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¿Vienen las pallozas y los Teitos de la Edad del Hierro?

¿Vienen las pallozas y los Teitos de la Edad del Hierro?

Estaba yo ayer escribiendo una escena de cama en Las Nieblas del Tsuna, y claro, ya sabéis que en los momentos amorosos el ambiente influye. Para bien o para mal, pero influye. Humedad relativa, iluminación, temperatura, aroma, espacio disponible, intimidad, opciones de aseo personal, vistas, ruidos de los vecinos… Vamos, que no es lo mismo arrimar la cebolleta en un hotel de cinco estrellas que en el descansillo de tu edificio. La pregunta es: ¿Y en las casas castreñas ? ¿Son las pallozas o los teitos la versión más parecida que tenemos actualmente de aquellas de la Edad del Hierro?

sexo edad del hierro
El ambiente de las casas castreñas de la Edad del Hierro debía tener un toque de Vikings, seguro. ¡Ay! Ragnar… Se iban a empañar hasta las piedras.

En este caso la escena transcurría en una casa castreña, la construcción madre de los Teitos y las Pallozas que se estilaba en la Edad del Hierro. Éstas últimas heredan la misma idea estructural, el mismo uso de los materiales de construcción y las mismas prestaciones arquitectónicas de una casa castreña, porque… si algo funciona, ¿Para qué cambiarlo? Las pallozas y los teitos son los vestigios de una evolución arquitectónica que se origina en la Edad del Hierro y que perdura en zonas muy determinadas del noroeste peninsular, donde el aislamiento y las condiciones de vida facilitaron esa conservación hasta nuestros días.

Mi primera vez en un teito

Teito significa techo, y por extensión, a las construcciones que tienen este tipo de cubierta, se les ha acabado llamando teitos. La primera vez que vi un teito, ese heredero de las casas castreñas de la vertiente asturiana, fue en una braña de Somiedo, en una excursión familiar muy mejorable años ha. ¿A quién se le ocurre ir monte arriba en pleno agosto a medio día? ¡Y se supone que somos de campo! Nos comieron los tábanos. Para rematar la jugada, íbamos sin agua. Cualquiera en estas circunstancias vería el paisaje bajo un prisma «algo negativo».

deambulando por somiedo
¿Pero cuando llegamos al maldito lago, Papá? Cagon Rós…

Aún así, os tengo que decir que los teitos me impresionaron. En serio, no podía dejar de admirar aquellos techos hechos de escoba. La estampa de los teitos enclavados en un paisaje de alta montaña tenía una fuerza tal, que era capaz de teletransportarme a épocas remotas como la Edad del Hierro o la guerra en las Highlands escocesas. Por la puerta podía salir William Wallace en cualquier momento, haciendo un calvo a los turistas. Pero no. Estaban cerrados a cal y canto, puesto que en algunos casos, no todos, todavía se les daba uso.

teitos en la edad del hierro
Teitos de Somiedo. Foto descargada de www.visitsomiedo.com

Mi primera vez en una palloza

Mi experiencia con las pallozas, las otras herederas de las construcciones típicas de la Edad del Hierro, me pilló algo más crecidita y me cuidé bastante de llevar agua y de que no me comieran los tábanos. Ardía en deseos de empaparme de los Ancares y para allá que me fui con mi pariento. Nos dejamos caer por Fornela, Candin, Peranzanes, Balouta y Piornedo y lo gozamos con intensidad porque esta vez pudimos entrar en varias pallozas museo y vimos con nuestros propios ojos cómo estaban distribuidas, qué enseres tenían, cuál era el estilo de vida de sus moradores… Fue toda una experiencia que puedes leer aquí.

Palloza de la edad de hierro en Balouta

A parte de los usos habituales de las pallozas, vimos que algunas se habían reformado para convertirse en casas rurales con encanto, restaurantes e incluso, salas de conciertos y eventos culturales.

Es en Balboa, que se nos quedó fuera del itinerario, donde se concentran estas iniciativas tan originales y que tanto valor añadido dan con el uso de la palloza.

palloza de Chis
Palloza de Chis. ¡Me apetece ir muchísimo! Foto descargada de www.galiciaenfotos.com

Pero no te preocupes, que hay vídeo de gente que sí ha ido, para que te hagas una idea. ¡Dale al play!

