece ni de lejos a la lista de prestaciones de una casa promedio. Nada de agua corriente, a penas estaban iluminadas con luz natural (de hecho la luz sólo entraba por la única puerta de acceso), el suelo era tierra apisonada, y la calefacción… pues eso, un hogar en mitad de la planta o en su lugar, un horno situado en una parte de la pared. Te puedes hacer una idea del olor a fogata que podía hacer dentro. Seguramente, estos antepasados nuestros olerían a humo todo el tiempo.

En mi opinión, la escasa lista de prestaciones daba a entender que siempre que se podía, hacían vida fuera, y la casa la usaban sólo para dormir y pasar los meses de inverno como podían. Pero claro, en invierno, poca cosa se podía hacer, así que tirarían de despensa (en la parte superior de la estructura, o en almacenes aledaños) y se contarían mentiras alrededor del fuego mientras se fabricaban mantas con el telar, o vaya usted a saber qué.

Por encima de todo, eran un ejemplo de aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles, y gracias a estas características lograban mantener una temperatura constante de 10ºC aproximadamente. Ten en cuenta que el techo de paja tenía casi 70 cm de espesor y las paredes contaban con 100 cm nada desdeñables. Bastaba encender el hogar, que a la vez servía para cocinar, y la estancia se calentaba sin dificultad. La diferencia de las casas castreñas con las pallozas y los teitos es que éstos últimos eran algo más grandes y permitían encerrar a los animales en espacios separados del resto de la zona habitada, de manera que el calor animal contribuía a mantener la estancia más cálida en invierno.

¿Y porqué dejaron de utilizarse?

Con total seguridad, el motivo era que a la mínima la paja ardía, y más si el techo estaba impregnado de hollín acumulado con el tiempo. Era cuestión de que el fuego se pasara de un teito al otro y ardiera todo el castro. En su tejado de paja se encerraba pues, su ventaja térmica y su talón de Aquiles. Al margen de esto, las prestaciones espartanas que te comenté arriba no ayudaban demasiado a seguir viviendo en una construcción de este estilo. Además, cada 10/20 años era necesario cambiar por completo el techo, así que pereza, daba un rato.

No obstante, en la actualidad…

se estudia volver a los orígenes y aprovechar la paja como material de construcción para alcanzar los objetivos ecoenergéticos. Especialistas en el tema, como Pablo Fernández Ans, aseguran que si se consigue aislar la paja con materiales ignífugos y se refuerza la estructura de madera para que no sea susceptible de incendiarse, los techos de paja se presentan como una alternativa de futuro para las viviendas bioclimáticas. Y esto es porque el la paja, en su momento, absorbió más CO2 del que se genera para calentar la vivienda. En la actualidad los materiales de construcción habituales no son capaces de dar esta eficiencia ecoenergética.

Otra cosa es que queden profesionales que tengan conocimientos suficientes para seguir teitando. Esta labor artesanal se pierde con cada profesional que se jubila o deja este mundo sin pasar sus conocimientos a la siguiente generación. En un mundo ideal, los constructores rescatarían esta técnica de techado y darían trabajo a la población rural, que no sólo participaría en las labores de construcción, sino que además se mantendrían los campos de centeno y la actividad agrícola. En un mundo ideal…

Aquí os dejo un vídeotutorial de como techar un teito o palloza, por si os animáis y os sobra tiempo. Si yo tuviera todo el tiempo y el dinero del mundo, mandaba construir una casina de estas bien maja, sin privarme de nada.

¿y al final qué pasó?

Bueno, si te preguntas si hubo final feliz en la escena de cama, pues sí. Por que al final lo que cuenta es estar juntos, bien arrimaditos, cerca del fuego. Da igual el olor a humo o si el resto de la familia estaba haciéndose la dormida mientras el acto «xexual» se llevaba a cabo… la intimidad está sobrevalorada.

Si, por el contrario, te preguntas si las pallozas y los teitos desaparecerán, creo todo depende de si la industria turística es capaz de integrar su atractivo a la oferta hotelera. De momento algunas casas rurales ya se están desmarcando y ofrecen una alternativa muy atractiva. Yo personalmente me muero por dormir en una palloza, ya no solo por el enclave, si no por la experiencia en sí. A ver si este verano suena la flauta y puedo irme de fin de semana romántico con «el mí amo» a la palloza Baltasar o al complejo de teitos la braña LaCode.

Prometo hacer informe, de la arquitectura. De las escenas de cama, ya es otra historia. Jajaja

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El Asturleonés: La lengua nos une

El Asturleonés: La lengua nos une

O al menos debería hacerlo…

No sé si lo he escrito por ahí en algún sitio de mi biografía, pero soy una mestiza cultural. Quizás a ti te pase lo mismo si uno de tus progenitores es del Norte y el otro del Levante, o del Sur. En mi caso, mi madre es de León y mi padre de Castellón y este hecho hace que, a estas alturas de la vida, tenga la capacidad de mirar el mundo desde dos prismas distintos. He crecido en Castellón, pero mi lengua madre es el «castellano adulterado». Una adulteración que una y otra vez me ha llevado a decir eso de que «la lengua nos une«.

asturleonés
Y entonces yo le dije… veeeeeeeen

Perdona, ¿castellano adulterado?¿¡Pero qué te has fumado!?