(Como siempre, si alguien vive en una palloza o teito al estilo tradicional, por favor, que lo deje en comentarios. Estaré más que encantada de escuchar su testimonio)

Como decía antes, el valor añadido de estas casas no sólo es estético. Encierran en su concepto original miles de años de ecología depurada a base de error-acierto…

¿Por qué son especiales las pallozas y los teitos?

Vayamos por partes, y por edades, aunque ya te adelanto que la idea arquitectónica no cambia mucho desde sus orígenes en la Edad del Hierro hasta los últimos vestigios en pallozas y teitos.

El techo

Formado por un entramado de madera de roble o haya y una cubierta bien gruesa de paja de centeno o escoba, según las materias primas disponibles, el techo constituye el elemento más llamativo de la casa. Además tiene un papel protagonista a la hora de aislar térmicamente el conjunto arquitectónico. Su inclinación siempre es pronunciada, así se conseguía deshacerse de la nieve y la lluvia de manera fácil.

Planta de piedra: ovalada, circular o cuadrada

La planta de estas construcciones, se realizaba en piedra, de manera que es este elemento estructural el que ha pervivido en el caso de las casas castreñas. Parece ser que en las zonas más orientales de la cultura castreña (Cantabria), la influencia de la cultura Hallstatt (campos de urnas) y la asimilación de la cultura celtíbera fue más intensa que en la zona galaica o ástur; por tanto, las casas castreñas a partir del 450 a.C. comienzan a mostrarse con planta cuadrada en el oriente. En el occidente se conservan de forma ovalada o circular.

 edad del hierro
Pallozas del Castro de Vigo, reconstruído

Prestaciones en la Edad del Hierro y en las pallozas y teitos

Para qué te voy a engañar: la lista de prestaciones de una palloza, teito o casa de la Edad del Hierro no se parece ni de lejos a la de una casa promedio actual. Nada de agua corriente, a penas estaban iluminadas con luz natural (de hecho la luz sólo entraba por la única puerta de acceso), el suelo era tierra apisonada, y la calefacción… pues eso, un hogar en mitad de la planta o en su lugar, un horno situado en una parte de la pared. Te puedes hacer una idea del olor a fogata que podía hacer dentro. Seguramente, estos antepasados nuestros olerían a humo todo el tiempo. (gracias a ese olor, mantenían en buen estado la paja y evitaban que ratones y bichos se dieran un festín con el tejado)

En mi opinión, la escasa lista de prestaciones daba a entender que siempre que se podía, hacían vida fuera, y la casa la usaban sólo para dormir y pasar los meses de inverno como podían. Pero claro, en invierno, poca cosa se podía hacer, así que tirarían de despensa (en la parte superior de la estructura, o en almacenes aledaños) y se contarían mentiras alrededor del fuego mientras se fabricaban mantas con el telar, o vaya usted a saber qué (por ejemplo, escenas de amor).

Por encima de todo, eran un ejemplo de aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles, y gracias a estas características lograban mantener una temperatura constante de 10ºC aproximadamente. Ten en cuenta que el techo de paja tenía casi 70 cm de espesor y las paredes contaban con 100 cm nada desdeñables. Bastaba encender el hogar, que a la vez servía para cocinar, y la estancia se calentaba sin dificultad. La diferencia de las casas castreñas con las pallozas y los teitos reside en su tamaño. Las pallozas y los teitos son algo más grandes y permiten encerrar a los animales en espacios separados del resto de la zona habitada, de manera que el calor animal contribuye a mantener la estancia más cálida en invierno.

¿Y porqué dejaron de utilizarse las pallozas y los teitos, si eran válidos desde la edad del Hierro?

Con total seguridad, el motivo era que a la mínima la paja ardía, y más si el techo estaba impregnado de hollín acumulado con el tiempo. Era cuestión de que el fuego se pasara de un teito al otro y ardiera todo el castro o la población. En su tejado de paja se encerraba pues, su ventaja térmica y su talón de Aquiles. Al margen de esto, las prestaciones espartanas que te comenté arriba no ayudaban demasiado a seguir viviendo en una construcción de este estilo. Además, cada 10/20 años era necesario cambiar por completo el techo, así que pereza, daba un rato.