Bueno, déjame explicarte: el castellano que habla mi madre es muy distinto al que se habla en la zona de Levante, en el sur y si me apuras, en el centro de la península. El acento, la cadencia, incluso el orden de algunas palabras brillan como luces de neón porque la influencia que reciben de otra misteriosa lengua no tiene nada que ver con el Valenciano/Catalán (no me hagáis entrar en la polémica de la denominación, porque es aburridísimo), que es la lengua con la que convive el castellano en mi zona.

Eso hace que cuando alguien habla castellano con esas características, un click en mi cerebro hace que lo detecte y no puedo dejar de prestar atención. Me regodeo cotejando todas y cada una de las peculiaridades del discurso. Me pasa infinidad de veces. Por poner un ejemplo, estoy esperando en el supermercado, y mientras hago cola para pagar en cajas, oigo a, de al lado hablar y el R.A.D.A.R dice: ¡ATENCIÓN, ATENCIÓN: DETECTADO UN NORTEÑO!

Si estoy de humor, y tengo tiempo o la ocasión es propicia, pienso en la forma de abordar a esa persona y preguntarle de qué zona del norte es. Me encanta jugar a adivinarlo. Obviamente, reconozco el acento gallego y el vasco, pero la línea se difumina cuando la persona viene a Castellón desde Asturias, León, parte de Cantabria, Zamora, Salamanca… No voy a decir que todas las personas de estas zonas geográficas hablen exactamente igual, pero mantienen muchas cosas en común que les delatan, y eso es debido a la influencia de esa misteriosa lengua que te mencioné antes. Dependiendo de la zona, cada uno la llama de una manera. Permíteme llamarla Asturleonés de ahora en adelante, aunque también se la conozca como Bable, Pachuezu, Montañés, Mirandés, etc.

Asturleonés… ¿Un invento nuevo?

No. Esto viene de la época de los romanos. Como bien sabrás, la Península Ibérica se dividió en tres provincias una vez alcanzada la Pax romana: Bética, Lusitania y Tarraconense. Cada una de ellas hablaba el latín con su estilo propio, no te pienses que en tiempo de los romanos hablaban todos igual. Parece ser que en la Bética eran más modernillos o cool, y en la Tarraconense y Lusitana eran de estilo más espartano y conservador, y esa manera de ser se reflejaba en su uso del latín. Si a eso le añades que la Bética estaba mucho mejor comunicada que las otras dos, se explicaría como ya en tiempos de los romanos en la Tarraconense se hablaba con un latín de solera, con palabras en desuso ya en aquella época, y con terminaciones fonéticas que se quedaron antiguas en comparación con el latín del resto del Imperio Romano.

asturleonés
Provincias de Hispania tras la Pax Romana.

Pero entonces… Todos los descendientes de la Tarraconense hablaríamos igual, ¿no? Pues no, porque en la zona de los astures ya había una lengua preromana, el ástur. Éste es el ingrediente diferenciador que faltaba para explicar el origen del Asturleonés = Un latín arcaico + Una influencia de lengua prerromana (Ástur) + mucho tiempo + Aislamiento geográfico y romanización tardía + Invasiones visigodas. Así pues, los ástures adoptaron el latín arcaico y lo influenciaron con palabras propias. Conforme avanzamos en el tiempo (s. VIII d.C.), el idioma oficial (latín estándar) y el que se hablaba en la calle en la zona de influencia ástur (Asturleonés), eran dos lenguas bien diferenciadas.

evolución asturleonés
Animación de la zona de influencia Lingüística del Asturleonés.

En el siglo X, se dieron cuenta de que era tontería seguir utilizando el latín para las cosas serias. Sólo unos pocos privilegiados lo dominaban y la verdad es que práctico, práctico, no era. Así que decidieron adoptar el Asturleonés para hacer la cosa mas llevadera y agilizar los trámites burocráticos, testamentos, leyes y fueros, etc.

De esta manera, el mapa lingüístico del Asturleonés variaría con el paso del tiempo en función de los territorios conquistados por los reyes leoneses (de origen visigodo), ampliando así la zona de influencia original.

Su declive en relación al castellano comienza un poco antes de los reyes católicos, cuando Castilla toma el pulso de la política e impone su lengua por cuestiones de «prestigio». Este punto de inflexión marca la cuesta abajo del Asturleonés, que deja de escribirse de manera oficial y pasa a ser hablado fundamentalmente.