No obstante, en la actualidad…

se estudia volver a los orígenes y aprovechar la paja como material de construcción para alcanzar los objetivos ecoenergéticos. Especialistas en el tema, como Pablo Fernández Ans, aseguran que si se consigue aislar la paja con materiales ignífugos y se refuerza la estructura de madera para que no sea susceptible de incendiarse, los techos de paja se presentan como una alternativa de futuro para las viviendas bioclimáticas. Y esto es porque el la paja, en su momento, absorbió más CO2 del que se genera para calentar la vivienda. En la actualidad los materiales de construcción habituales no son capaces de dar esta eficiencia ecoenergética.

Como todo, hasta que entremos en razón y comencemos a aplicar estas soluciones ancestrales, la situación de los maestros artesanos pinta y pintará mal, no te voy a engañar.

Los teitadores están en peligro de extinción y el relevo amenaza con no producirse. Mientras que en regiones como Reino Unido, donde mantener tu vivienda con un techo de paja es símbolo de prestigio y riqueza (se trata de una tendencia de hace unos 30 años, pues antes era todo lo contrario), se estima que hay más de 1000 teitadores en activo, en España tenemos casos contados, pero muy interesantes, como el de Juan González Abella, un profesional que lo mismo te teita una palloza en Piornedo, como te monta un escenario medieval para un largometraje de Hollywood.

Proyectos actuales en pallozas y teitos

En España, la pervivencia de estas joyas arquitectónicas, herederas de la Edad del Hierro, depende en gran parte de las administraciones autonómicas para poder renovar las cubiertas cada cierto tiempo y garantizar su supervivencia. Además, en localidades como Piornedo, se ha instalado hace poco un sistema de bocas de incendio para tener bajo control los posibles incendios, el principal enemigo de pallozas y teitos.

En cuanto a la zona Asturiana, destacan asociaciones culturales que luchan por proteger y difundir el valor de los teitos para su conservación. Es el caso de Teito Natural Roof, una organización sin ánimo de lucro que lanza campañas de Crowdfunding para seguir al pié del cañón y restaurar, no sólo teitos, sino también hórreos y corros de pastores, además de sensibilizar e informar a base de cursos, talleres, charlas y publicaciones. Por cierto, ayer doné 10 €, que no se diga.

hazte soci@, contribuirás a preservar joyas arquitectónicas de valor incalculable, entre otras cosas.

Aquí os dejo un vídeotutorial de como techar un pallozas y teitos y seguir los pasos de nuestros ancestros de la Edad del Hierro, por si te animas y te sobra tiempo. Si yo tuviera todo el tiempo y el dinero del mundo, mandaba construir una casina de estas bien maja, sin privarme de nada; porque, una escribe mejor las escenas románticas si se mete de lleno en la ambientación…

Déjate de pallozas y teitos y de la Edad del hierro…¿cómo acabó la escena romántica?

Bueno, si te preguntas si hubo final feliz en la escena de cama, pues sí. Por que al final lo que cuenta es estar juntos, bien arrimaditos, cerca del fuego. Da igual el olor a humo o si el resto de la familia estaba haciéndose la dormida mientras el acto «xexual» se llevaba a cabo… la intimidad está sobrevalorada.

Si, por el contrario, te preguntas si las pallozas y los teitos desaparecerán, creo todo depende de si la industria turística es capaz de integrar su atractivo a la oferta hotelera. De momento algunas casas rurales ya se están desmarcando y ofrecen una alternativa muy atractiva. Yo personalmente me muero por dormir en una palloza, ya no solo por el enclave, si no por la experiencia en sí. A ver si este verano suena la flauta y puedo irme de fin de semana romántico con «el mí amo» a la palloza Baltasar o al complejo de teitos la braña LaCode.

Prometo hacer informe, de la arquitectura. De las escenas de cama, ya es otra historia. Jajaja

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Huellas de la Edad del Hierro en los Ancares

Huellas de la Edad del Hierro en los Ancares

Sospecho que este va a ser uno de esos posts que se escriben solos. De los que se disfrutan a cada golpe de tecla. ¡Oh, sí! Hoy me dispongo a contarte algunas huellas que dejó la Edad del Hierro en los Ancares, de esas que dejan entrever su pasado celta, tanto en su arquitectura como en sus costumbres .

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Pues eso: 5 caramelos.

Ya, pero… ¿Qué son los Ancares?

Según la wikipedia, es una comarca tradicional de España situada en el extremo noroccidental de la provincia de León, que coincide con el término municipal de Candín (actualmente parte de la comarca del Bierzo), y que en la segunda mitad del siglo XX dio nombre a un territorio más amplio denominado Los Ancares, cuya versión más laxa y amplia comprende otras partes del Bierzo en León, desde Navia de Suarna hasta Piedrafita del Cebrero en el oriente de Lugo (Galicia), y parte de Ibias al suroeste de Asturias.

Es una zona montañosa, de difícil acceso hasta finales del s.XX, que ha mantenido unas costumbres, arquitectura y hablas propias. Se halla entre dos cuencas, la del Sil y la del Navia, separadas por los puertos de Ancares (1670 msnm) al norte y Portelo (1068 msnm) al sur de la sierra de Ancares.

Pero a mí, me suena mejor algo así como: se trata de un rincón entre León y Lugo …

donde las montañas fueron capaces de detener el tiempo,
donde las nubes deciden si se puede o no se puede cruzar un puerto,

donde Astures y Romanos dejaron susurros en el viento,

donde me topé con la melancolía de lo que se está perdiendo,
donde la magia perdura y sobrevive al blanco de los inviernos;
es el último reducto de pallozas, de origen celta sus teitos…

La Cazadora de leyendas norteñas

¡Je! me han salido unos cuantos pareados, sin haberlo deseado. Estoy «sembrá».

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¡Gracias, chicos! Fue improvisado, de verdad.

Pero vayamos al grano. Aquí van algunas de las huellas que dejó la Edad del Hierro en los Ancares, que harán que no quieras perderte este caramelito del Noroeste Peninsular:

1. Es el hogar de los castaños milenarios

Si hay algo que me llamó la atención mientras recorría el valle era los Enormes castaños que montaban guardia a lo largo de caminos y senderos. Se erigían como imponentes legionarios a nuestro paso.

Algunos de ellos mostraban heridas de guerra; marcas negras de las plagas que los azotan últimamente. Los hubo que no sobrevivieron y sus troncos fantasmagóricos salpicaban el monte, como si fueran lápidas. Los que se mantenían en servicio, seguían firmes e inmutables: congregaban caras de asombro entorno a sus troncos y resguardaban a los insignificantes cuerpos humanos de las horas de más sol con lozanía.

El caso es que existen al menos dos teorías que justifican la presencia de los castaños en el Noroeste peninsular.

Por una parte, tenemos la teoría de que los castaños pervivieron en el noroeste a pesar de los cambios climáticos y de la extinción de la especie en casi la totalidad de Europa, con la excepción de diversos reductos. Estaríamos hablando de una especie autóctona de castaños que vieron pasar todas las edades de la prehistoria, incluida la Edad del Hierro.

Por otra, algunos sostienen la teoría de que los castaños volvieron al territorio hispánico de la mano de los propios romanos, quienes los introdujeron con vistas a alimentar a las tropas en el futuro. Recordad (podéis refrescar la memoria en este artículo de la dieta que seguían los castreños en la edad del Hierro) que en aquellos tiempos la patata seguía en América, tan tranquila, todavía por descubrir su potencial en Europa. Las castañas llegaron a ser la base de carbohidratos más importante de la Historia Antigua, al margen del cereal.

Sea como fuere, los castaños despidieron paulatinamente a los moradores de la Edad del Hierro del noroeste peninsular.