El Asturleonés en la actualidad

¡Ay! ¿Qué quieres que te diga?, ¿que la historia de esta lengua acabó con final feliz? En mi opinión, eso depende de las personas que la hablan en la actualidad y de los políticos de las zonas de su influencia histórica. La polémica está servida, porque, ¿qué diferencia al Asturleonés de otras lenguas romances que coexistían con el castellano, como el catalán, el gallego o el aragonés? Nada, todas eran legítimas en su momento. Todas merecen su espacio. Todas son un aspecto cultural básico de la sociedad, no hay mejores ni peores. Menospreciar una lengua porque sólo la hablen unos pocos, o porque no se escriba de manera habitual es un error. Eso no la hace menos digna. Lo maravilloso del Asturleonés es que abre una puerta a la hermandad de pueblos que, quizás por ignorancia, o quizás por intereses oscuros, se ha querido que permanezcan separados.

En la actualidad, el uso de Asturleonés y su reconocimiento oficial depende de esas zonas de influencia. Sólo Portugal lo reconoce como oficial en la zona de Miranda del Duero, mientras que en Asturias y Castilla y León sólo se le reconoce el derecho a ser protegido sin ser cooficial. Esto último, permitidme que me moje, es un sinsentido. ¿Cómo vas a fomentar y proteger algo que no consideras digno de ser oficial?

Para muestra un botón. Yo tengo el ejemplo de la Comunidad Valenciana. Aquí, por H o por B, se dieron cuenta de que si no lo consideraban oficial, era como darle un trato de segunda. Por tanto era como darle un trato de segunda a una cultura propia que nos distingue del resto. Que no es mejor ni peor. Pero es distinta.

A veces me duele no saber hablar asturleonés

Hablo cinco idiomas: Castellano, Valenciano, Inglés, Italiano y Alemán. Con cada uno he crecido como persona y he abierto puertas. He cruzado puentes y he conocido personas maravillosas. Cuando voy a mi pueblo, Mallo de Luna, cambio el acento en un par de horas, y disfruto oír hablar a los más ancianos con ese deje, esas palabras viejas, mágicas. Me siento parte de una cultura que es distinta y que sigue viva a pesar de todo. Me hubiera gustado aprenderlo para profundizar mucho más en esa cultura del noroeste, que con cada muerte de un anciano, muere un poco más.

Soy consciente de que las cosas están cambiando y me alegra saber que hay gente decidida a fomentar su uso. Yo, a modo de guiño y pequeño homenaje, quise introducir en el título de mi novela (Las nieblas del Tsuna) una palabra en pachuezo, variedad dialectal del occidente. Tsuna (lluna) significa Luna en castellano, pero algunos expertos consideran que es un vocablo que proviene del ástur y se incorporó fonéticamente sin cambios al latín porque se parecía a la palabra «luna». Por otra parte, me encanta leer textos en asturleonés, porque es como estar allí. Esas palabras que sólo las oigo cuando voy en verano aparecen escritas y las siento mías.

Con esto no descarto que cuando vuelva a tener tiempo, me ponga manos a la obra y estudie el asturleonés, porque mis orígenes de la parte materna también merecen mi respeto y perpetuación.

Te recomiendo que visites el artículo de la wikipedia que habla de él, porque está muy completo. Además circulan por la red diversos diccionarios y cursos de gramática que ayudan bastante a aprender desde casa si no tienes un centro de formación a mano. Es cuestión de investigar. Yo no te recomiendo ninguno porque no he tenido tiempo de estudiármelos, pero te aseguro que hay material de sobra.

Y tú, ¿Qué piensas acerca de esto?

Me interesa saber tu opinión. ¿Qué es para tí el Asturleonés?. Déjame un comentario al respecto.

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La mujer ástur

La mujer ástur

La mujer ástur y su papel en la sociedad castreña

Hoy voy a ser súper original. Con motivo del día de la mujer trabajadora, me he currado una «peaso infografía pa quitar el sentío». Aunque sea cutre salchichera, refleja bien lo que la diferenciaba de las mujeres coetáneas del resto de culturas. 

De hecho, Estrabón se escandaliza  en su obra de Geografía I al ver que el peso de la mujer castreña en la vida política y jurídica era tan destacado. Sólo por esto se reafirma al indicar que este pueblo era bárbaro e incivilizado.

La sociedad romana basaba su funcionamiento en el patriarcado. La castreña, por el contrario, conservaba aún vestigios del periodo de la edad de Piedra, en la que ambos sexos participaban por igual en las tareas de recolección y caza, antes de la implantación de la agricultura.

Dato interesante: ellas negociaban los matrimonios de sus hermanos e hijos.  La dote consistía generalmente en espadas, escudos y cosas para el legado familiar, nada de cubertería fina.😂

La infografía ha sido dicho y hecho. Espero que aprecies la espontaneidad del documento y si te ha gustado, dame un me gusta como la copa de un pino y comparte. No te olvides de nombrarme en la publicación, ¿eh?

Venga, te dejo. Voy a corregir exámenes.

Bibliografía

Para realizad la infografía me he basado en el siguiente texto del autor Narciso Santos Yanguas.

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