De entre todos, fuimos expresamente a visitar al legatus de los Ancares: el castaño de Cantín, en Villasumil. Nos contaron que hacían falta 12 personas adultas para rodearlo con los brazos, y a mí me dio por intentar calcular el diámetro del árbol de cabeza de camino en el coche. Me salía 6m aprox. de diámetro, es decir, súmale al largo de tu coche 2 metros más.

edad del hierro, guerras astur-cántabras
2·pi·R= circunferencia= 12personas·1,5m=18; R=3; D=2R=6m

No. No me acababa de cuadrar. Pero al toparnos con el magnánimo castaño nos quedamos sin palabras. Se trataba de un ser vivo de más de 800 años seguros (posiblemente muchos más), que albergaba una oquedad capaz de ocultar a 7 adultos. Un buen hueco, si señor…

Os prometo que no estaba enferma ni nada parecido… Aquel día me levanté con cara de Morticia natural

2. Las pallozas

Vestigios de la Edad del Hierro

Ya lo mencioné en mi improvisado poema a los Ancares… El hecho de que este reducto entre puertos de montaña sea tan recóndito y esté tan apartado de los núcleos de población grandes ha propiciado su aislamiento a lo largo del tiempo, llegando incluso a tiempos inmemoriales, como la Edad del Hierro. Nos contaba un paisano muy amable en Villasumil, que hasta no hace mucho el asfalto brillaba por su ausencia, y en lugar de carreteras había pistas de montaña (en el mejor de los casos).

La modernidad no lo tuvo fácil para llegar con sus tentáculos hasta los Ancares.

Así, al contrario que en otras zonas donde hubo pallozas y teitos, pero desaparecieron, en Ancares siguen manteniendo estos fósiles arquitectónicos propios de la Edad del Hierro; algunos siguen en activo, otros están en peor estado, y otros resultaron tuneados con chapas por comodidad o decapitados por no poder hacer frente a las reparaciones regulares del teito.

Nos recomendaron encarecidamente visitar dos pallozas museo, en concreto la Palloza del Señor Antonio, en Pereda, (León); y la Palloza museo Casa do Sesto, en Piornedo ( Lugo).

La palloza del señor Antonio

En la primera la entrada era gratuita (se aceptaba la voluntad), y tras avisar por teléfono a Octavio, el hijo del señor Antonio, éste nos abrió la puerta al pasado de su familia.


 (Palloza del Señor Antonio) Esta foto de Planetancares es cortesía de TripAdvisor

Todavía olía a lumbre. El mismo olor potente y penetrante que había en la cocinona de mis abuelos, allí donde colgaban los jamones y los chorizos, el lomo y la cecina para ahumarse. Ese golpe en la nariz me teletransportó a otros tiempos; tiempos que ya ni siquiera me pertenecían por juventud, y gracias a ese golpe de efecto pude imaginarme la vida en aquella humilde pero práctica morada.

Por desgracia me quedé sin batería y no pude hacer fotos dentro. Pero por suerte, en Piornedo fui a tope de batería y el interior de las pallozas no dista mucho una palloza de otra.

Casa do Sesto

En este caso la entrada creo que eran uno o dos euros, y el amo de la misma te hacía las veces de guía, y te explicaba cómo se vivía antaño con lo que había. Me sorprendió ver que a pesar de la sencillez, reinaba un sentido del orden que hacía apetecible pasar allí alguna temporada.

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Aquí el desenlace del video… jaja

Sin luz, sin agua y sin gas, como el chiste; con el amor de la lumbre y el calor del ganado como única fuente de calor, aquellas pallozas estaban diseñadas para dormir lo justo y soportar el maldito invierno con los medios disponibles. Además, la idea era pasar ese tiempo de recogimiento para elaborar telas, jabones, aperos, y otras faenas que en verano, debido a la siega de la hierba, no hay tiempo.

El ingenio brillaba en cada utensilio, cada aparejo, y por cualquier rincón de la palloza podía aparecer uno de sus antiguos moradores.

De aquí salí con la sensación de que los astures, los galaicos y los cántabros (propios de la Edad del Hierro), debían llevar ritmos de vida parecidos a los de los Ancares.

3. Balouta y Suárbol. Reducto de valientes

Madre mía, llevo tropencientas mil palabras en este post sobre las Huellas de la Edad del Hierro en los Ancares, y todavía voy por el tercer punto…

Estando por la zona, comimos por Balouta, en el Miravalles (recomendadísimo). Allí, las pallozas que quedaban en pié todavía eran funcionales y volví a ver alguna que otra guadaña al hombro. Y sentí envidia. Envidia porque en mi pueblo ya no se ve la guadaña. Ni hay vacas como antes, en las cuadras. Ni gochos, ni ovejas, ni nada más que cuatro gallinas. Recordé lo que un día fue mi pueblo y me rompió un poco por dentro. Y la verdad es que no quería irme. Quería beber de aquel espejismo, soñar que todavía era posible hoy en día… pero no. Era mejor seguir mi camino o me rompería por dentro.

edad del hierro, guerras astur-cántabras
Aquí, metiendo barriga tras la comilona en Balouta

El caso es que tanto en Suárbol como en Balouta, viven encastrados en un valle de muy difícil acceso. No quiero imaginarme cómo se preparan para las nevadísimas que tienen que caer ahí. El aislamiento es cosa de valientes. Da igual si hablamos de la actualidad o de la Edad del Hierro… la naturaleza sigue imponiéndose sin cuartel en aquel rincón de los Ancares.

Por cierto, en Suárbol casi no hay pallozas, debido a un incendio hace tiempo. Pero eso no quita de hacer una visita al pueblo, pintoresco a más no poder. Y el trecho por carretera desde Piornedo hasta Suárbol es chulísimo, un bosque encantado, digno de mil leyendas… ¡No me extrañaría que entre aquellos árboles camparan a sus anchas las meigas!

4. El puerto de Ancares

Los atardeceres de Ibiza son famosos en el mundo entero. Mediterráneo, calas paradisíacas, el astro rey despidiéndose de la faz de la Tierra con sonrojo… Nada. Olvídalo. No tiene nada que hacer con un atardecer desde el puerto de Ancares.

edad del hierro, guerras astur-cántabras
Autora de la imagen: Sara Alonso Rodriguez

Un paseo por las nubes

Por «desgracia», no pudimos quedarnos para verlo porque se cerró la niebla en lo alto. Sin embargo, nos dimos un paseo por las nubes, que tampoco desmerece nada. Si hay un lugar que transmite paz, una pausa espiritual, es ese puerto. Os invito a disfrutar este secreto de los Ancares en silencio, siempre con precaución. Desde Balouta nos advirtieron de que cuando la niebla se cierra, ni los lugareños son capaces de orientarse por las rutas que salen de él. De ahí que no pudiéramos ver tampoco «El Cuadro», un enclave que se sospecha pudo ser un campamento romano (otra huella más) instalado allí para combatir a los últimos reductos de astures, una de las etnias del noroeste peninsular en la Edad del Hierro.

5. La sorprendente Vega de Espinareda

Vale, quizás no esté dentro de los Ancares (¡ojo! las huellas de la Edad del Hierro en sus alrededores son muy importantes, tal y como apunta la web celtica.es en este artículo donde habla del castro de Peña Piñera), pero a nosotros nos salvó bajar a Vega de Espinareda a la hora de cenar.

Tanto en Candín como en Pereda, si quieres cenar fuera, vas «aviao». Así que yo lo incluyo dentro de este post sobre los Ancares porque me sorprendió gratamente. Desde los puentes que cosen el curso del río Cúa a su paso, la playa fluvial maravillosa, o el impresionante Monasterio de San Andrés, todo contrastaba con los escarpados parajes monte arriba.

Mi marido, sin embargo, lo recordará por esa hamburguesería donde todavía sigue invicto el desafío de comerte la hamburguesa XXXL; tan grande que si la engulles, te mandan a la UCI por rotura interna. Se llama «la Tienda» y son super majos. Huelga decir que el sitio tiene su encanto y se come genial. Y no me llevo comisión. (reservad)

edad del hierro, guerras astur-cántabras
Foto extraída del ileon

No quería acabar el post de las huellas de la Edad del Hierro en los Ancares sin añadir que QUIERO VOLVER. TENGO QUE VOLVER. Me quedó la zona de Balboa, y no vi el Cuadro, ni subí al Miravalles (vale, esto es porque me pesa el pandero. Pero el año que viene seguro que estoy más en forma que la wonderwoman. Tiempo al tiempo). Aunque, comiendo tantos caramelos…

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